MIRANDO HACIA EL COSTADO

¡Este hábito arruinará tu 2024!

Comienza un nuevo año, y siempre es un buen momento para la reflexión y el análisis. Para algunos es algo más positivo; para otros, no tanto. Sin embargo, todos aprendemos de nuestras experiencias y nos encontramos con nuevas oportunidades, desafíos y metas.

Pero hay un hábito que, si lo continúas practicando, arruinará tu 2024. ¿De qué estoy hablando?

La tecnología nos ha dado un acceso con el que no contábamos anteriormente. Nuestros celulares son (literalmente) una ventana hacia el mundo. Entonces, cuando llega el fin de un año y el comienzo de otro, tanto la familia como los amigos, los conocidos y los desconocidos están compartiendo en sus redes sociales sus logros del año que pasó y los objetivos para el que tienen por delante.

Y, si bien esto no tiene nada de malo en sí mismo, debemos tener cuidado porque consciente o inconscientemente podemos caer en el hábito de la comparación.

Esta práctica ha crecido exponencialmente a causa de la tecnología que tenemos disponible. No obstante, la Biblia está llena de ejemplos de comparación:

  • Caín y Abel (Gén. 4:3-8).
  • El fariseo y el publicano (Luc. 18:9-14).
  • Saúl y David (1 Sam. 18:6-9).
  • Los discípulos entre sí (Luc. 22:24-27).
  • Coré, Datán y Abiram contra Moisés y Aarón (Núm. 16).
  • Los hermanos de José (Gén. 37:3-11).

La comparación es una moneda de dos caras: si te sientes superior, tendrás orgullo o vanidad; y si te sientes inferior, tendrás envidia, egoísmo, celos, amargura o resentimiento. ¿Logras ver el problema?

Entonces, ¿qué puedes hacer para cuidarte de este hábito que puede desmejorar tu 2024?

Comparto contigo tres pasos prácticos:

  1. Recuerda que cada persona es diferente. Solo puede compararse aquello que es igual. No olvides que cada uno tiene su trasfondo, experiencias, oportunidades y capacidades. El estar comparándote con los demás, lo que hace es ir poco a poco robando tu identidad. Cuando Dios te creó, rompió el molde. Al compararte, le estás diciendo a Dios algo así como “No hiciste bien tu trabajo”. ¿Crees que eso sería correcto? Los procesos son diferentes en tiempos y formas, por eso es importante que nuestros ojos estén siempre fijos en Jesús. Cuando te veas tentado a compararte, primero escríbelo, para ser consciente de que te está sucediendo; y segundo, haz una oración agradeciendo a Dios por tu singularidad, pidiéndole que te ayude a no quitar tus ojos de él (Heb. 12:2).
  2. Recuerda que no contamos con toda la información. La mayoría de las veces hacemos comparaciones con casi ningún dato de la vida de la persona. Solo nos quedamos con lo externo o lo aparente, sin ver lo que está sucediendo en el interior, ni mucho menos su historia. E incluso si tuviéramos toda esa información, ¡no somos esa persona!, por lo que siempre nuestro juicio será injusto, pues solamente Dios conoce hasta las intenciones del corazón. Así que, confía en su justicia. Aprende a alegrarte con las alegrías de los otros y ejercita la gratitud (Sal. 37:7).
  3. Recuerda que el éxito no es lo que todos creen. No adoptes las definiciones de éxito que tiene la sociedad (riqueza, fama, poder, prestigio, etc.). Lo que define el éxito de algo es que cumpla con el propósito para el que fue creado. Nadie juzga a un pez por su capacidad de trepar árboles. Por lo que, cuando te sientas tentado a compararte, ten presente que fuimos creados con el propósito de glorificar a Dios con todo lo que somos y hacemos. No pierdas de vista el contexto de pecado en el que vivimos, la salvación que recibimos y la esperanza por la que existimos. Solo cuando entendemos esto podemos perderlo todo en esta vida; pero si tenemos la presencia de Dios, tenemos más de lo que necesitamos (Fil. 3:8).

No sé cómo fue tu 2023, ni lo que te espera este 2024. Pero guarda en tu corazón el Salmo 37:5: dale a Dios todos tus caminos, confía en él, y él hará.

¡Bendecido comienzo de año!

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