Analizamos en profundidad una frase muy conocida y muy repetida.

En el artículo de este mes comparto tres aspectos lingüísticos de la significativa declaración en griego ho theos agapē estin (“Dios es amor”), de 1 Juan 4:8. Se trata, tal vez, de la expresión más popular de toda la Palabra.

1-Una oración copulativa. Se trata, a saber, de una oración que se construye a partir de un verbo copulativo. Los verbos copulativos ―proviene de “cópula”, que significa “ligamiento”.―Son denominados de este modo porque se emplean para ligar/unir un sujeto con un atributo. Así, entonces, en “Dios es amor”, notamos cómo el verbo “es” (estin) es copulativo y liga/une el nombre “Dios” (ho theos), es decir el sujeto, con el sustantivo “amor” (agapē), que forma parte del predicado.

En gramática española, a este tipo de oraciones se las llama “oraciones copulativas caracterizadoras”; es decir, oraciones que se construyen con verbos copulativos y que expresan características de personas (“Juan es bueno”) o de cosas (“La túnica es blanca”).

2-La presencia del artículo. El artículo ho (“el”), en ho theos, es lo que técnicamente se conoce como una “palabra funcional”. ¿Qué significa? Una palabra que cumple una función estrictamente gramatical y tiene como único propósito distinguir el sujeto (“Dios”) del predicado (“es amor”).

Por tal motivo, las traducciones bíblicas modernas vierten correctamente ho theos como: “Dios”, y no “el Dios”. Es de notar, también, que el uso de agapē (“amor”) sin artículo conlleva un sentido cualitativo: agapē designa una cualidad de Dios. La sintaxis de ho theos agapē estin deja claro, pues, que los sustantivos “Dios” y “amor” no son intercambiables. Así, es teológicamente lícito afirmar que “Dios es amor”, pero no que “el amor es Dios”.

3-El uso del tiempo presente en modo indicativo. El verbo copulativo estin (“es”), en virtud del contexto literario de 1 Juan 4:8, trasluce una realidad omnitemporal; es decir, válida en todo tiempo: en el pasado, en el presente y en el futuro. A este valor particular del tiempo presente se lo denomina “presente gnómico”.

En español, este matiz verbal se traduce típicamente con un verbo conjugado en tiempo presente y en modo indicativo. Esto se debe a que el presente del indicativo, en español, cuenta con esta misma posibilidad expresiva: “dos y dos son cuatro”, “la Tierra gira alrededor del Sol”, “el tabaco es nocivo para la salud”. Como puede apreciarse en estos ejemplos, el presente del indicativo (“son”, “gira”, “es”) comunica realidades omnitemporales, válidas en todo tiempo.

Sobre la base de lo dicho hasta aquí, una derivación lingüística y teológicamente sensible de ho theos agapē estin podría ser: “Dios ha actuado, actúa y actuará siempre en armonía con su esencia, el amor”.

A continuación, ofrezco una selección de fragmentos de los escritos de Elena de White que transmiten con penetrante percepción las implicaciones teológicas de esta inspirada y solemne afirmación del apóstol.

“Dios es amor en sí mismo, en su esencia” (Testimonios para los ministros, p. 265).

“ ‘Dios es amor’. Su naturaleza y su Ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre” (Patriarcas y profetas, p. 54).

“Dios nos amó con amor indecible, y nuestro amor hacia él aumenta a medida que comprendemos algo de la largura, la anchura, la profundidad y la altura de este amor que excede todo conocimiento” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 66).

“El Gran Conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el Universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la Creación. De aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas declaran, en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor” (El conflicto inminente, p. 128).

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