UN 2020 INESPERADO NO SOLO TRAJO PLANES FRUSTRADOS SINO TAMBIÉN VIRAJES IMPREVISTOS, EXPERIENCIAS ALECCIONADORAS Y VICTORIAS DE FE. 

Por eso, entrevistamos al Pr. Köhler y a siete adventistas de diferentes países y profesiones para que nos relaten cómo afrontaron la vida y la misión en tiempos de COVID-19.


“El coronavirus ha servido como un termómetro de nuestra fe”

Entrevista al Pr. Erton Köhler, presidente de la División Sudamericana (DSA).

Revista Adventista (RA): ¿Cómo afectó esta pandemia, hasta ahora, la marcha de la iglesia en Sudamérica?

Erton Köhler (EK): La iglesia enfrentó cambios radicales e inesperados, al igual que toda la sociedad. El principal fue ajustar nuestras actividades del modelo presencial al modelo virtual. Comenzamos con los servicios y luego tuvimos que ajustar el trabajo de nuestros hospitales con sus equipamientos de salud, el funcionamiento de las oficinas, la gestión financiera, la distribución de literatura, la programación de televisión y radio Nuevo Tiempo, y principalmente, nuestros proyectos evangelizadores. 

Además, se produjeron cambios complejos en la red educativa, el colportaje y los proyectos de voluntariado. Otra área muy afectada fue el ministerio pastoral. Los campos locales tuvieron que cambiar su modelo de trabajo con los pastores de distrito, al mismo tiempo que las actividades ministeriales se volvieron más intensas y complejas. Expandimos los proyectos solidarios, recolectando y distribuyendo 3,5 millones de kilos de alimentos, y promovimos proyectos misioneros alternativos, buscando llegar a las personas en su nueva realidad. 

Toda la inestabilidad generada por la pandemia y estos cambios también provocó un despertar espiritual, con el fortalecimiento de la búsqueda de mensajes proféticos y un gran retorno de miembros alejados. A pesar de todo, la misión sigue viva, y en los meses de mayor aislamiento social Dios nos dio una gran cosecha. Nuestros pastores respetaron las reglas de seguridad sanitaria, pero no dejaron de bautizar. Trajeron a 7.317 personas a Jesús en abril y a 6.581 en mayo en toda la DSA.

RA: ¿Qué estrategias impulsó la DSA en este contexto?

EK: Cuando comenzó la cuarentena, trabajamos diariamente con nuestro comité de crisis. Con mucho diálogo, análisis técnico y oración, buscamos brindar seguridad a la iglesia, actuar rápidamente, desarrollar protocolos y recomendaciones específicos para el funcionamiento seguro de las diferentes áreas e instituciones. 

Nos concentramos en cinco movimientos especiales, a fin de mantener a la iglesia atendida y activa: “Comparte esperanza”, con la recolección y distribución de alimentos; “Vida por vidas”, fomentando la donación de sangre; “Oído amigo”, que ofrece asistencia psicológica; “Si mi pueblo orara”, levantando un movimiento de oración; y “Multiplique esperanza”, uniendo nuestros diferentes proyectos misioneros. 

Debido a la urgencia de la situación, comenzamos a coordinar estos proyectos desde la División Sudamericana. Sin embargo, tan pronto como cada región pudo organizarse, las iniciativas se volvieron locales, haciendo que los movimientos fueran más personales.

RA: ¿Contamos con datos concretos sobre número de hermanos adventistas infectados y muertos por la COVID-19 en la DSA?

EK: Lamentablemente, el efecto de la pandemia también fue fuerte dentro de la iglesia. Hasta mediados de julio, 23.927 adventistas habían sido infectados y 1.296 hermanos habían fallecido. Más que números, fueron familias que sufrieron y lloraron la pérdida de sus seres queridos. Muchos miembros y líderes descansaron en “la bendita esperanza”, y algunos pastores y profesionales de la salud murieron en el “campo de batalla”. Por eso, elevamos nuestras oraciones diarias para que el Señor renueve la fuerza de los que permanecen y fortalezca la certeza del reencuentro en breve.

RA: Más allá de la salud, el tema económico es clave para todos en este contexto. ¿Qué medidas tomó o tomará la DSA respecto de reducción de gastos y de eventos?

EK: La iglesia recibe los efectos del contexto social. Como este es un momento de fuerte recesión económica, también estamos sintiendo el impacto, y estamos reduciendo los gastos para enfrentar esta crisis. Comenzamos a actuar en tres áreas con carácter de urgencia: gastos con el personal, reduciendo el 18,3 % de los costos salariales; gastos administrativos, con una reducción del 31,34 %; y gastos con eventos y materiales, que disminuyeron 83,56 %.

