“El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

Apocalipsis 19:10

¿Puede “el espíritu de la profecía” referirse al don profético otorgado al “resto de la descendencia de la mujer” como uno de sus rasgos distintivos en el tiempo del fin (Apoc. 12:17)? Sin duda. ¿Quiso Juan dar simultáneamente alguna otra dimensión de significado a esa frase? No sería extraño, en vista de los múltiples sentidos de otras expresiones que usa en su obra.

Para empezar, Juan dice que “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. El verbo griego equivalente a “ser” y “estar” en castellano (eimí), funciona –al igual que en nuestra lengua– como un signo de igualdad, que hace sinónimos intercambiables e iguales en naturaleza a las dos palabras principales de la oración: una, en el sujeto; y la otra, en el predicado.

Así, puesto que el núcleo de la primera parte de la sentencia es impersonal (“testimonio”), el núcleo de la segunda (“espíritu”) no se referiría aquí al Espíritu Santo; es decir, a una Persona. Por lo tanto, aunque la Biblia afirma en otros lugares que el Espíritu es ciertamente quien habilita a los profetas para cumplir su misión como voceros de Dios, Apocalipsis 19:10 no sería (tal vez) el mejor argumento en favor de ello (véase, en cambio, 2 Ped. 1:21).

En otro orden de cosas, la partícula griega gar (“pues”, “porque”, “ya que”) indica aquí que la última parte del texto (“pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”) es la consecuencia lógica o el resultado de lo dicho anteriormente (“Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora solo a Dios!”, NVI).

Esto sugiere que “el testimonio de Jesús”, además de tener que ver con la profecía y el don profético, se refiere al testimonio fiel que Cristo espera de sus seguidores.

Por su parte, el artículo definido “la”, en “la profecía”, implica un énfasis en la identidad singular de lo así aludido y en la familiaridad de la audiencia de Juan con ello. No se trata de cualquier contenido profético, sino de uno en particular. ¿Cómo saber a qué “profecía” se refiere Juan? ¿Dónde usa él anteriormente la palabra y en qué sentido? El término aparece por primera vez en 1:3 como designación del mensaje completo del Apocalipsis (como 22:7, 10, 18, 19).

Al igual que en nuestro idioma, la posición de las palabras en una oración suele indicar énfasis. Así, “el testimonio de y acerca de Jesús es el espíritu de la profecía”, en lugar de “el espíritu de la profecía es el testimonio de y acerca de Jesús”, parece representar un énfasis en la procedencia y el contenido del Apocalipsis (“la profecía”) como razón de ser, propósito y esencia (“el espíritu”) de ese contenido.

Finalmente, la construcción “de la profecía” (acompañando a “el espíritu”) suele representar, en el idioma original del Apocalipsis, una suerte de identidad entre ambas palabras, como cuando en castellano decimos “ese genio de mi amigo” con el sentido de “ese genio que es mi amigo” o “ese genio, es decir, mi amigo”. No se trata de dos realidades diferentes, sino de una misma realidad expresada de dos maneras con la intención de precisarla, definirla o explicarla. Por ejemplo, en Apocalipsis 22:6, el ángel se refiere a los profetas como “los espíritus de los profetas”. Si, pues, la frase “los espíritus de los profetas” equivale a “los profetas” (1 Juan 4:1, 3), “el espíritu de la profecía” es también “la profecía”; es decir, el mensaje del Apocalipsis como revelación de y acerca de Jesús, mediante el profeta Juan.

En conclusión, si en Apocalipsis 19:10 “el espíritu de la profecía” equivale, entre otras cosas, a “la profecía”, al contenido mismo del Apocalipsis, entonces la expresión “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” equivale, en parte, a decir: “La razón de ser y la esencia misma del Apocalipsis es el testimonio dado a la iglesia por Jesús y acerca de él mediante el profeta Juan”. Así es precisamente como comienza el libro: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (Apoc.1: 1, 2).

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