Cómo y por qué el querer “todo aquí y ahora” afecta nuestra vida espiritual.

Pocas décadas atrás, si querías disfrutar una canción en tu hogar, debías esperar el momento exacto en que una radio emitiera esa pieza musical y de esa forma grabarla en un casete; si no, tenías que comprar el disco o pedirlo prestado para hacer una copia. Hoy, no necesitas esperar a que en la radio esté la canción que quieres y tampoco pedir que te presten un disco; solamente necesitas una suscripción que da acceso a un mundo casi infinito en tus manos, en todo momento y todo lugar. O también puedes aprovechar las opciones gratuitas disponibles.

Sin duda, este crecimiento exponencial tecnológico ha moldeado una sociedad que privilegia el aquí y el ahora, lo que deriva en una cultura de la inmediatez.

Nos molesta esperar por cualquier cosa: si la computadora demora unos segundos de más en encender; si la conexión a Wifi no es la mejor; si no obtengo una respuesta rápida por WhatsApp; si no recibo la comida a domicilio en pocos minutos; si tengo que hacer fila para resolver un trámite; si realizo una compra online y el paquete no llega en el día o al día siguiente… y así. Seguramente otros casos pueden haber surgido en tu mente mientras leías los ejemplos enlistados aquí.

Entonces, si bien disfrutamos de los beneficios que proporciona el mundo del acceso inmediato, esta cultura nos ha hecho pensar que podemos obtener todo tipo de resultados sin un proceso de espera que nos lleve a ellos, y eso es un problema para nuestra vida espiritual.

¿Por qué digo que es un problema la rapidez y la satisfacción instantánea que promueve la cultura de la inmediatez? Observa lo que dice 2 Pedro 3:9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

¿Qué es lo que está diciendo el apóstol aquí? Fíjate lo que señala. Hablando de la segunda venida de Jesús, dice que “algunos la tienen por tardanza”. Dicho en otras palabras, se cansaron de esperar.

Ante esta situación de espera (que nos impacienta y a la que no estamos acostumbrados), decidimos hacer nuestra voluntad en lugar de la de Dios, porque nos cansamos de esperar. De este modo, seguimos normas y reglas, pero no tenemos una relación con el Señor, porque eso requeriría esperar. Queremos comprobar primero que la voluntad de Dios sea la mejor antes que esperar confiando en él. Hacemos de la Segunda Venida un evento lejano, y antes que esperar por una vida eterna preferimos vivir “al máximo” aquí y aprovechar los pocos años que tenemos. ¿Estás acaso pensando así?

No podemos transformar el pensamiento de la sociedad, porque la revolución digital continuará conduciéndonos en este crecimiento tecnológico exponencial. Es inevitable detener el avance de la cultura de la inmediatez. Pero, en medio de ese pensamiento, podemos recordar las palabras de Dios por medio de Pablo y de David, y hacerlas nuestras.

En primer lugar, Pablo, en Romanos 12:2, dijo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Eres parte de este mundo, pero no te conformes a él ni con él. Recuerda que perteneces al Reino de los cielos.

Y, en segundo lugar, que podamos decir como David en Salmo 25:4 y 5, cuando afirma: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”.

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