¿Destruir a los que destruyen la tierra? ¿Un precoz manifiesto inspirado en favor de la ecología y contra la contaminación ambiental, 17 siglos antes de la revolución industrial? No, pese a las apariencias…

Sucede que, a diferencia de la poesía clásica en nuestro idioma, que suele recurrir a la rima sonora en la terminación de las últimas palabras de cada línea, la literatura bíblica destaca la relación existente entre declaraciones paralelas referidas a un mismo asunto, utilizando imágenes verbales que actúan como sinónimos. Se trata de una rima de ideas y conceptos, antes que de sonidos.

Apocalipsis 11:18 es un claro ejemplo de ello; sobre todo, a la luz del sentido original de algunas de las expresiones tomadas allí por Juan del Antiguo Testamento y utilizadas por él también en otras partes cruciales de su mensaje. Tal es el caso de “ira” o “enojo” (orgé), “naciones” (éthne), “juzgar” (kríno), “destruir” (diafthéiro) y “tierra” ().

La enemistad de las naciones mencionada al comienzo del versículo trae, sin duda, a la mente pasajes como el capítulo 2 de los Salmos e Isaías 17:12 y 13; y 34:2, referidos a la intervención de Dios en favor de su pueblo fiel, y contra la contaminación moral y la dominación cruel de este por parte de algunas potencias paganas. Juan aplica así expresiones que tuvieron un sentido literal en el pasado a situaciones enfrentadas por la iglesia cristiana, el Israel espiritual de Dios, a lo largo de la historia, comenzando con el siglo primero.

¿En qué consiste esta ira, furia o ardor, y a quiénes representan aquí esas “naciones”? Es interesante que la palabra orgé, traducida como “ira”, aparece en otras partes del Apocalipsis en relación con el ardor (thumós y orgé, de allí “orgía”) de la inmoralidad apóstata de algunos personajes simbólicos, como la mujer infiel que se prostituye y adultera en contra de Dios, su Esposo celestial, con el poder secular representado como una bestia feroz en el capítulo 17. En tal sentido, la palabra traducida como “destruyen” (diafthéiro y derivados) tiene en la Biblia no solo un sentido literal, sino también significa contaminar, arruinar o corromper moral y espiritualmente.

Gracias, Señor, porque está cercano el momento en que harás justicia a tus testigos fieles oprimidos por el mal.

¿Quiénes son estas “naciones” (éthne) airadas? La palabra así traducida se refiere a los paganos en general; particularmente, a los cananeos y los filisteos que habían prevalecido contra el pueblo de Dios en la época del Antiguo Testamento, por no haber sido expulsados de la Tierra Prometida según el mandato divino dado a Moisés y a Josué. En Apocalipsis, la palabra éthne aparece 23 veces, en la mayoría de los casos explícitamente con un matiz negativo de enemistad contra Dios y los fieles de entre su pueblo, los testigos fieles del mensaje de Cristo y los apóstoles.

En vista de ello, la expresión “las naciones” tenía para Juan un sentido espiritual, no literal, como designación de poderes humanos de inspiración diabólica opuestos a Dios y a sus testigos fieles en distintos momentos de la historia, particularmente en la fase crucial y última del conflicto entre el bien y el mal.

Por su parte, la palabra “juzgar” significa claramente aquí “hacer justicia”; “vindicar”; “dar el galardón”, en este caso, a quienes han sido objeto de una injusticia o conducta abusiva, los testigos fieles de Dios designados como “los muertos, tus siervos los profetas, los santos, los que reverencian tu nombre”. Juzgar en tal sentido era, precisamente, la misión de los “jueces” que actuaban de parte de Dios en tiempos del Antiguo Testamento.

Resulta evidente en tal sentido la conexión entre este pasaje y el clamor figurado de los mártires cristianos silenciados con la muerte a causa de su testimonio fiel (Apoc. 6:9-11). En 11:18 se anuncia que ha llegado por fin la hora del ajuste divino de cuentas con los instrumentos humanos del mal (Apoc. 6:16, 17; 18:20, 24).

Por otra parte, ¿cuál es “la tierra” objeto de la ira de los paganos espirituales? La palabra griega así traducida es el equivalente del término hebreo érets en el Antiguo Testamento, donde a menudo designa no solamente la Tierra Prometida, el territorio donde Dios colocó a su pueblo como su testigo en favor de los paganos tras el Éxodo, sino también al pueblo mismo.

A partir del rechazo del Mesías y su muerte en la cruz, la iglesia se convirtió figuradamente en “la tierra”, el Israel espiritual e inclusivo de Dios. Esto resulta evidente en la estructura literaria del versículo, donde “la tierra” se encuentra en paralelo con “los muertos, tus siervos los profetas, los santos, los que reverencian tu nombre”. Esto demuestra que ambas designaciones son allí intercambiables y se refieren a la misma realidad: al pueblo de Dios contaminado en parte por la cultura prevaleciente y, en el caso de la minoría fiel, hostigado por el mal institucionalizado en sus diversas formas y momentos. RA

Sobre El Autor

Hugo Cotro

Pastor, doctor en Teología y docente universitario de destacada trayectoria. Actualmente ejerce su ministerio como profesor en la Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos, Rep. Argentina.

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2 Respuestas

  1. Luis Klever Vargas Ruiz

    Interesante articulo, que arroja luces sobre una cita biblica que yo siempre habia considerado como una postura ecologica o ambientalista.

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  2. Ricardo

    la verdad que este articulo están poco claro que me dejo donde mismo, sin una explicación clara y sencilla con respecto a la ultima frase que aparece en apoc. 18:11

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