Nuestro fundamento inamovible
«Arraigados en la Biblia, enfocados en la misión» es más que un eslogan. Es la brújula que guía al movimiento adventista en este momento decisivo. Mientras el mundo navega a la deriva en un mar de convicciones cambiantes, la iglesia remanente global solo puede mantenerse firme cuando está anclada al fundamento eterno de la Palabra de Dios.
Vivimos en un mundo inestable. Las fronteras cambian, las verdades cambian de nombre y los valores pierden sus anclajes. La lluvia de la duda cae sin descanso, ríos de posver-dad inundan miles de millones de pantallas y los vientos del relativismo se convierten en huracanes de indiferencia. En medio de esta avalancha de incertidumbre, surge inevitablemente una pregunta: ¿Hay algo que no cambie? ¿Existe una base que siga siendo segura?
Jesús responde con absoluta claridad. En Mateo 7:24-27, cuenta la historia de dos constructores: uno prudente y el otro insensato. Ambos construyen. Ambos enfrentan tormentas. Pero solo uno permanece en pie. ¿Qué marca la diferencia? El fundamento. Uno construye sobre roca, mientras que el otro construye sobre arena. En el griego original, la palabra para «roca» es petra, que significa una masa sólida, profunda e inamovible. Ese es el fundamento del pueblo de Dios: la Palabra viva y eterna de Dios. Según 2 Timoteo 3:16, 17, es «inspirada por Dios», y útil para enseñar, corregir, restaurar y equipar a cada ser humano para toda buena obra. En otras palabras, las Escrituras no son solo un libro entre muchos; es la base de la eternidad.
La casa puede ser hermosa, el diseño interesante, la decoración moderna; y aunque ese conjunto puede ser magnífico, ante las pruebas, caerá. Solo quienes edifiquen sobre lo inamovible se mantendrán firmes. Solo hay un fundamento inquebrantable: la Palabra de Dios.
La Palabra es inspirada
En 2 Timoteo 3:16 Pablo nos dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios». La palabra griega original, theόpneustos, literalmente, «respirada por Dios», pinta un cuadro poderoso. Nos lleva de nuevo a la creación: el mismo Dios que dio vida a Adán ahora insufla verdad en las páginas de las Escrituras. La Biblia no es solo un libro escrito por humanos; es el aliento del cielo manifestado en lenguaje humano. No es un dictado del poder divino, sino el aliento divino expresado por medio de palabras humanas.
Esta inspiración no es solo poética, ni parcial: es completa. La Palabra fue formada por el Espíritu, revelada por Dios, escrita por individuos consagrados y preservada a lo largo de los siglos mediante el sacrificio y la fe. «Dios cuida de nosotros como seres intelectuales, y nos ha dado su Palabra como una lámpara a nuestros pies y una lumbrera a nuestro camino», escribe Elena White.1 Incluso en estos días de oscuridad cultural y tormentas ideológicas, la Palabra de Dios sigue brillando intensamente, proporcionando claridad y dirección.
Hoy en día, las voces se multiplican en todos los canales –de expertos, algoritmos y tendencias– pero ninguno ostenta la autoridad del Eterno. Por eso la Biblia no necesita actualizarse sino aplicarse. No tiene que ser reinterpretada para agradar a la cultura; tiene que proclamarse con esa urgencia que transforma los corazones.
Cuando todo a nuestro alrededor tiembla, permanece firme. Cuando las ideologías cambian, se mantiene impávida. Cuando caen estructuras, perdura.
Un informe de 2023 de la organización Open Doors reveló que más de 360 millones de cristianos sufren persecución severa; muchos simplemente por poseer o compartir una Biblia.2 En algunos países, poseer las Escrituras se considera un crimen contra el Estado. En otros, los sistemas de vigilancia alertan a las autoridades cuando se accede a textos bíblicos en línea. En algunos lugares se instalan cámaras estatales dentro de las iglesias cristianas. Note que si la Palabra fuera irrelevante, no causaría ese temor. El enemigo conoce su poder, y el pueblo de Dios también debe hacerlo.
La Palabra es suficiente
El siguiente versículo, 2 Timoteo 3:17, afirma que la Palabra hace que el ser humano que pertenece a Dios sea «perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». La palabra griega artios significa completo, totalmente capaz, completamente preparado. En otras palabras, la Biblia es autosuficiente. No requiere cumplidos ni adornos. Forma el carácter, conduce a la salvación y sustenta la misión.
A lo largo de la historia, los movimientos religiosos han naufragado al abandonar las Escrituras. Otros se inclinaron hacia tradiciones humanas, visiones místicas y modas teológicas. Sin embargo, la fidelidad bíblica siempre ha sido el eje del verdadero cristianismo. En los tiempos finales no será diferente.
