EL MENSAJE QUE EL MUNDO AÚN NECESITA

08/09/2026

Nuestra misión no ha cambiado

«En medio del cielo vi volar otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Decía a gran voz: “¡Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas!” Otro ángel lo siguió, diciendo: “Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación”.
Y un tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: “Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero. El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. No tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre”» (Apoc. 14:6-12).

«Eso es lo que usted debería predicar!» Una organización había enviado a ese hombre para evaluar reuniones adventistas de evangelización. La noche que él asistió, hablé sobre las influencias que la cultura popular puede tener sobre la visión moral. Dije que permitir influencias negativas constantes puede hacer más difícil resistir la tentación.
Lo miré en silencio. A veces, si dudamos en responder, la gente llena el silencio diciéndote más de lo que piensan. «Olvídese de todo lo demás –siguió diciendo–. O sea, lo entiendo: el sábado es importante para los adventistas, pero si usted se dedicara más a estas cosas, creo que su ministerio explotaría de verdad».

UN MENSAJE QUE NO PUEDE SER REMPLAZADO

De repente me vino a la mente Dudley M. Canright. Una vez dijo que, si no fuera por nuestro mensaje único y difícil, habría sido un gran predicador. Por supuesto, no entendía que la clave no es el talento homilético lo que hace grandes a los predicadores adventistas. Es nuestro mensaje bíblico, un mensaje que tiene el poder de conquistar el corazón de los pecadores como ninguna otra cosa. Es eficaz porque está firmemente anclado en la persona de Cristo.

El hecho de que este hombre no fuera adventista hacía fácil entender por qué aún no valoraba los mensajes de los tres ángeles. En realidad, no había escuchado el resto y respondía desde lo que había oído de amigos y fuentes en línea sobre los adventistas. Prefería contenido que se alineara más con sus creencias personales.

Resulta trágico que no solo los que no son adventistas piensan así. A veces hay adventistas bien intencionados que sugieren que nuestro mensaje es una reliquia del siglo XIX; que es hora de seguir adelante y parecernos más a otras iglesias cristianas. A menudo descubrirá que su desagrado por nuestras doctrinas proviene de la forma en que las aprendieron de niños. Si sus mentores fueron severos y críticos, es probable que les hayan privado de una comprensión redentora y cristocéntrica. También es trágico que, en algunos casos, nunca les enseñaron esas doctrinas.

Los conversos recientes a este movimiento suelen decirnos que los mensajes de los tres ángeles fueron la imagen más clara y poderosa de Cristo que hayan visto jamás, y quienes se dedican a ganar almas darán testimonio del poder del mensaje para atraer a los pecadores perdidos de regreso al hogar.

Observe con atención a una audiencia durante un evento de evangelismo público. Preste atención a los rostros. Cada noche, el evangelista lanza un señuelo doctrinal diferente sobre los oídos de la multitud, y cada noche, verá usted cómo diferentes «peces» emergen a la superficie para morder el anzuelo.

Diferentes aspectos de nuestro mensaje atraen a distintas personas. A veces es el sábado el que convence a alguien de entregar su vida a Cristo. Otras veces es el estado de los muertos, o incluso el mensaje de salud. Es como si Dios nos hubiera dado 28 señuelos que podemos usar para pescar a las personas. Cuando se han enseñado fielmente las 28 creencias fundamentales, la red empieza a llenarse.

Algunos están convencidos de que la efectividad de nuestro mensaje está disminuyendo, de que es menos relevante para las multitudes posmodernas. Los evangelistas experimentados nos dicen que eso está muy lejos de la realidad. En los últimos años, han estado viendo crecer su atractivo. El público no solo es tan grande como siempre, sino que también es más receptivo. Incluso hay casos en los que la gente se levantó de sus asientos a mitad de una presentación, respondiendo espontáneamente al llamado más de veinte minutos antes del final. No es la elocuencia humana la que causa algo así. Los predicadores con menos habilidades lingüísticas, si son fieles, verán resultados comparables a los más elocuentes, porque es el Espíritu de Dios el que habla a la audiencia por medio de su Palabra.

FIELES A LA MISIÓN

Dios no cometió ningún error al encomendarnos semejante tarea. Es difícil imaginar que el Cielo lleve a cabo una reunión de emergencia porque piensa que la Iglesia Adventista ha recibido el mensaje equivocado. «Que alguien traiga un lápiz – dice el ángel Gabriel– porque tenemos que volver a escribir las doctrinas por completo. No anticipamos cómo sería el mundo posmoderno, ¡y tenemos que adaptarnos!»

Este es un pensamiento ridículo; sabemos por instinto que no es cierto. Si las profecías han sido correctas durante tantos siglos –incluso milenios– sabemos que Apocalipsis 14 no está equivocado. Tampoco Apocalipsis 18, que promete que el mundo pronto se iluminará con la gloria de Cristo.

Este movimiento no está destinado a morir en la oscuridad, sino que se dirige hacia un gran clímax, y la gente que entrará a la iglesia nos sorprenderá por completo. Elena White nos asegura que en la hora final «habrá miles que encontrarán y reconocerán la verdad […]. Estas conversiones a la verdad se realizarán con una rapidez que sorprenderá a la iglesia, y únicamente el nombre de Dios será glorificado».1

Las verdades sorprendentes de Apocalipsis 14 no están perdiendo su importancia, por mucho que el mundo parezca alejarse del ideal divino. Están incrementando su poder a medida que la humanidad es testigo del colapso de los sistemas humanos y experimentan la decepción que conlleva confiar en los reinos de este mundo. La desilusión está en su punto más alto, y aunque es cierto que muchas personas han perdido la esperanza de que exista una verdad objetiva que encontrar, es un error creer que la gente es feliz en esa condición. El corazón humano ha sido programado para la eternidad (Ecl. 3:11), y la atracción hacia Cristo solo crecerá a medida que este planeta caído continúe desintegrándose.

Aun así, si eso no fuera cierto, tendríamos que predicar. Al fin y al cabo, Noé habló durante ciento veinte años sin la promesa de grandes resultados, y habría pecado si se hubiera negado a hacerlo. Sin embargo, hay una diferencia clave: aunque la condición moral de nuestro mundo se parecerá a la de la época de Noé, a él le dijeron que solamente habría ocho personas en el arca; pero a
nosotros se nos ha mostrado una multitud de pecadores redimidos que no se puede contar. Es, en último término, el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham.

*Elena White, Mensajes selectos (Mountain View, Cal.: Pacific Press Pub. Assn., 1967), vol. 2, p. 16.

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Publicado en la Adventist Review de septiembre 2026 como parte del programa Semana de oración – Tema 3

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