Cuatro hábitos que podemos cultivar para fortalecer nuestra vida espiritual. 

En el sanatorio donde nacieron nuestros hijos hay una linda costumbre. Cada niño que nace recibe una Biblia con su nombre, un versículo y la pequeña huella de su pie impresa en la portada, como dando a entender el deseo de que ese libro pueda guiar sus pasos desde el mismo comienzo de la vida. El Salmo 119:105 declara: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. Este pasaje ilustra el propósito práctico que tiene la Biblia: fue dada para guiarnos en las decisiones de nuestro diario vivir. 

Septiembre es especial ya que es llamado “el mes de la Biblia”. Esto nos animó a pensar en cuatro hábitos que podemos cultivar como familia para fortalecer nuestra vida espiritual por medio de la Palabra de Dios:

1-Leer y estudiar: Primero que nada, hay que fomentar el hábito de la lectura y el estudio de la Biblia diariamente (Jos. 1:8; Deut. 6:6, 7), siempre pidiendo por medio de la oración la asistencia del Espíritu de Dios (Juan 16:13). Es importante, como familia, apartar tiempo para la lectura individual y grupal de las Escrituras. 

2-Memorizar: El salmista exclamó: “En mi corazón [mente] he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Algunos estudios muestran que después de 24 horas podemos recordar con exactitud el 5 % de lo que oímos, el 15 % de lo que leímos, el 35 % de lo que estudiamos, pero el 100 % de lo que memorizamos. Elena de White afirmó: “Llegará el tiempo cuando muchos serán privados de la Palabra escrita. Pero, si esta Palabra está grabada en la memoria, nadie puede quitarla de vosotros” (Eventos de los últimos días, p. 60). Este importante ejercicio puede hacerse de maneras muy entretenidas; por ejemplo, mediante juegos o alabanzas. 

3-Meditar: Implica pensar y reflexionar sobre el contenido de aquello que leemos o memorizamos. La Biblia fue dada para nosotros; por lo tanto, siempre tendrá algo que decirnos. Podemos interiorizarla al pensar cómo lo que dice se configura con nuestra vida, tanto pasada como presente; cómo favorece nuestro proceso de conversión y acercamiento a Dios; cómo cambia o beneficia nuestro futuro.

4-Aplicar: La mera lectura de la Biblia no producirá nada en nuestra vida si no la ponemos en práctica. Necesitamos llevar los principios eternos que Dios ha revelado en su Palabra a todos los aspectos comunes y cotidianos de nuestra vida en este mundo (Sant. 1:22-25; Apoc. 1:3).

Proverbios es un muy buen ejemplo de cómo llevar la Ley de Dios al campo práctico de los problemas cotidianos: La elección del cónyuge (Prov. 2:16-19; 5; 9:13; 11:16; 12:4; 14:1); personas con las que me tengo que asociar (Prov. 11:30; 12:26; 13:20; 16:19; 17:12); conductas para cultivar (Prov. 4:5; 10:9, 12, 18; 11:9, 24, 25; 12:19); comportamiento en el trabajo (Prov. 6:6-11; 11:1; 13:11; 17:2) y cómo debo ser con mis amigos (Prov. 16:28; 17:9, 17).

Los proverbios son enunciados breves de uso popular que poseen una intención didáctica o moral. Sirven para reflexionar sobre lo bueno y lo malo. Son una herramienta muy útil para aplicar los principios revelados a las más diversas circunstancias que nos trae la vida.

Jesús, el humilde Maestro de Nazaret, fue un especialista en conectar la Palabra de Dios con las cosas de la naturaleza o los temas de la vida cotidiana. Elena de White comenta: “Jesús enseñó por ilustraciones y parábolas sacadas de la naturaleza y de los acontecimientos familiares de la vida diaria […]. De esta manera, asociaba las cosas naturales con las espirituales, vinculando las cosas de la naturaleza y la vida de sus oyentes con las verdades sublimes de la Palabra escrita. Y más tarde, cuandoquiera sus ojos cayesen sobre los objetos que él había asociado con la verdad eterna, oirían repetidas sus lecciones” (Consejos para los maestros, p. 132). 

Al llevar a la práctica estos hábitos, con esfuerzo y perseverancia, estaremos allanando el camino para que el Espíritu de Dios nos guíe en cada trance, prueba o decisión que tomemos. Es nuestro anhelo que se cumpla el deseo de Pablo expresado en Colosenses 3:16: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”.  RA

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