Recordando la tarea vital de la educación adventista.

Dios nos creó con un propósito distintivo: “Que la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestial”, para así “repoblar el cielo con la familia humana” (Elena de White, Carta 91, 1900).

Sin embargo, “el pecado desfiguró la imagen de Dios en la humanidad”. Así, “el gran objetivo de la vida es hacerla volver a la perfección original con la que fue creada. Es obra de los padres y los maestros, en la educación de la juventud, cooperar con el propósito divino” (Elena de White, Los elegidos, p. 334).

Por eso, “la obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que había sido creado”. Así, “en el sentido más elevado, la obra de la educación y la de la redención son una (Elena de White, La educación, pp. 15, 30).

Es la misma autora quien aborda los aspectos esenciales para una correcta educación: 1-Naturaleza: aprender de Dios a través de ella; 2-Biblia: un tesoro de recursos; 3-Cultura física: estilo de vida equilibrado y 4-Construir el carácter: mucho más que solo lo intelectual. “Estos principios de educación son conceptos cruciales por los cuales los educadores adiestran y conducen a los jóvenes a desarrollar una relación más estrecha con Dios en preparación para la vida eterna” (Denis Fortin, Enciclopedia de Elena G. de White, p. 862).

La educación adventista ha sido y es fundamental, desde sus inicios, en el crecimiento y la consolidación de la Iglesia Adventista en la División Sudamericana. Y en este año celebramos 100 años de educación adventista en Bolivia y 125 años de educación adventista en Brasil.

En Bolivia, la primera escuela adventista fue creada por Reid S. Shepard y su esposa, Ethel Cooper, en 1921. Se ubicaba en la población altiplánica de Rosario, provincia Pacajes, departamento de La Paz. Allí se evangelizaba a través de la educación, la enseñanza de la Escritura, la lectura y el estilo de vida.

Por su parte, en 1896 comenzó a funcionar el Colegio Internacional de Curitiba, la primera escuela adventista en Brasil. Esta institución fue fundada por el pastor H. F. Graf, y allí se enseñó tanto alemán como portugués. A través de la visión, la dedicación y el sacrificio de los pioneros –y los que les sucedieron–, miles de vidas fueron educadas y redimidas.

En representación de tantos estudiantes transformados, les presento a Yago, de 17 años, oriundo de Curitiba y graduado de la educación adventista. Su testimonio conmueve:

“Mis padres decidieron inscribirnos a mi hermano y a mí en una escuela adventista. Una vez allí, el capellán puso en marcha el proyecto Mi colegio, mi iglesia, donde nos encontraríamos participando en acciones solidarias y espirituales. Ya había programado mi bautismo en una iglesia evangélica cuando fui a Misión Caleb, en Paraguay, en enero de 2020. Era un proyecto con varias universidades adventistas. Allí participamos de acciones de solidaridad, de la escuela cristiana de vacaciones y de evangelización. Entonces, decidí convertirme en adventista. Me bauticé en el Colegio Adventista de São José dos Pinhais, de Curitiba. Hoy ayudo en las clases de Biblia de la iglesia. Allí, varios adolescentes decidieron asistir a una escuela adventista y ser bautizados. Mi sueño es ir a estudiar Teología. ¡Quiero ser una bendición para muchas personas! Si no fuera por la educación adventista, nada de esto habría sucedido”.

Mi reconocimiento y gratitud a la educación adventista por cumplir el propósito de Dios al dar a 323.417 estudiantes, en los 836 centros educativos de nuestra División, la oportunidad de repoblar el cielo.

Pero, la educación en la Tierra no es completa. Por eso, te invito a apropiarte de las bendiciones divinas, orando, apoyando y cumpliendo la promesa que dice: “Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos” (Isa. 54:13).

El cielo espera ser repoblado. Allí se completará la Redención, en manos del gran Maestro. Yo voy… ¿Vamos?

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