El gran desafío del Congreso de la Asociación General.

El río Mississippi es el cuarto más largo del mundo y el segundo de EE. UU., y junto con su afluente, el río Missouri, con 6.275 kilómetros de extensión, constituyen la mayor fuente de agua de América del Norte.

En la orilla oeste del río Mississippi (que en idioma ojiva significa “grandes aguas”, o “padre de las aguas”), se fundó la ciudad de St. Louis, en el Estado de Missouri.

En ella se construyó el Arco Gateway, o Puerta hacia el Oeste, que es un monumento a la expansión nacional de Jefferson. Con doscientos metros de altura, es el monumento más alto hecho por el hombre en los Estados Unidos.

En esta ciudad, St. Louis, y muy cerca del Arco mencionado, se realizó el 61er Congreso Mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, bajo el lema: “Jesús está viniendo, ¡involúcrate!”

La Iglesia Adventista fue organizada el 21 de mayo de 1863, con 3.500 miembros y 125 iglesias. Hoy somos 21.909.937 miembros congregados en 169.268 iglesias y congregaciones. ¡Gracias a Dios por los 8.548.426 bautizados en los últimos 7 años! Estamos actuando en 212 de los 235 países del mundo, y aún necesitamos alcanzar los 23 países donde no tenemos presencia.

Fue emocionante asistir a este evento, y ver a una iglesia enfrentando una diversidad de desafíos, pero que –por la gracia de Dios– está creciendo en el cumplimiento de su misión:

  • Vimos a los hermanos de Rusia y de Ucrania alabando juntos a Dios.
  • Presenciamos el bautismo de cinco personas de Filipinas, que fueron parte de guerras internas durante veinte años, tanto perseguidores como perseguidos. Ellos fueron alcanzados por el evangelio a través de la radio mundial adventista. Ya suman dos mil bautizados en total.
  • Escuchamos informes de las diversas regiones y áreas de la iglesia.
  • Participamos de los momentos de oración y el estudio de la Biblia con importantes temas de creacionismo.
  • Cantamos muy fuerte sobre nuestra bendita esperanza.
  • El pastor Ted Wilson, reelegido como presidente, nos desafió a aferrarnos a la Palabra para retener lo que tenemos, porque Jesús viene pronto.
  • En el cierre del Congreso, hubo una Fiesta de las Naciones, con trajes típicos y banderas, y junto a ellas ingresaron las banderas de los países que aún no fueron alcanzados con el evangelio. El Pr. Wilson invitó a la iglesia en el ámbito mundial a enviar obreros para evangelizar.

Dios anhela derramarnos la luz, el gozo y la gloria de su presencia para dar testimonio de lo que ha hecho en nosotros. Él quiere que hablemos sobre su venida, que el fin de todas las cosas se acerca y cómo nos preparamos para su regreso. Nos aguarda “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10). Él quiere que “pensemos en el paraíso de Dios y en las riquezas de gloria que se dará a los santos del Altísimo” (Elena de White, Sermones escogidos, p. 63).

El próximo congreso mundial se realizará también en esta ciudad, en las mismas márgenes del río Mississippi. Pero, si somos llenos de su Espíritu, si estudiamos su Palabra, si vivimos fielmente su verdad y si nos comprometemos con la misión, podría ser en las márgenes del Río de la Vida.

Vamos a desear, orar y actuar para que por la gracia de Dios sea así, porque “¡Jesús viene! ¡Involúcrate!”

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