Cómo las palabras hebreas explican una profecía asombrosa.

En Daniel 9, el ángel Gabriel viene al profeta para explicarle el asunto que no fuera explicado en el capítulo 8. Allí, el mensajero celestial le muestra lo relativo a los animales y el cuerno pequeño, pero solamente le dice a Daniel que “la visión [mar’eh] de las tardes y mañanas […] es verdadera” (Dan. 8:26). Luego encontramos al profeta suplicando a causa de la visión (mar’eh), que no entendía (Dan. 8:27). Así,  Gabriel aparece en Daniel 9 para explicarle la visión [mar’eh] (Dan. 9:23) que no se explicó y es razón de la preocupación de Daniel.

La explicación sobre la visión de las tardes y mañanas dada por el ángel Gabriel apunta a la manifestación del Mesías (Dan. 9:25-27). Se dice que habrá 7 semanas y 62 semanas hasta el Mesías príncipe. Esto forma parte de las 70 semanas que, a su vez, están incluidas en las 2.300 tardes y mañanas. Considerando que la profecía inicia en el año 457 a.C., entonces las 70 semanas proféticas, o 490 años literales, nos llevan al primer siglo de la Era Cristiana; tiempo en que el Mesías Príncipe, Jesús, se hizo carne y habitó entre nosotros. Esta profecía, entonces, apunta de forma directa al tiempo en que el Mesías vendría. Pero, no solo apunta a ese tiempo, sino también a su obra y su alcance.

Así, en Daniel 9:24 se declara el propósito de lo que sucedería en las 70 semanas. Es decir, lo descrito en este texto no solamente apunta a lo que sucedería durante este período de tiempo, sino también a las consecuencias eternas que tendría la obra del Mesías. El texto dice. “Para terminar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos”. Veamos cómo están armadas y estructuradas estas seis oraciones.

Las tres primeras oraciones son: “Para terminar la prevaricación [pesha‘]”, “Para poner fin al pecado [hata’t]” y “Para expiar la iniquidad [‘avon]”. En este pasaje se hace uso de tres palabras que describen el gran problema de la humanidad: el pecado. Estas tres palabras se utilizan en Levítico 16, donde se describe el Día de la Expiación. En aquel día se purificaba el Santuario haciendo expiación por todo el pueblo. Hablando de la profecía de las 70 semanas, la obra del Mesías apunta a un Día de la Expiación antitípico, escatológico y cósmico. Las otras tres oraciones: “Para traer la justicia perdurable [tsedeq]”, “Para sellar la visión [hazon] y la profecía [nabi’]” y “Para ungir al Santo de los santos [qodesh qodashim]”, apuntan al resultado de lo que sucedería a causa de la muerte del Mesías según Daniel 9:25 al 27.

Es de notar que el interés de Daniel durante su oración fue pedir misericordias de Dios a causa de “nuestras [de Israel] iniquidades [‘avon]” y “las iniquidades [‘avon] de nuestros padres” (Dan. 9:13, 16). Asimismo, Daniel describe que mientras él confesaba su pecado (hata’t) y el pecado (hata’t) de su pueblo, Israel, (9:20), apareció el ángel Gabriel en respuesta a sus súplicas. Nótese que la respuesta dada a Daniel resuelve los pedidos de Daniel. No obstante, la respuesta divina va mucho más allá del tiempo de Daniel y del pueblo de Israel; se remite a la solución final y completa del pecado. No solo eso, sino además, junto con la promesa de poner fin al pecado, se anuncia la llegada de justicia perdurable o eterna. 

Según se lee en Daniel 9:25 al 27, el Mesías aparece en la última semana de las 70 semanas. En esa semana, se quitará la vida al Mesías y, como resultado de esto, el sacrificio y la ofrenda cesarían. El texto bíblico declara que el velo del Templo se rasgó de arriba abajo (Luc. 23:45). Esto indica que el sistema sacrificial del Santuario terrenal no tendría más valor, puesto que el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) era el sacrificio único y para siempre del Santuario celestial (Heb. 10:11-12).

Por lo tanto, la obra del Mesías en la Cruz y su ministerio sumosacerdotal en el Santuario celestial ponen fin a la prevaricación [pesha‘], al pecado [hata’t] y expían la iniquidad [‘avon]. Solo así será posible establecer finalmente la justicia eterna y sellar la visión, lo que significa aseverar que la profecía tendrá su cumplimiento certero. Las 70 semanas se cumplieron, las 2.300 tardes y mañanas también; así, en ocasión del pronto retorno del Mesías, el pecado llegará a su fin, y la justicia eterna será lo que gobierne el Universo. ¡Gracias a Dios por la obra del Mesías predicha en Daniel 9!

¡Maranata!  RA

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