Los remedios para la ansiedad en el Salmo 4
Thái Ngoc ostenta el raro privilegio de no haber dormido durante 45 años. Se trata de un granjero vietnamita nacido en 1942, quien adquirió la capacidad de no dormir después de un brote de fiebre en 1973. Este curioso caso despertó el interés de investigadores de Inglaterra y Tailandia. Ante la incredulidad, Thái fue seguido durante varios días con cámaras encendidas las veinticuatro horas. Y, efectivamente, ¡él no duerme! En el momento del informe final, se concluyó que él no sufría ningún efecto perjudicial aparente por no poder dormir. Estaba mentalmente sano y acarreaba a diario dos bolsas de cincuenta kilos de alimento para cerdos, a lo largo de una carretera de cuatro kilómetros, sin sufrir cansancio. Además, contaba con una lucidez mental normal.
El caso de Thái contrasta con nuestra realidad, que indica que la prevalencia de insomnio y trastornos del sueño en Latinoamérica es alta. El promedio de diversos estudios médicos revela que existe, en la región, un 25 % de trastornos asociados al descanso (insomnio, apnea, ronquidos) y un promedio de siete horas de sueño por noche. Los peores porcentajes se encuentran en países como Perú, Chile, Argentina y Brasil. Estos números deberían alertarnos y llevarnos a reflexionar sobre la calidad del descanso que estamos teniendo. En relación con las causas que provocan estos desequilibrios, las estadísticas señalan el estrés, el uso de pantallas, la urbanización, la obesidad y las comorbilidades (como la ansiedad, la depresión y la hipertensión).
Como es de esperar, todo esto deriva en un elevado consumo de pastillas para dormir en Latinoamérica. Estas cifras se incrementan significativamente cada año, observándose un uso frecuente, prolongado y automedicado de estos fármacos.
Muchos personajes de la Biblia también sufrieron angustia e insomnio. Le sucedió a un humilde pastor como Jacob, y a poderosos reyes como el Faraón, Nabucodonosor, Darío y Asuero. También le pasó a David. El versículo 8 del Salmo 4 es, sin duda, el más conocido y memorizado del capítulo: «Me acuesto y duermo en paz, porque tú, Señor, me haces vivir seguro». Sin embargo, para que este hermoso panorama antiansiedad sea posible, existen siete versículos anteriores que nos conducen a esa situación ideal. Veamos, entonces, cuáles son esas «pastillas» para dormir bien que propone David.
Pastilla 1: Pasión por la oración (vers. 1 y 3).
La falta de poder en la oración radica en el escaso compromiso de nuestros ruegos. No es que persuadamos a Dios mediante demostraciones emocionales, sino que Dios quiere que atendamos a conciencia y con seriedad los motivos que nos preocupan.
El profeta Isaías habló con tristeza acerca de la ausencia de esto en Israel: «Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti» (Isa. 64:7). Necesitamos clamar con más compromiso espiritual y apoyarnos completamente en Dios.
Pastilla 2: No estar pendiente de las mentiras de los demás (vers. 2).
No es posible esperar aprobación ni popularidad cuando uno transita el camino divino. Lejos está el mundo de ser nuestro hogar y los impíos están a una larguísima distancia de ser nuestros amigos. Por lo tanto, es de esperar calumnias, infamias y una lucha constante por arruinar nuestra reputación. El enemigo hará su obra. La clave es continuar arraigado en los sólidos principios de la Escritura.
Pastilla 3: Dejar el pecado (vers. 4 y 5).
No hay bendición si vivimos abiertamente en el pecado. David se recordó a sí mismo que no debía caer presa de la ira y que debía encontrar consuelo en un autoexamen de su corazón y la meditación ante el Señor. Cabe recordar que la práctica bíblica de la meditación consiste en llenar nuestra mente con la Palabra de Dios. Algo así está en las antípodas de la meditación oriental (tan de moda en estos tiempos), que se basa en vaciar la mente y dejarla potencialmente abierta a cualquier espíritu de engaño.
Pastilla 4: Consagrarnos a Dios y vivir con alegría (vers. 6 y 7).
Solo hay una manera de obtener la felicidad, más allá de las promociones y las publicidades que el pecado nos ofrece. La paz y la dicha provienen de una relación con Dios diaria, personal y constante. David podía dormir bien por la noche, incluso en tiempos angustiosos y rodeado de impíos. Y lo hacía porque su seguridad venía del Señor, no de las circunstancias ni de los sentimientos.
Toma las pastillas del Salmo 4, no solo para dormir mejor, sino para soñar con una vida nueva. Una que cumpla su misión en este mundo y que te prepare (y prepare a otros) para el Reino de los cielos.

Es Licenciado en Teología y en Comunicación Social. Además, tiene una maestría en Escritura creativa. Es autor de los libros "¡Qué enREDo", "La fuerza de la palabra", “¿Iguales o diferentes?”, “1 clic” y “Un día histórico”. Actualmente, es editor de libros y director de la Revista Adventista y de la revista Ministerio, en la Asociación Casa Editora Sudamericana.

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