¿Quieres descubrir nuevos tesoros en tu relación con Dios?
Se cuenta la historia de un joven que un día decidió lanzarse a trabajar como minero de oro. Pero en lugar de buscar nuevas minas, salió a explorar minas abandonadas. Observaba con mucha atención la roca ahí donde los trabajos de otros se habían detenido. Picaba y seguía observando, hasta que encontraba la tenue pero real continuación de una veta de oro.
Se dio cuenta de que al seguir estas pequeñas vetas o al cavar más profundo en esas minas abandonadas, con frecuencia encontraba buenas cantidades del precioso metal.
Me pregunto… ¿qué motivó a este joven a empezar ahí donde otros habían abandonado? ¿Por qué encontró promesa y posibilidad ahí donde otros solo vieron el final de la historia?
Creo que la respuesta es más fácil de lo que parece. Este joven venía sencillamente con mente y músculos frescos. Venía descansado y con curiosidad.
Y es con mente y músculos frescos y descansados que podemos lanzarnos, con curiosidad y creatividad, a explorar y construir nuevas experiencias, como la de profundizar nuestra relación con Dios.
Aquí, la historia de nuestro joven minero nos puede ayudar. Así también como lo que escribió el profeta Jeremías.
Cuando el pueblo de Israel se encontraba exiliado en Babilonia, nadie estaba para fiestas. Eran oprimidos y menospreciados como una minoría sin relevancia. Estaban agotados emocionalmente. Además, no se les ocurría cómo darle sentido a su vida religiosa, al estar tan lejos de Jerusalén.
«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña?» (Sal. 137:1-4, LBLA).
Pero ya antes de que se encontraran en esta situación, que de paso era la consecuencia de su propia infidelidad hacia Dios, la promesa de restauración le había sido dada a Jeremías.
«Así dice el Señor: «Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, los visitaré y despertaré sobre ustedes mi buena palabra de volverlos a este lugar. Yo sé los planes que tengo para ustedes –dice el Señor–, planes de paz y no de mal, para darles un futuro y una esperanza. Entonces me invocarán; vendrán, orarán a mí y yo los escucharé. Me buscarán y me hallarán, cuando me busquen de todo corazón”» (Jer. 29:10-13).
“Para tener una relación auténtica con Dios, necesitamos buscarlo de todo corazón”.
Dios le reveló a Jeremías no solo una promesa de bienestar y la luz al final del túnel para los israelitas. También le dio un secreto de crecimiento espiritual: para tener una relación auténtica con Dios, necesitamos buscarlo de todo corazón.
A veces, nuestra relación con Dios se parece a la experiencia de los mineros que abandonan una mina porque piensan que no encontrarán más oro. Nuestros momentos de culto personal pueden volverse una tradición que ya no nos satisface. O no nos animamos a pedir ciertas bendiciones a Dios en oración porque nos parece que nada cambia de todos modos. O podemos pensar que ya no tenemos más nada para descubrir.
Pero hay más. Mucho más.
Abandonamos cuando estamos cansados, y cuando estamos cansados no vemos opciones válidas. Si nos sentimos así en nuestra vida espiritual, lo primero que necesitamos hacer es reconocerlo y decírselo a Jesús. También necesitamos descansar física y mentalmente el tiempo que sea necesario para recuperar fuerzas. Mientras tanto, necesitamos seguir hablando con nuestro Dios, contándole lo que nos sucede, meditando en su Palabra y hablando con alguien con quien nos sintamos cómodos.
Es en nuestros momentos de vulnerabilidad personal cuando podemos aprender lo que significa depender de la fortaleza divina. Es en estos momentos cuando Dios nos llena de la motivación necesaria para buscarlo y servirlo con todo nuestro corazón.
De esos momentos saldremos listos, con mente y músculos frescos, con curiosidad y creatividad renovadas, para ir a explorar nuevos capítulos de nuestra historia con Jesús, llenos de tesoros insospechados.
___________
LORENA FINIS DE MAYER, escribe desde Berna, Suiza.



0 comentarios