«Si los hombres hubiesen querido recibir la verdad tan claramente expresada en las Santas Escrituras, referente a la naturaleza del hombre y al estado de los muertos, reconocerían en las declaraciones y manifestaciones del espiritismo la operación de Satanás con poder y con prodigios mentirosos», escribe Elena White.3 Las Escrituras nunca han sido insuficientes. El problema es que muchos las han dejado de lado o las han tergiversado en beneficio propio.
Por lo tanto, es preciso dejar en claro que la misión global de la Iglesia Adventista no se basa en estrategias humanas, sino en la Palabra. Somos el pueblo del Libro. Y dondequiera que la Biblia sea el centro, el Cielo realiza milagros más allá de la imaginación.
En el Salmo 119:105 el salmista declara: «Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino». La palabra hebrea para «lámpara» es ner, una pequeña lámpara de aceite que se usa para iluminar un paso a la vez en senderos oscuros. La Palabra no promete revelar todo el futuro, pero garantiza la luz para el siguiente paso, y eso es suficiente.
La Palabra es práctica
La metáfora de Jesús en Mateo 7 es inconfundible: la diferencia entre la ruina y la resistencia reside en la obediencia a la Palabra. No basta con conocerla; es necesario vivirla. No basta con oírla; necesitamos ponerla en práctica.
La iglesia se fortalecerá no con ideas creativas, sino con una fe obediente. La estabilidad no proviene de la cantidad de conocimientos bíblicos sino de la sumisión a él que no es otra cosa que: obediencia fiel a Dios y comunión con él bajo la sombra de su gracia. De ese modo, cuando el adventismo del fin de los tiempos enfrente persecución, pruebas y desafíos, solo aquellos firmemente arraigados en la Palabra permanecerán firmes.
En 2017, un terremoto de magnitud 7,1 sacudió el centro de México. Muchos edificios modernos se derrumbaron, pero algunas estructuras antiguas permanecieron intactas. Los ingenieros explicaron que el secreto estuvo en tener una base profunda, discreta pero sólida. Lo mismo ocurre con la iglesia. Lo que sostiene una iglesia no es lo que brilla en la superficie, sino lo que hay debajo. Y solo hay un fundamento que nunca falla: la Palabra de Dios.
La Biblia no es simplemente un libro para debates teológicos: es una guía para la vida diaria. Influye en nuestra manera de tratar a los demás, gestionar recursos, responder a las crisis y tomar decisiones. Todas las áreas de la vida que no están fundamentadas en la Biblia son vulnerables al colapso.
¿Sigue siendo suficiente la Biblia?
La pregunta esencial no es cuántas Biblias poseemos, sino si realmente estamos arraigados en la Palabra. Hay una diferencia entre memorizar versículos y depender de la Palabra. La iglesia remanente será reconocida no solo por profesar doctrinas correctas sino por vivir en alianza con la verdad revelada.
Las personas que guardan los mandamientos y tienen el testimonio de Jesús (Apoc. 12:17) son aquellas que no comprometen la autoridad de la Palabra. Es nuestro código moral, nuestra base profética, nuestro manual misionero y nuestra carta de amor divina. Cuando todo a nuestro alrededor tiembla, permanece firme. Cuando las ideologías cambian, se mantiene impávida. Cuando caen estructuras, perdura. Al fin y al cabo, la Biblia es el único libro que lee el corazón humano incluso mientras se la lee.
Volvamos a la Palabra
Hoy día, Dios llama a líderes, familias, jóvenes, ancianos, niños, maestros y predicadores a regresar al fundamento. Solo hay un futuro para la iglesia: sobre la Roca. Solo hay un poder para la misión: la Palabra.
¿Reconstruirá usted su vida sobre las Escrituras? ¿Pondrá cada plan de ministrar, cada paso familiar, cada decisión financiera bajo el «Así dice el Señor»? ¿Desea que la Biblia sea su fundamento y no solo un adorno?
Solo quienes edifiquen sobre lo inamovible se mantendrán firmes. Y en estos tiempos solo hay un fundamento inquebrantable: la Palabra de Dios.
Entonces, levántese. Conságrese. Regrese a la Palabra. Ore con la Biblia abierta. Tome la decisión de tenerla en cuenta. Predique con la Biblia en el corazón. Porque solo aquellos que estén arraigados en la Biblia y enfocados en la misión permanecerán de pie.
¡Maranata!
1 Elena White, en Review and Herald, 21 de agosto de 1888, pár. 6.
2 Open Doors Hong Kong, «World Watch List 2023: Resumen», https://www.opendoors.org.hk/en-US/news/latest/wwl23-overview/.
3 Elena White, El conflicto de los siglos (Miami, Fl.: Asoc. Publ. Interamericana, 2007), p. 546.
Publicado en la Adventist Review de septiembre 2026 como parte del programa Semana de oración – Tema 1



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