Los rituales del Santuario terrenal fueron ordenados por Dios como símbolos que prefiguraban el doble aspecto del ministerio de Cristo (Heb. 4:1, 2); es decir, tanto su ministerio terrenal como su ministerio celestial. Así, cada animal que se sacrificaba era un símbolo de Jesús como el verdadero Cordero de Dios (Juan 1:29; 1 Ped. 1:18-21), y cada sacerdote representaba a Jesús en su función sacerdotal en el Santuario celestial (Heb. 8:1, 2; 9:11, 24). Las ceremonias estipuladas eran diversas, pero es posible resumirlas en tres grandes rituales: (1) los sacrificios diarios; (2) los sacrificios individuales; y (3) el Día de la Expiación.

Los sacrificios diarios

Los sacerdotes debían ofrecer en el altar de sacrificios un cordero por la mañana y otro por la tarde (Éxo. 29:38-42; Núm. 28:4). A esas horas, cuando estaban lejos de su tierra, los judíos oraban mirando hacia el Santuario (Dan. 6:10). Por medio de estos sacrificios, Dios quería enseñar la disponibilidad de la gracia en favor del pecador. Cada vez que un israelita cometía un pecado, podía recordar que en el Santuario había un sacrificio en la mañana y en la tarde que le recordaba que Dios lo amaba y lo invitaba a ponerse a cuentas con él (Isa. 1:18; Eze. 18:21-23, 32).

En la actualidad, la gracia de Dios se manifiesta para la raza humana de la misma manera (Efe. 2:1-10; Tito 3:4-7). Por medio del sacrificio de Jesús, representado en esos corderos, Dios llama al pecador al arrepentimiento y a recibir a Jesús como Salvador mientras todavía queda tiempo (Juan 3:16-18; 1 Tim. 2:4; 2 Ped. 3:9).

Los sacrificios individuales

Existían diferentes clases de sacrificios, pero aquí nos limitaremos a los sacrificios diarios por el pecado. En Levítico 4, hay instrucciones para el perdón de pecados de cuatro grupos de transgresores: (1) un sacerdote (vers. 3-12); (2) la congregación (vers. 13-21); (3) un jefe (vers. 22-26); (4) una persona común (vers. 27-31). En los cuatro casos, el ritual es bastante semejante, con la diferencia de que, en el caso de los sacerdotes o de la congregación, después del sacrificio del animal presentado (becerro, macho cabrío, cabra), el sacerdote oficiante llevaba la sangre del sacrificio al Lugar Santo y la asperjaba siete veces delante de la cortina que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo (vers. 5, 6). En los dos últimos grupos, el sacerdote oficiante no entraba en el Santuario, sino que colocaba la sangre en el Altar del Sacrificio, que se encontraba en el patio.

Para entender el ritual y su significado, describiremos el procedimiento estipulado para la persona común. De acuerdo con Levítico 4:22 y 23, cuando alguien reconocía que había pecado, traía una cabra sin defectos a la puerta del Tabernáculo, colocaba sus manos sobre la cabeza de la cabra – indicando transferencia de pecados–, y se sacrificaba al animal. A continuación, el sacerdote hacía mediación colocando la sangre del sacrificio en los cuernos del Altar del Holocausto.

El propósito de este ritual era mostrar que el pecado demanda la muerte del pecador; por eso, a fin de que el pecador pudiera vivir, necesitaba un sustituto inocente. Dios envió a Jesús como nuestro Sustituto a morir por nuestros pecados. Después de vencer la muerte, ascendió al Santuario celestial. En el plan de salvación, su muerte en la Cruz es tan importante como su ministerio sacerdotal, y viceversa. Hablar de la Cruz sin destacar la obra mediadora de Jesús es predicar un mensaje incompleto.

El Día de la Expiación

En el ritual diario por los pecados, la imposición de manos sobre la cabeza del animal había transferido simbólicamente el pecado sobre la víctima inocente. Luego, cuando el sacerdote aplicaba la sangre en el Santuario, el pecador era perdonado, pero el Santuario era contaminado por esta sangre, que transfería los pecados perdonados al Santuario (Jer. 17:1).

Por esta razón, Dios ordenó que una vez al año, en el Día de la Expiación (Lev. 16), se eliminara el registro de esos pecados perdonados, para hacer así purificación del Santuario (16:16). De esta manera se representaba el inicio del Juicio celestial, la eliminación definitiva del pecado y la restauración definitiva de la armonía universal (Efe. 1:10).

Conclusión

Estudiar los rituales del Santuario nos ayuda a comprender distintos aspectos del plan de salvación, con todas sus implicaciones, y a valorar la obra de Cristo en nuestro favor. ¡Seamos estudiosos asiduos de esta verdad tan maravillosa! RA

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