Cierta noche, estaba cenando cuando recibí una llamada telefónica. La persona que llamó me dijo, muy exaltada:

–¡Pastor! ¡Mi esposa está loca, ya no aguanto más! ¡Me voy a divorciar!

Era uno de los miembros de iglesia, que estaba atravesando por una crisis matrimonial. Lo tranquilicé, y finalmente acordamos un encuentro para conversar sobre la situación que estaban viviendo. Pronto tuvimos varias entrevistas, con él, por un lado, con su esposa por el otro, y con los dos juntos. Él se había ido de la casa, y los llamados de la esposa eran interminables. Así, comenzamos a analizar la problemática, buscando soluciones.

En estos últimos tiempos, los hogares están siendo sacudidos por todo tipo de problemas, y cada día con mayor intensidad. Lo podríamos atribuir a la obra de Satanás. Pero lo sorprendente es escuchar cada vez con mayor frecuencia que el divorcio es la mejor solución a los problemas matrimoniales. Pero ¿es esta la voluntad de Dios? ¿Cuándo es aceptable el divorcio a la vista de Dios?

 

La Biblia y el divorcio

Decisiones de este tipo afectan no solo nuestra vida y nuestra familia, sino también a la iglesia, nuestra participación activa en ella y, por supuesto, nuestra vida espiritual. Aunque posiblemente sea este el primer aspecto que se ve afectado.

Al buscar la orientación divina, queda claro que el único causante de divorcio mencionado por Jesús es el adulterio (Mat. 5:31, 32). Además, como miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, entre nuestras creencias fundamentales reconocemos la unidad del matrimonio y la familia.1Revista Adventista - Julio 2018 - Nota de tapa

La Biblia nos dice que, en el principio, Dios instituyó el matrimonio (Gén. 2:18, 24); pero no para que fuera temporal (Mat. 19:6). En contraposición al matrimonio y por voluntad humana, y no de Dios, nos encontramos con el divorcio. La palabra hebrea para divorcio (kertîthûth) significa “despido” o, literalmente, “un corte de separación”. Esta palabra proviene del verbo kârath, que significa “cortar”. Es interesante notar que el equivalente griego en el Nuevo Testamento para este término es apostásion, de cuya raíz proviene también la palabra “apostasía”. Es evidente que antes de su legislación en la Ley de Moisés, tanto los israelitas como los hombres del resto del mundo antiguo se divorciaban de sus mujeres por casi cualquier motivo, y que estas caían en desgracia; por ello fue necesario regular el divorcio.2

“Como Cristo lo hizo resaltar más tarde, el divorcio no fue parte del plan original de Dios, sino que fue aprobado transitoriamente en la ley de Moisés debido a la ‘dureza’ del corazón de los hombres (Mat. 19:7, 8). Debería destacarse que la ley de Moisés no instituyó el divorcio. Por orden divina, Moisés toleró el divorcio y lo reguló, a fin de evitar abusos”.3

En otras palabras, Dios no estaba de acuerdo con el divorcio y no lo está aún hoy. Sin embargo, por causa del pecado y el aumento de la depravación moral, “Dios toleró algunas cosas a las cuales ciertamente no podía dar su aprobación”.4

En los tiempos de Jesús, y ya desde mucho antes, el hombre se divorciaba por cualquier motivo, por más insignificante que fuera. Esto se refleja en la pregunta capciosa que los fariseos hicieron a Jesús (Mat. 19:3-9), quien se refirió en su respuesta a la “dureza” de los corazones humanos. Esta ley, sencillamente, reconocía la situación existente y buscaba mejorarla. Esta era una ley de “permiso”, y no de obligación.5

Motivos de divorcio

Así, vemos que “Jesús reinterpretó el mandato acerca del divorcio afirmando que el hombre que diera el divorcio a su mujer por cualquier razón fuera de la infidelidad matrimonial cometía adulterio al casarse de nuevo (Mat. 5:31, 32; 19:3-9)”.6 Y finaliza aclarando que el matrimonio es para aquellos que sean capaces de recibirlo (Mat. 19:10-12).

Así también lo menciona Elena de White, quien enumera cuatro motivos por los cuales se podría aceptar el divorcio:

Según la enseñanza bíblica: Presenta el divorcio por causa de adulterio y explica que si no existiera ese motivo la persona que se divorcia comete adulterio.7

Divorcio antes que apostasía: Es este un caso muy particular en el cual, por defectos de carácter, uno de los cónyuges ha llegado a ser instrumento de Satanás para impedir que el otro cónyuge entregue a Dios los talentos y la influencia que le fueron dados. Resalta que el voto matrimonial es inquebrantable, pero también se tiene votos para con el Señor, y estos están por encima y son indisolubles.8 De todas maneras, es claro que esta separación no habilita a ninguna de las dos partes para volver a casarse (ver Mat. 5:31, 32).

En caso de maltrato: Este es un punto de suma importancia en los tiempos que vivimos, y así como podemos ver a nuestro alrededor cómo hay esposos que no saben tratar a sus esposas (o viceversa), tratándose de violencia de género de cualquier índole y abuso de la persona, el consejo es no permanecer al lado de una persona con semejantes características hasta que reconozca su error y se corrija, o reconozca su enfermedad y reciba el tratamiento adecuado.9

Por abandono: Aquí, en contraposición a la experiencia del profeta Oseas, a quien su esposa abandonó en reiteradas oportunidades y Dios le mandó buscarla en cada oportunidad, la señora de White se basa en el caso de una esposa que hace abandono de su hogar en forma reiterada, pero en este caso aconseja al esposo resignarse y no hacer su vida aún más miserable.10

Revista Adventista - Julio 2018 - Nota de tapa

De estos puntos, se desprende el hecho de que la sierva del Señor, al igual que Moisés en la antigüedad, toleró el divorcio en casos particulares en que es evidente que ya no se vislumbra solución alguna. Es importante destacar, una vez más, que si bien estas situaciones pueden ser causales de separación, ninguna de ellas justifica el nuevo casamiento: el único justificativo para divorcio y nuevo casamiento, según la Biblia, es el adulterio.

