De acuerdo con Apocalipsis 12:17, el remanente se caracteriza por “guardar los mandamientos” y tener “el testimonio de Jesús”. Guardar los Mandamientos implica que el remanente es fiel a toda la Palabra de Dios, y de manera muy específica a todo el Decálogo, incluyendo el cuarto Mandamiento, que ordena la santificación del sábado (Éxo. 20:1-17). Sin embargo, ¿qué significa la expresión “el testimonio de Jesús”?

El significado de la expresión

La frase “testimonio de Jesús” aparece en otras partes de Apocalipsis, en las que se refiere al “testimonio”, o mensaje, que proviene de Jesús y que se entrega a las personas por el conducto de algún profeta. En Apocalipsis 1:1 y 2 leemos que la “revelación de Jesucristo” llegó a Juan, quien, como profeta, la trasmitió a los destinatarios del mensaje. En Apocalipsis 1:9 se afirma que Juan está exiliado en Patmos “por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo”; esto es, por predicar el “testimonio”, o mensaje, inspirado que recibió de parte de Jesús. Finalmente, en Apocalipsis 22:20 se reafirma que el testimonio que Juan recibió proviene de Jesús.

Estos tres pasajes se condicen con Apocalipsis 19:10, donde se denomina al testimonio de Jesús “el espíritu de la profecía”, que es otra forma de hablar del don profético. La Palabra de Dios nos ha llegado por medio de este don en el ministerio de los profetas escogidos (Heb. 1:1). Que “el testimonio de Jesús” tiene que ver con el oficio profético queda más que claro cuando se compara Apocalipsis 19:10 con 22:9. En el primer pasaje, el ángel declara que es “consiervo” de Juan y de sus “hermanos que retienen el testimonio de Jesús”, y en el segundo pasaje, el ángel llama a estos “hermanos” de Juan “los profetas”. Son los profetas quienes reciben “el testimonio de Jesús” para entregarlo al pueblo.

La vigencia del don profético

En ninguna parte de la Biblia se enseña que el don profético habría de eliminarse. Pablo enseña que mientras la iglesia esté esperando la venida de Jesús, no tendría falta de “ningún don” (1 Cor. 1:7), lo que obviamente incluye el don de profecía. En Efesios 4:11 se mencionan dones que Jesús entregó a la iglesia, tales como apostolado, evangelismo, pastorado y la enseñanza, pero también se menciona a los profetas. Así como la iglesia necesita los primeros, también necesita de este último para llegar a la madurez que el Señor desea (vers. 12, 13). Debe decirse que este don no solo ha sido dado a varones sino también a mujeres, como Débora (Juec. 4:4), Hulda (2 Crón. 34:22) y las cuatro hijas de Felipe (Hech. 21:9). También se entregan pruebas para identificar a un profeta verdadero: (a) debe hablar en armonía con la Escritura (Isa. 8:20); (b) su vida y enseñanza deben mostrar buenos frutos (Mat. 7:15-20); (c) sus predicciones se cumplen (Deut. 18:20-22), etc.

El don profético en el remanente

Apocalipsis 12:17 indica que el remanente del tiempo del fin tendría “el testimonio de Jesús” (o “el espíritu de la profecía”); es decir, poseería el don profético en sus filas. Los adventistas del séptimo día creen que este don se ha manifestado en el ministerio de Elena de White, ya que ella cumple con todas las pruebas bíblicas de un profeta verdadero.

Puesto que en la Biblia no existe evidencia de que un profeta sea más inspirado que otro, la hermana White gozó de la misma inspiración que poseyeron los profetas bíblicos. ¿Significa esto que sus escritos son una sustitución o añadidura al canon bíblico? ¡Por supuesto que no! El canon está cerrado, y constituye la única regla de fe y práctica para el pueblo remanente. Sin embargo, aunque Dios inspiró por igual a sus profetas, unos fueron llamados para que sus escritos compusieran el canon bíblico y otros no (Natán, Elías, Eliseo, Juan el Bautista, y otros). Aunque Elena de White fue inspirada igual que cualquier profeta bíblico, su función no es agregar al canon bíblico, sino llevar de vuelta al remanente a las verdades que ya se encuentran en la Palabra de Dios. Cuando el remanente acepta y aplica la guía del don profético, experimenta la validez de esta declaración bíblica: “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” (2 Crón. 20:20).

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