¿Se anula en el Nuevo Testamento la prohibición de comer animales inmundos? 

Dios creó al hombre para ingerir alimentos de origen vegetal, no carne (Gén. 1:29). Solo después del Diluvio Dios permitió comer carne, como un recurso de emergencia, pues la vegetación había sido destruida (Gén. 9:1-4). Pero únicamente se autorizaban los animales “limpios”. Aunque el Génesis no explica cómo diferenciar entre “limpios” y “no limpios”, en Deuteronomio 14:3 al 20 hay una descripción de qué animales pertenecen a cada categoría. El pueblo de Israel siguió fielmente estas instrucciones. Sin embargo, algunos afirman que esa distinción se anuló en el Nuevo Testamento. Veamos si es así.

¿Se anulan estas directivas en el Nuevo Testamento (NT)?

1- ¿Son limpios todos los alimentos? “[Jesús] les dijo: […] ¿No entendéis que nada de fuera que entra en el hombre lo puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, declarando limpios todos los alimentos” (Mar. 7:18, 19). El tema en discusión no era las carnes limpias o las inmundas, sino el hecho de que los fariseos vieron a los discípulos de Cristo comer pan “con manos inmundas” (Mar. 7:1, 2, 5); es decir, sin lavárselas (Mar. 7:3). Para los fariseos, quienes no se lavaban las manos antes de comer se contaminaban ritualmente, pero Jesús desestimó esa tradición (Mar. 7:19), pues lo que verdaderamente contamina al hombre son las malas acciones que se originan en el corazón (Mar. 7:15, 20-23). 

2-¿Matar y comer? “Vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo […] en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hech. 10:11-15). 

¿Se autorizó a Pedro a comer animales inmundos? El contexto demuestra que ese no fue el propósito de la visión. Cuando Pedro vio a los hombres enviados por Cornelio, centurión romano, el Espíritu Santo le aclaró el significado de la visión al ordenarle ir con ellos (Hech. 10:19, 20). Pedro explicó la visión, cuando al llegar a casa de Cornelio dijo: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un judío juntarse o acercarse a un extranjero, pero a mí me ha mostrado Dios que a nadie llame común o impuro” (Hech. 10:28). Es claro que el propósito de la visión no era autorizar el consumo de animales inmundos, sino romper el prejuicio judaico que consideraba a los extranjeros inmundos y despreciables (Hech. 11:1-18).

3-¿Comer, sin preguntar? “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. […] Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia” (1 Cor. 10:25-27). ¿Se autoriza aquí a comprar o comer cualquier carne sin preguntar si es limpia o inmunda? La discusión no tiene que ver con esto, sino con el hecho de si la carne fue o no sacrificada a los ídolos. Así, 1 Corintios 10: 28 dice: “Si alguien os dice: ‘Esto fue sacrificado a los ídolos’, no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró y por motivos de conciencia”. En el mundo grecorromano, era común que la carne vendida en las carnicerías fuera antes dedicada a los ídolos.

Para el apóstol Pablo, esa carne no estaba afectada y se podía consumir. Por eso, los cristianos no estaban obligados a preguntar su procedencia (1 Cor. 8:1, 4; 10:25). Si un incrédulo invitaba a un cristiano a comer, este podía comer esa carne sin averiguar; pero si alguien le manifestaba al creyente que había sido sacrificada a los ídolos, no debía comerla, para no ser tropiezo para ese incrédulo (1 Cor. 10:28, 29, 32, 33).

¿Y entonces?

La distinción entre animales limpios e inmundos no era una ley solo para judíos, ya que esa distinción existió siglos antes de la existencia del primer judío (Gén. 7:1, 2). El Nuevo Testamento no anula esta distinción. 

En toda la Biblia se muestra claramente cuál es la mejor dieta: la que no contiene carne (Dan. 1:8, 11-15). Así, quien quiera cuidar su cuerpo como templo del Espíritu Santo (1 Cor. 6:19, 20) puede empezar por desechar los animales prohibidos y, a medida que la Escritura le enseñe, comprenderá que el plan de Dios para el Remanente es que vuelva a la dieta original del Edén (Gén. 1:29). RA

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.