Pensamientos en voz alta frente una sociedad decadente que perdió la brújula.

“¿En qué civilización estamos si un gatito tiene más valor que un niño de nueve meses de gestación?”, se pregunta el filósofo francés Michel Onfray, en su último libro: La nef des fous. Des Nouvelles du Bas-Empire [La nave de los locos: Noticias del bajo imperio]. En esta obra, que ha sido descrita como un “inventario de zonceras” presentes en nuestra cultura actual.

Entre esta “colección”, Onfray menciona desde un antiespecista (así se denomina a los que consideran que la especie humana está en pie de igualdad a la animal), que propone prohibir los perros guías de ciegos porque sería explotar a esos animales, hasta un heladero que le cambia el gusto al sabor “africano” luego de un escrache en Twitter; un diario que se dice progresista y celebra la zoofilia y hasta una antropóloga que denuncia que hay demasiados dinosaurios machos y pocas hembras en los museos. Todas ocurrencias humanas del año 2020.

Quizá lo que más indignó a Michel Onfray fue, a mediados del año pasado, el debate de una enmienda en el Parlamento francés, que agregaba, a los motivos del aborto terapéutico, que está permitida hasta el noveno mes la causal de “sufrimiento psicosocial”. “¿En qué civilización estamos cuando un gatito pesa más que un niño?”, se pregunta el autor.

Y no es para menos. Una sociedad secularizada, que encuentra en la teoría de la evolución la explicación de los orígenes del hombre, tiene una visión degradada del ser humano. Esa misma teoría de la evolución que –entre otras cosas– llevó al darwinismo social a justificar las mayores masacres y guerras del siglo pasado, y que dejó sin futuro y sin esperanza (nihilismo) a varias generaciones, es la que ahora trata de configurar al ser humano y a su entorno de acuerdo con las teorías sociales y políticas de moda.

En el Génesis, por otro lado, se nos dice que Dios creó el ambiente adecuado para la vida en este planeta, junto con el reino vegetal y animal, como el entorno apropiado para la vida del ser humano, quien fue la corona de la Creación (ver Gén. 1). El ser humano (hombre y mujer) fue la única creación que recibió la imagen de Dios. Después de que fue creado, se le dio dominio sobre toda la creación; dominio que implica cuidar y proteger, no explotar y destruir. 

Además, Génesis 2 agrega que la familia también formó parte de ese diseño original. Hablando del diseño para esa nueva institución de la familia, Dios dijo: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser” (Gén. 2:24, NVI); un hombre y una mujer que, al unirse en casamiento, llegan a ser un solo ser. 

El objetivo de Satanás, además de oponerse a Dios, ha sido el de destruir la imagen de Dios en el hombre. Y en estos últimos tiempos, ataca desde muchísimos frentes para lograr su objetivo.

La misión de la Iglesia Adventista para este último tiempo es precisamente ayudar a restaurar esa imagen de Dios en el hombre, junto con un llamado a volver a ese diseño original de la Creación, que se encuentra en el primer mensaje angélico de Apocalipsis 14. El llamado a adorar al Creador también llama la atención sobre su creación y el diseño original para el ser humano.

Al demostrar lo que Dios ha hecho en nuestra vida, y lo que dice la Biblia acerca de lo que Dios quiere hacer por las personas cuando aceptan al Salvador, estamos ayudando en la misión de restaurar el diseño original para la humanidad: hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios.

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