Sin embargo, aquellos que realmente desean salvaguardar el matrimonio, aun después de una infidelidad conyugal o cualquier otra vicisitud matrimonial, si se humillan dejando de lado el orgullo y piden perdón a su cónyuge, y a su vez el cónyuge inocente ama de veras a su compañero que fue infiel, debe acercarse a él y ofrecerle el perdón.11

También podemos señalar que el divorcio no es un recurso que sirva para mejorar la situación de matrimonio alguno sino, por el contrario, es el mejor recurso para destruir los hogares. No hay situación límite que obligue a dar tal paso en falso, ya que toda situación problemática puede tener una solución aceptable y favorable si se procura la ayuda de Dios. A tal fin, conviene aclarar que los casos mencionados por Elena de White son casos particulares, de los cuales no es conveniente hacer generalizaciones para llevar a otros al divorcio.

Salvar el matrimonio sin divorciarse

Por encima de los motivos de divorcio que la humanidad quiera establecer está la Ley de Dios, y la señora de White presenta casos o situaciones en que entiende que la relación matrimonial puede ser restablecida, y no es necesario recurrir al divorcio para subsanar una relación conyugal dañada. Para lo cual se supone que la pareja esté dispuesta a salvar dicha relación con la ayuda de Dios.

Los casos o las situaciones que establece son los siguientes:

Buscar a Dios en oración: En determinado caso, Elena de White aconsejó velar en oración para hallar solución al problema matrimonial, pues consideró que en esa situación se estaría obrando contra la voluntad de Dios si se recurriera al divorcio.12

Casamientos no acertados: Menciona que el matrimonio fue desavenido por causa de Satanás; sin embargo, ruega a los esposos que hagan lo mejor que puedan para intentar ser felices.13

Esposos que no congenian: Este tipo de casos son casi normales en nuestros días; no obstante, pueden ser resueltos siguiendo el consejo que esta autora diera a un matrimonio específico cerca de un siglo atrás, recomendándoles que modifiquen sus temperamentos y se preocupen el uno por el otro, para fortalecer el afecto mutuo.14

En las subsiguientes entrevistas que tuvimos con el miembro de iglesia mencionado al inicio, encontramos que la situación era más delicada de lo que parecía. El esposo que procuraba divorciarse estaba teniendo una aventura amorosa; en otras palabras, estaba viviendo en adulterio. Y pretendía que su imagen no se viera afectada procurando excusarse en el estado de su esposa, quien, por cierto, no estaba loca, sino embarazada y enfurecida por la actitud de él.

Revista Adventista - Julio 2018 - Nota de tapaJuntos pudimos analizar la situación por la que estaban atravesando, y buscar el consejo divino a la luz de la Biblia y los escritos de Elena de White, a fin de salvar su matrimonio. Por sobre todo, pudimos comprobar, una vez más, que lo mejor continúa siendo procurar la voluntad de Dios en todas las cosas, incluyendo el matrimonio, ideado por Dios para que dure toda la vida.

Si estás pasando por una crisis matrimonial, si sientes que nada puede salvar tu matrimonio y que el divorcio es la única salida, nunca olvides que “nada hay imposible para Dios” (Luc. 1:37).

“Presenta ante Dios tus necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No puedes agobiarlo, no puedes cansarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos. ‘El Señor es muy misericordioso y compasivo’ (Sant. 5:11). Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aun por nuestra presentación de ellas. Llévale todo lo que deje perpleja tu mente. Ninguna cosa es demasiado grande como para que él no la pueda soportar, porque él sostiene los mundos y gobierna todos los asuntos del Universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es demasiado pequeño como para que él no lo note. No hay en nuestra experiencia capítulo demasiado oscuro que él no pueda leer; ni perplejidad demasiado difícil que él no pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar al alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escapar de los labios, sin que nuestro Padre celestial esté al tanto de ello, sin que tome en ello un interés inmediato. Él ‘sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas’ (Sal. 147:3)”.15 RA

También te invitamos a leer «Familias felices: 7 claves» aquí http://revistaadventista.editorialaces.com/index.php/2018/05/21/famiias-felices-7-claves/. 


Referencias:

1 Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Manual de la iglesia (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2015), p. 166.

2 Diccionario bíblico adventista del séptimo día (DBASD), ed. 1995, ver “Divorcio”.

3 “Carta de divorcio” (Mat. 5:31), Comentario bíblico adventista del séptimo día (CBASD), ed. F. D. Nichol, trad. V. E. Ampuero Matta (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995), t. 5, p. 327.

4 “Pervertir la tierra” (Deut. 24:4), CBASD, t. 1, p. 1.050.

5 Ibíd.

6 DBASD, ver “Divorcio”.

7 Elena de White, El hogar cristiano (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1988), p. 309.

8 ______________, Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2013), pp. 86, 87.

9 Ibíd., p. 312.

10 Ibíd., pp. 312, 313.

11 Sergio V. Collins, Problemas de la vida familiar y su solución (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1964), p. 58.

12 White, El hogar cristiano (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1988), pp. 310, 311.

13 Ibíd., p. 319.

14 Ibíd., pp. 313, 314.

15 White, El camino a Cristo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014), pp. 85, 96.