Continuaremos trabajando en las reducciones, entendiendo que la crisis financiera será más larga que la crisis de salud. Estamos evaluando áreas de trabajo que pueden reducirse o integrarse con otros sectores. También intensificamos la automatización de nuestros procesos técnicos, utilizando más tecnología para ahorrar tiempo y recursos. Todos los ajustes no solo apuntan a generar recursos con el fin de mantener la estructura, sino especialmente para fortalecer el apoyo a las necesidades de la primera línea, los proyectos de solidaridad y la misión de la iglesia.

RA: ¿Cómo ha respondido la hermandad en cuanto a la devolución de sus diezmos y ofrendas en este contexto?

EK: Es impresionante observar la fidelidad de nuestros hermanos, y los milagros de Dios. En estos meses de crisis severa, si comparamos los diezmos de enero a mayo de 2020 con el mismo período en 2019, tuvimos un crecimiento de 1,07 %, y las ofrendas crecieron 0,19 %. Por supuesto, esto es un promedio. Hay regiones que han tenido fuertes reducciones, y otras que han logrado un marcado crecimiento. 

Cuando miro estos números, veo la mano de Dios apoyando a sus hijos, porque antes de llegar a la iglesia los recursos llegaron a las manos de los miembros. Tengo un profundo agradecimiento a todos los fieles adventistas que, con sacrificio personal, han devuelto a Dios lo que le pertenece. Esto fortalece aún más nuestro compromiso de cuidar los recursos del Señor de manera responsable e invertirlos fuertemente en el cumplimiento de la misión.

RA: Sabemos que, efectivamente, esta epidemia no es el fin. No obstante, muchos hermanos lo han tomado así. ¿Cómo mantener el sano equilibrio para evitar el sensacionalismo religioso y no agitar innecesariamente ideas alarmistas? 

EK: Las crisis pueden ser comida o veneno para nuestra esperanza; depende de cómo las veamos. Si nos llevan a tener más comunión con Dios, amor por las personas y compromiso con la misión, sin duda la fe se nutrirá, fortaleciendo la preparación para el encuentro con el Señor. Pero, si damos espacio al sensacionalismo y al alarmismo, estaremos sofocando la misma esperanza que queremos alimentar. 

Estoy muy preocupado por las personas que no tienen una vida espiritual estable y dependen de mensajes fuertes, textos ocultos, videos alarmantes, predicadores carismáticos o eventos espectaculares para mantener viva su esperanza. Nadie irá al cielo por miedo, ni resistirá una preparación más prolongada si depende de estímulos fuertes. Será derrotado por la rutina y terminará dominado por la incredulidad. 

Necesitamos recordar, especialmente en tiempos de crisis como ahora, que nuestro enfoque no está en las señales, sino en el Señor. No necesitamos saber cuándo vendrá Cristo para estar preparados hoy. Las señales solo sirven para indicarnos a qué altura del viaje estamos e intensificar nuestra comunión, la búsqueda del poder del Espíritu Santo y la participación en los grandes movimientos misioneros de los últimos tiempos.

RA: ¿Cree que este contexto de crisis es una señal de alerta a fin de que estemos preparados para la crisis final?

EK: Creo que esta pandemia nos está preparando para situaciones que enfrentaremos en los momentos finales de la historia. Necesitamos enfrentarla de una manera positiva y pedagógica, a pesar de todas las consecuencias negativas. Nos ha enseñado a ser fieles ante la incertidumbre, incluso cuando estamos lejos de otros hermanos y servicios de la iglesia; a depender más del Señor y menos de los programas y las estructuras de apoyo; a ser más generosos; a revaluar las verdaderas prioridades; a cumplir la misión en medio de situaciones adversas y desear el regreso de Jesús más intensamente. 

El coronavirus ha servido como un termómetro de nuestra fe, evaluando nuestra condición y recordando que el mundo es frágil, que los dirigentes son limitados, que la vida es un suspiro y que necesitamos depender exclusivamente del Señor. Para la iglesia, ha sido un llamado a reajustar las estructuras, aumentar la profundidad bíblica e invertir más en el cumplimiento de la misión, reducir la inversión en programas y edificios, y centrarse más claramente en las personas. 

RA: Ya en varios países se ha permitido volver a las reuniones presenciales en la iglesia, con ciertos protocolos. ¿Cuán importante es que volvamos a congregarnos?

EK: Como iglesia, creamos un protocolo general para regresar a los servicios presenciales, buscando seguir pautas legales y hacer de nuestros templos un lugar de esperanza, pero también de seguridad sanitaria. Este protocolo se administra localmente, dentro de las reglas y las necesidades de cada campo. 

Durante la fase más difícil del aislamiento social, Internet fue un gran aliado de la iglesia, pero solo como un remedio temporal; no puede ser nuestro alimento definitivo. De lo contrario, tendremos mucho espectáculo y poca consistencia. 

La iglesia no es el edificio, sino la gente. Las personas reunidas en el edificio marcan la diferencia para el apoyo y el crecimiento espiritual.

