La conocida parábola del sembrador tiene mucho aún para enseñarnos.

Hace algún tiempo, volví a leer una de esas muy conocidas parábolas de Jesús: la del sembrador. La he leído muchas veces; incluso, he predicado acerca de ella. No había notado hasta ahora un detalle que me resultó muy revelador. En la explicación que Jesús hace de la parábola, el primer elemento que aclara es este: “El sembrador siembra la palabra” (Mar. 4:14, NVI).

Normalmente, dado que es el eje principal de esta parábola, nos centramos en los diferentes tipos de suelos que reciben la semilla, que representan los diferentes receptores de la Palabra. En ese sentido, asumimos que lo que siembra el sembrador es la Palabra.

Bueno, en estos últimos tiempos hemos aprendido que no debemos dar por sentadas muchas cosas que antes nos parecían obvias.

Como esta noticia, por ejemplo, que nos sirve para reflexionar sobre la importancia de la Palabra en el contexto de la parábola del sembrador: el nuevo jefe de capellanes de la Universidad de Harvard es un ateo. Sí, leíste bien.1 Se trata de Greg Epstein, ateo declarado, autor de Good Without God [Me siento bien sin Dios]. Ya de por sí, que alguien que se supone que hiciera crecer la fe sea alguien que no cree es un sinsentido.

Todavía más escandaloso es que esto suceda en la Universidad de Harvard, que fue impulsada por los colonos puritanos que se instalaron en Nueva Inglaterra en 1630 y crearon esta Universidad para instruir a sus pastores. Al fundarla, le pusieron el nombre en honor al pastor John Harvard, y adoptaron el lema “La verdad para Cristo y la iglesia”.

Lo cierto es que hace tiempo que en Harvard no solo ha quedado eclipsada la idea de una “verdad para Cristo y la iglesia”, sino además la misma Palabra ha perdido su protagonismo: desde las presuposiciones del método histórico-crítico, que afirma que la Palabra es de factura humana (es decir, no es inspirada por Dios), pasando por las afirmaciones posmodernistas de que no existe una sola verdad, sino múltiples verdades, hasta el rechazo de todo lo religioso o espiritual. Sí, Harvard ha perdido el rumbo; o al menos, la misión que sus fundadores tuvieron en mente al crearla.

Pertenecemos a una iglesia que nació enraizada y fundamentada en la Palabra. Durante muchos años hemos sido conocidos como “El pueblo del Libro”. En estos últimos tiempos, quizá ya no se nos distinga por eso, aun cuando hacemos esfuerzos deliberados para que la Palabra tenga su protagonismo. Pero hay otras tendencias que pueden desviarnos.

 Hay sembradores de “semillas transgénicas” (parece ser semilla, pero tiene su ADN modificado). Se trata de predicadores que predican “palabras”, pero no la Palabra. También tenemos aquellos que intentan hacer crecer la semilla con los fertilizantes antinaturales del sentimentalismo, como en el caso de cultos en los que se “alaba” durante cuarenta minutos y se relega a la Palabra a un papel secundario, dejándole solo cinco minutos a su exposición.

Con razón, Jesús se preguntó: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Luc. 18:8, NVI). Sin la Palabra, no hay fe: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Rom. 10:17, NVI). Sin la Palabra, el Reino de Dios no puede crecer. Sin la Palabra, mi vida espiritual languidece y puede morir. Sin la Palabra, todos nuestros esfuerzos de misión serán vanos.

Seamos como el buen sembrador, que siembra la Palabra: en mi corazón y en el corazón de quienes nos rodean.


Referencias:

1 Emma Goldberg, “Harvard tiene un nuevo presidente de capellanes y es ateo”, The New York Times, 2 de septiembre de 2021, <https://www.nytimes.com/es/2021/09/02/espanol/harvard-capellan-ateo.html>

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