¡No te quedes en la teoría! ¡Aprópiate de las promesas divinas!

Hace muchos años, en la ciudad de Londres, los organizadores de una convención cristiana invitaron a un actor y a un pastor de ovejas para presentar delante de la audiencia sus representaciones personales del Salmo 23. Deseaban redescubrir el archiconocido texto. Seguramente un actor sabría dar un nuevo brillo a las palabras, y el pastor de ovejas traería su cuota de originalidad ganadera.

El momento llegó, y el actor subió al escenario. Con gran arte declamó el famoso Salmo, y al final de su actuación, el público irrumpió en aplausos.

Poco después, subió el pastor de ovejas. Con sencillez, hizo su parte: “Jehová es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar. Confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre…” Cuando terminó, la sala estaba en silencio. Un pesado e incómodo silencio.

Hasta que se oyó un pequeño sollozo aquí y se vio una lágrima allá. Y más sollozos. Y más lágrimas. El actor volvió a subir al escenario y se acercó al pastor de ovejas, que permanecía de pie ante la audiencia, y lleno de emoción le dijo: “Yo conozco las palabras… ¡usted conoce al Pastor!”

En nuestro caminar cristiano vamos avanzando, descubriendo y observando cómo las promesas divinas abren caminos en nuestros pensamientos. Al principio, estas bellas palabras nos impactan y nos hacen vislumbrar nuevas posibilidades.

Durante un tiempo, decidí compartir promesas bíblicas con una amiga no cristiana. Mi deseo era que ella pudiese ver lo que podría ser suyo si aceptaba entrar en una relación con Dios. Efectivamente, ella parecía saborear estas promesas y me decía: ¡Qué hermosas palabras! Pero el tiempo pasaba, y su interés, lamentablemente, no iba más lejos.

Tal vez algún día estas semillas sembradas produzcan fruto y mi amiga sentirá el deseo de buscar personalmente al Pastor, que la ama y que puede transformar su vida.

A través del profeta Isaías, el Señor nos dirige estas palabras: “Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo y logrado el propósito para el cual la envié” (Isa. 55:10, 11, LBLA).

¡Cuánto me gustaría escuchar una clase magistral de un agricultor o una jardinera explicando esta promesa desde el punto de vista de aquellos que pasan el día en el campo o en el jardín, con sus manos en la tierra y observando el milagro de la vida en las semillas!

La relación de un pastor con sus ovejas o la de un agricultor con las semillas son experiencias llenas de detalles y vivencias que enriquecen la comprensión de las promesas divinas.

Ellos saben mucho sobre paciencia, perseverancia, esfuerzo y dedicación. Están comprometidos con sus ovejas y sus plantas. Saben que sus esfuerzos producen frutos (literalmente).

Más allá de las experiencias que podamos tener o no en nuestra vida cotidiana, todos podemos vivir estrechamente conectados a nuestro Pastor Jesús. No necesitamos quedarnos solo leyendo lindas y conmovedoras palabras, sino que podemos avanzar para hacerlas nuestras y usarlas como el punto de partida para momentos de intimidad con Dios.

Le podemos preguntar: “Señor, ¿qué significan estas palabras para mi vida, hoy, aquí, en medio de las circunstancias en las que me encuentro? ¿Qué me estás queriendo decir?” Así, se convertirán en palabras vivas que tendrán cada día un matiz nuevo y que traerán bienestar concreto a nuestra vida. Así, conoceré cada vez mejor a mi Pastor.

Sobre el Autor

Lorena Finis de Mayer es argentina y escribe desde Berna, Suiza. Desde hace varios años es columnista en la Revista Adventista y sus artículos son muy valorados por la exacta combinación de sencillez y profundidad.

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