RA: En los medios de comunicación se vierten miles de noticias sobre el virus. Al punto tal que se ha reflotado una nueva palabra (creada en los años ‘70 por el escritor A. Toffler) para referirse al exceso de información (que, lejos de informar, intoxica). La palabra es: “infoxicación”. ¿Cree que muchos hermanos, la mayoría con las mejores intenciones, están siendo “infoxicados” por cientos de sermones que escuchan por YouTube de personas que enseñan confusión y se dedican a criticar la organización de la iglesia? 

EK: Internet, cuando se usa con equilibrio, puede ser una gran fuente de bendiciones espirituales y oportunidades misioneras. Pero, cuando se usa sin filtros, domina la mente y controla el tiempo, convirtiéndose en un medio de confusión, engaño y pecado. Durante la pandemia, ha sido importante para el cuidado espiritual, para mantener nuestra unidad, para involucrar a los miembros y desarrollar proyectos misioneros. A través de programas en vivo, la plataforma de video Feliz7Play, las redes sociales y nuestro canal de noticias (www.noticias.adventistas.org), hemos aprovechado sus recursos. 

No obstante, también se ha convertido en un caldo de cultivo para todo tipo de novedades, interpretaciones teológicas peligrosas, ministerios independientes, predicadores sensacionalistas, teorías de conspiración y muchas otras formas de intoxicación que pueden envenenar las mentes de los hermanos sinceros. Todo está disponible y al alcance de un clic, con personas carismáticas, mensajes atractivos y engaños con una cara real. 

La única fuente segura es la Biblia. Por eso, necesitamos estar más interesados en el “así dice el Señor” y menos en “así dice el influencer”. Por otro lado, el uso excesivo de recursos virtuales puede terminar desalentando el estudio personal de la Biblia, alimentando una religión subcontratada y dependiente de sonidos, imágenes, carisma y espectáculos. Esto hace que la vida espiritual sea superficial y fácil de manipular.

RA: En junio pasado se iba a realizar el Congreso de la Asociación General. Por razones obvias, este evento no se llevó a cabo y se hará en mayo de 2021. ¿Cómo afecta este hecho la marcha general de la iglesia? ¿Cuáles son los planes por seguir durante este año y el año que viene?

EK: Quisiera informar, antes que nada, que el cambio de fecha también trajo un reajuste en el modelo del Congreso de la Asociación General. Ahora será más corto, con menos participantes y con costos reducidos. 

Más allá de esto, la Asociación General ya anticipó el lanzamiento oficial del proyecto Yo iré, que será el nuevo enfoque de la iglesia por cinco años. Pero, junto con este cambio global, también hemos tenido muchos cambios locales. El Impacto esperanza, que habría tenido lugar en mayo pasado, ahora se realizará el 31 de octubre, cuando esperamos que la cuarentena sea mucho más flexible. En noviembre tendremos una semana especial para exmiembros, con una gran reunión de reencuentro el 28 de noviembre. 

Sin embargo, nuestra principal prioridad ahora es preparar a la iglesia para la poscuarentena, con el regreso a los servicios presenciales y la adaptación a la llamada “nueva normalidad”. Adoptamos el lema “Una voz de esperanza” para identificar nuestro compromiso de continuar siendo una voz bíblica, profética y positiva para la sociedad, pero siempre renovando la esperanza en el pronto regreso de Jesús. 

Tenemos tres prioridades especiales, que se aplicarán en el contexto de cada región: 1-Visitas, priorizando un servicio más personal para los miembros; 2-Cultos, fortaleciendo la calidad del mensaje y adaptando los servicios a las recomendaciones de salud pública; y 3-Movilización, desarrollando proyectos misioneros y solidarios a través de pequeños grupos y unidades de la Escuela Sabática, que son nuestras pequeñas comunidades relacionales.

RA: Por último, ¿qué mensaje personal quisiera dejar a los lectores en estos momentos?

EK: Tengo un versículo bíblico favorito que sirve como un gran apoyo para la vida personal, familiar, profesional y espiritual en este momento de tantas incertidumbres. Está en Mateo 6:33, y dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Continuaremos viviendo días de crisis e incertidumbre, en los cuales debemos ser prudentes, equilibrados, cuidadosos, dedicados y creativos. Pero, para que eso suceda, necesitamos fortalecer y profundizar nuestra relación diaria con el Señor. Solo él nos dará la fuerza para enfrentar tanta turbulencia, equilibrio para evitar caer en los extremos, fidelidad para no ser seducidos por el enemigo, poder para cumplir la misión y renovada esperanza en el regreso de Jesús.RA

Entrevista: Marcos Blanco y Pablo Ale.

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Lee también el artículo «Siete países, siete historias», con entrevistas a hermanos adventistas que de una u otra manera hicieron frente a la COVID-19.

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