“Yo vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona” (Apoc. 3:11, NTV).

Camino hacia el Árbol de la vida. Siempre quise conocerlo… A mitad de camino mi corazón comienza a palpitar más fuerte. Me inunda una emoción que jamás sentí. De pronto veo sus ojos que me miran. ¡No lo puedo creer! Estoy tan sumido en su amor que parece que las piernas no me responden. ¡Es Jesús¡ ¡Es Jesús! Corro como nunca antes había corrido y salto de alegría. Corro y lloro de alegría. Caigo a sus pies. Él me toma y me levanta. “Tranquilo”, me dice, “ya estás en casa”. Tengo un nudo en la garganta. Quiero decir tanto, pero no me salen las palabras. Él me mira y me dice esto: (al final lo sabrás).

¿Cómo le explico a mi hijo que hay que esperar la segunda venida de Jesús? Vivimos en la cultura de lo inmediato, en la que cualquier noción sobre el concepto de espera es anticuado y obsoleto. Hoy todo es “ahora”. Si quiero pagar algo lo hago por transferencia. Si quiero saber sobre una isla, no debo ir a la biblioteca de Linares, como lo hacía cuando tenía quince años. Con Google, y en lo que me demoro en prender el celular, ya obtuve la información.

Muchos no nacimos en esta cultura de la inmediatez, nacimos en una cultura en que la espera era aceptada y reconocida. Pero esa cultura ya terminó. Hoy quiero hablarle a un joven de quince años que nunca esperó un evento mundial al que llevamos esperando dos mil años. Creo que se reiría en mi cara. Y es obvio; si un joven se pone nervioso cuando Internet tarda cinco segundos en cargar.

Sin embargo, hoy quiero hablarte de una espera que es la más maravillosa que puede existir para nuestra vida, porque produce esperanza. La espera produce sanación. La espera produce anhelo por la vida eterna. La espera produce una nueva historia cuando tu vida ha sido tan golpeada e injusta que necesita de una esperanza de salvación.

Dios sabe que en la espera deberás luchar por construir tu vida y tus sueños. Mantén tu fe a pesar de todo. Mantén tu actitud positiva y de esperanza, porque el tiempo de la espera está controlado por tu Creador. Él va delante guiando a su pueblo, luchando por su pueblo. Nuestro Dios se mostrará en forma increíble en la vida de aquellos que lo esperan.

Conocí un hombre en Colombia que se sentaba en la primera fila de la iglesia. Y siempre se vestía con el mismo traje, sin importar el frío, la lluvia o el calor. Después de un concierto, pregunté por qué siempre venía tan elegante al templo, sin importar la ocasión. Su historia me conmovió. Me contó que, mientras cenaba con su familia en su casa de campo, entraron guerrilleros, lo amarraron a su silla, y frente a él mataron a su esposa y sus dos hijitas. Unos meses después volvió a su casa, y solo tomo su Biblia y un traje. Ahora vivía en un pequeño cuarto, con lo necesario para sobrevivir. Cuando lo han querido ayudar, él solo dice: “Gracias. No necesito nada, ni quiero nada, porque estoy a la espera de poder reencontrarme con mi familia cuando Cristo regrese por segunda vez”. 

Te invito a que entres en el tiempo de la esperanza, en el tiempo del gozo, en el tiempo en que todas las heridas serán sanadas y volverá el gozo a nuestras almas.

Cuando en mi imaginación me encontré cara a cara con Jesús, no me salían las palabras, pero sentía que él entendía el clamor de mi corazón. Le dije: “Gracias por abrazarme esa noche cuando tenía seis años. Mi padre había muerto. Yo era un niño devastado por su ausencia. Tú te diste el tiempo de bajar del cielo y decirme: ‘Hijito, desde hoy yo seré tu padre’ ”. 

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.