El sábado tuvo su origen en la semana de la Creación (Gén. 2:1-3), fue ratificado en la Ley divina (Éxo. 20:8‑11), fue observado por Cristo (Luc. 4:16). Él esperaba que sus seguidores continuaran observándolo para el tiempo de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C (Mat. 24:20). Por eso, el sábado se siguió guardando después de la muerte y la resurrección de Jesús (Luc. 23:54-56; Hech. 16:11-13; 18:1-4). Apocalipsis muestra que el pueblo de Dios en el tiempo del fin, en medio de la más terrible apostasía religiosa, será fiel a todos los mandamientos, lo que incluye la fidelidad al cuarto Mandamiento, el sábado (Apoc. 12:17; 14:12). Sin embargo, para prevenirnos del peligro de caer en el mero formalismo de observar el séptimo día, es importante entender cómo la Biblia relaciona el descanso sabático con la adoración y la justificación por la fe.

El sábado y la adoración

La motivación para adorar a Dios nace de comprender que él nos salvó del pecado “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5). El apóstol Pablo habla de esto cuando dice: “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Rom. 12:1, NVI). Solo cuando el pecador se da cuenta de cuán indigno es, y cuán grande salvación ha recibido en Cristo, su corazón se rinde en completa adoración a Dios.

Adorar es un acto muy significativo porque, cuando adoramos, reconocemos que Dios es nuestro Creador; y nosotros, sus criaturas (Sal. 100:3). Todo vino a la existencia de la nada por el poder infinito de su palabra: “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Sal. 33:9), y con ese mismo poder sostiene y sustenta su Creación (Col. 1:16, 17; Heb. 1:3; Hech. 14:15-17; 17:24, 25). El hecho de que Dios sea el Creador lo hace digno de que todas las criaturas lo sirvan y lo adoren (Apoc. 4:10, 11), y esto lo distingue de los falsos dioses, que no crearon nada (Jer. 10:10-12). Para que el ser humano no olvide esta verdad, Dios separó el sábado como un monumento de la Creación (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:8-11). Cuándo los creyentes guardan el sábado, están reconociendo a Dios como el Creador. Y, aunque la humanidad se ha olvidado de la vigencia del sábado, Dios anunció una restauración de esta verdad en el tiempo del fin. El mensaje del primer ángel de Apocalipsis 14:7, que ordena adorar “a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”, está relacionado directamente con la razón por la cual se ordena guardar el sábado, “porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxo. 20:11). Por lo tanto, el llamado que pregona este ángel es a adorar a Dios en los términos del sábado, porque es el único Mandamiento cuya obediencia es un reconocimiento a Dios como el gran Creador.

El sábado y la justificación por la fe

Hay quienes afirman que guardar el sábado contradice la doctrina de la justificación por la fe, porque creen que quienes lo observan están intentado salvarse por las obras de la Ley, pero esto es un error. La observancia de la Ley divina es un resultado de la salvación y no su causa (Efe. 2:8-10; Juan 14:15). Dicho de otra manera, primero somos justificados por la fe, y luego somos llamados a obedecer (Rom. 1:5; 3:31; 7:7, 12). Es interesante notar que el autor de Hebreos ve en el sábado un símbolo del reposo que los creyentes encuentran en Cristo. En el capítulo 4 describe el “reposo” tres veces con el verbo griego katapaúo (“reposar” [vers. 4, 8, 10b]), y una vez con el sustantivo griego katápausis (“reposo” [vers. 10a]). Sin embargo, cuando afirma que aún queda “un reposo” espiritual al que los creyentes deben entrar (vers. 9), el término ya no es katápausis (“reposo”) sino sabbatismós, que literalmente significa “reposo sabático”. Esto quiere decir que, para el escritor de Hebreos, el reposo del sábado ilustra el descanso que Cristo da a los que creen en él. En otras palabras, al sábado, en lugar de ser presentado como un símbolo del intento legalista de la justificación por obras, la Biblia lo presenta como un símbolo de la verdadera justificación por la fe.

Conclusión

Como se ha visto, la observancia del sábado encierra una enorme relevancia en la vida espiritual, no solo porque tiene ver con obediencia (1 Juan 3:3-6), sino también por lo que significa. Si bien cada día adoramos a Dios, el sábado es un tiempo exclusivo de 24 horas para fortalecer nuestra relación con el Señor como nuestro Creador, y para recordar que en Cristo hemos obtenido el reposo de la salvación tan solo por gracia.

One Response

  1. Hugo Campos

    Felicidades pastor Cristhian, definitivamente hay mucho que aprender con relación a la exclusividad del día sábado.

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