Juan Hus

Juan Hus Nace en 1370 y fallece en 1415. Teólogo, profesor y precursor de la Reforma protestante.

Legado

Fue autor de una obra llamada Eclessía (iglesia, en griego), en la que detalla sus discrepancias contra el sistema católico-romano imperante en esa época. Su conclusión más importante se basa en que Cristo es la cabeza de la iglesia, y no el Papa y los cardenales. Este escrito fue clave para el despertar de la Iglesia Protestante.


Jerónimo

Predicador, seguidor de las ideas de Wiclef y de Hus.

Luego de sufrir penosamente en la cárcel, débil y enfermo, declaró ante el Concilio de Constanza, y se comprometió a retractarse de sus creencias y adherir a la fe católica. Sin embargo, un tiempo después, su conciencia no lo dejaba en paz, y sentía que había defraudado a Hus y a Dios.

Se desdijo de su retractación, y volvió a abrazar las creencias de Wiclef y de Hus. “De todos los pecados que he cometido desde mi juventud, ninguno pesa tanto sobre mí ni me causa tan acerbos remordimientos como el que cometí en este funesto lugar, cuando aprobé la inicua sentencia pronunciada contra Wiclef y contra el santo mártir, Juan Hus, maestro y amigo mío”, exclamó.

Murió quemado en la hoguera, en el mismo lugar que Hus, un año después.


“La semilla del Evangelio había sido sembrada en Bohemia desde el siglo noveno; la Biblia había sido traducida, y el culto público se celebraba en el idioma del pueblo; pero conforme iba aumentando el poder papal, se oscurecía también la Palabra de Dios. Gregorio VII, que se había propuesto humillar el orgullo de los reyes, no estaba menos resuelto a esclavizar al pueblo, y con tal fin expidió una bula para prohibir que se celebrasen cultos públicos en lengua bohemia […].

“Así decretó Roma que la luz de la Palabra de Dios fuera extinguida y que el pueblo quedara encerrado en las tinieblas; pero el Cielo había provisto otros agentes para la preservación de la iglesia. Muchos valdenses y albigenses, expulsados de sus hogares por la persecución, salieron de Francia e Italia y fueron a establecerse en Bohemia. Aunque no se atrevían a enseñar abiertamente, trabajaron celosamente en secreto, y así se mantuvo la fe de siglo en siglo […].

“Juan Hus era de humilde cuna y había perdido a su padre en temprana edad. Su piadosa madre, considerando la educación y el temor de Dios como la más valiosa hacienda, procuró asegurársela a su hijo. Hus estudió en la escuela de la provincia y pasó después a la Universidad de Praga, donde fue admitido por caridad […]. En la Universidad, se distinguió por su aplicación, su constancia en el estudio y sus rápidos progresos, al par que su conducta intachable y sus afables y simpáticos modales le granjearon general estimación […].

“Un vecino de Praga, Jerónimo, que con ulterioridad iba a colaborar tan estrechamente con Hus, trajo consigo, al regresar de Inglaterra, los escritos de Wiclef. La reina de Inglaterra, que se había convertido a las enseñanzas de este, era una princesa bohemia, y por medio de su influencia las obras del reformador obtuvieron gran circulación en su tierra natal. Hus leyó estas obras con interés; tuvo a su autor por cristiano sincero y se sintió movido a mirar con simpatía las reformas que él proponía […].

“Las noticias de la obra hecha en Praga llegaron a Roma y pronto fue citado Hus a comparecer ante el Papa […]. Hasta aquí, Hus había estado solo en sus labores, pero entonces Jerónimo, que durante su estada en Inglaterra había hecho suyas las doctrinas enseñadas por Wiclef, se unió con él en la obra de reforma. Desde aquel momento, ambos anduvieron juntos y ni la muerte había de separarlos.

“Jerónimo poseía en alto grado lucidez genial, elocuencia e ilustración, y estos dones le conquistaban el favor popular; pero en las cualidades que constituyen verdadera fuerza de carácter, sobresalía Hus. El juicio sereno de este restringía el espíritu impulsivo de Jerónimo, el cual reconocía con verdadera humildad el valer de su compañero y aceptaba sus consejos. Mediante los esfuerzos unidos de ambos, la reforma progresó con mayor rapidez.

“Debilitado por la enfermedad y por el encierro […] Hus fue al fin llevado ante el concilio. Cargado de cadenas, se presentó ante el emperador, que empeñara su honor y buena fe en protegerlo. Durante todo el largo proceso sostuvo Hus la verdad con firmeza, y en presencia de los dignatarios de la Iglesia y del Estado allí reunidos elevó una enérgica y solemne protesta contra la corrupción del clero. Cuando se le exigió que escogiese entre retractarse o sufrir la muerte, eligió la suerte de los mártires […]. En la oscuridad de su calabozo, previó el triunfo de la fe verdadera […].

“Un celoso partidario del Papa, al referir el martirio de Hus y de Jerónimo, que murió poco después, dijo: ‘Ambos se portaron como valientes al aproximarse su última hora. Se prepararon para ir a la hoguera como se hubieran preparado para ir a una boda; no dejaron oír un grito de dolor. Cuando subieron las llamas, entonaron himnos y apenas podía la vehemencia del fuego acallar sus cantos’.

“Cuando el verdugo, a punto de prender la hoguera, se puso detrás de Jerónimo, el mártir exclamó: ‘Ven por delante, sin vacilar. Prende la hoguera en mi presencia. Si yo hubiera tenido miedo, no estaría aquí’. Las últimas palabras que pronunció cuando las llamas lo envolvían fueron una oración. Dijo: ‘Señor, Padre todopoderoso, ten piedad de mí y perdóname mis pecados, porque tú sabes que siempre he amado tu verdad’ […]. Cuando el fuego hubo terminado su obra, las cenizas del mártir fueron recogidas juntamente con la tierra donde estaban esparcidas y, como las de Hus, fueron arrojadas al Rin.

“Así murieron los fieles siervos que derramaron la luz de Dios. Pero la luz de las verdades que proclamaron –la luz de su heroico ejemplo– no pudo extinguirse. Antes podían los hombres intentar hacer retroceder al Sol en su carrera que apagar el alba de aquel día que vertía ya sus fulgores sobre el mundo”. RA

Párrafos extraídos del capítulo 6  (“Dos héroes de la Edad Media”) del libro El conflicto de los siglos, de Elena de White.

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