Tres menciones reveladoras y una acción poderosa.

El libro de Daniel es conocido entre los lectores de la Escritura como un tratado de profecías apocalípticas y/o escatológicas. Se ha dicho mucho sobre el cumplimiento de las profecías del profeta hebreo del siglo VI a.C. Sin embargo, el libro apunta no solo hacia los eventos finales, sino además presenta a Cristo como el Personaje principal de la profecía.

Existen, al menos, tres ocasiones explícitas en las que se describe al Mesías. 

1-Daniel 7: Allí se anuncia la aparición del Hijo del hombre en el contexto del Juicio y la sucesión de cuatro grandes imperios: Babilonia (león con alas), Medo Persia (oso), Grecia (leopardo con cuatro cabezas) y Roma (bestia indescriptible). En la descripción de este cuarto poder, se anuncian dos facetas: una faceta político/militar (Dan. 7:7) y otra religiosa (cuerno pequeño, 7:8). 

Es en el contexto de la hegemonía religiosa de Roma donde se anuncia un juicio, y en dicho juicio aparece uno “como un hijo de hombre”. Este personaje es alguien descrito al mismo nivel del “Anciano de días” del versículo 9. Así, Daniel 7:14 sostiene que el “Hijo del Hombre” recibe “dominio, gloria y reino”. En el Nuevo Testamento, Jesús se autoproclama “el Hijo del hombre”, conectando este título de Daniel a sí mismo como Mesías (Mar. 9:30, 31; Apoc. 1:13; Mat. 20:28).

2-Daniel 8 y 9: Estos dos capítulos están conectados debido a la interpretación de las 2.300 tardes y mañanas (Dan. 8:14, 16) y las setenta semanas (Dan. 9:24-27). Cuando  explica las 2.300 tardes y mañanas, el ángel  lo hace describiendo lo que pasaría en las primeras 70 semanas proféticas de un período mayor, a saber, las 2.300 tardes y mañanas. Considerando que ambos períodos proféticos inician en el mismo momento, esta profecía apunta hacia la aparición del “Mesías Príncipe” (Dan. 9:24). Por su parte, Daniel 9:26 anuncia que el Mesías sería muerto; y es descrito como el Príncipe del pacto en Daniel 11:22, donde también se presenta la idea de su muerte. Es así como Daniel describe la obra salvífica de Jesús como el Mesías, quien vendría “para poner fin a la transgresión, para terminar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna” (Dan. 9:24).

3-Daniel 12: En el versículo 1, Cristo se describe como “Miguel, el gran príncipe que vela sobre los hijos de tu pueblo”. Lo que llama la atención en este pasaje es que Cristo es el que libera. En esta idea de liberación por parte de Cristo en favor de su pueblo, no lo hace desde “la oficina” sino que, según el texto bíblico, “se levantará”. 

En el texto hebreo, este verbo es amad, e implica la idea de levantarse y prepararse para la batalla. Considerando que Daniel 1 nos introduce al gran conflicto cósmico utilizando las imágenes de Babilonia y Jerusalén, Daniel 12 le pone fin a la gran controversia de los siglos. 

En ese sentido, Cristo actúa en favor de su pueblo. Esta idea es también evidente en la historia narrada en Daniel 3, en la que los tres jóvenes hebreos son condenados a ser lanzados al horno de fuego ardiente. A la luz del texto bíblico, en aquella ocasión el Salvador prometido desde el Génesis apareció y liberó a los jóvenes fieles de la muerte segura. Cuando los jóvenes fueron echados al fuego, el rey babilonio reaccionó, puesto que logró vislumbrar la manifestación de un Ser celestial superior a toda potestad humana. El rey declaró: “Veo a cuatro hombres sueltos” (Dan. 3:25). Luego, el gobernante del Imperio babilonio afirmó que uno de los cuatro tenía el aspecto “semejante al de un hijo de los dioses”. Finalmente, Nabucodonosor declaró que este Ser celestial “ha librado a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes de servir y adorar a ningún otro dios excepto a su Dios” (Dan. 3:28).

Esta descripción es sumamente importante, pues nos habla de alguien que comparte la apariencia del ser humano, pero al mismo tiempo no es de esta creación. Es Miguel en acción, quien, como miembro de la Deidad, se identifica con su pueblo, para finalmente rescatar, o salvar, a los suyos. 

Es así como el “Hijo del hombre”, el “Mesías Príncipe” y “Miguel, el gran príncipe” son el mismo personaje que se levanta para salvar a su pueblo. La condición para eso es confiar en Dios plenamente y adorarlo sin reserva alguna. Que esta sea también tu experiencia hoy. ¡Maranata!

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