Cómo mirar las cosas de este mundo desde la óptica del Cielo.

Por Karl Günther Boskamp Ulloa

El ojo es uno de los órganos más complejos que tiene el cuerpo humano; y de los cinco sentidos, el de la vista podría ser uno de los más importantes. En gran parte definimos y comprendemos el mundo que nos rodea por cómo lo vemos. Sin embargo, aunque todos los seres humanos percibimos el mundo a través de los mismos sentidos, es nuestro cerebro el que en gran medida interpreta estas percepciones de la realidad y las convierte en algo tangible para nosotros.


“La salida de la Tierra” (The Earthrise 1968) (Foto original: NASA).

El “efecto perspectiva”

En 1957, la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite (el Sputnik I), dando así lugar al inicio de la carrera espacial, en competencia con Estados Unidos. Desde entonces, las principales potencias mundiales no solo han puesto en el espacio diversos artefactos, sino también han enviado al espacio numerosas misiones tripuladas. Hasta la fecha, han sido poco más de quinientas las personas privilegiadas que han podido ver nuestro planeta desde el espacio. Entre este grupo selecto de personas se dio un fenómeno interesante, cuando varios de ellos reportaron una extraña sensación al ver al planeta Tierra desde el espacio. En 1987, el escritor Frank White denominó esta experiencia como el “efecto perspectiva” (en inglés, Overview Effect).1

El “efecto perspectiva” se define como “un cambio cognitivo de la conciencia, reportado por algunos astronautas y cosmonautas durante los vuelos espaciales, cuando observan la Tierra, estando en órbita, o desde la superficie lunar”.2 En otras palabras, hace referencia a la experiencia de observar en primera persona la realidad de la Tierra desde el espacio, la cual se percibe inmediatamente como una débil y frágil bola de vida, ‘flotando en el vacío’, protegida y sustentada por una atmósfera del grosor de un papel de tabaco. Los astronautas afirman que las fronteras desaparecen, los conflictos que dividen a las personas ya no parecen importantes y la necesidad de crear una sociedad planetaria con un objetivo común de proteger este punto azul pálido se convierte en algo obvio y acuciante.3

Ahora bien, otra cosa interesante de este efecto es que no solo se ha producido en los astronautas sino también en otras personas que han contemplado esto mismo, pero gracias al papel mediador de las fotografías. En este sentido, hay dos fotografías a las cuales se les atribuye un gran impacto en la sociedad contemporánea. La primera de ellas se conoce como “La salida de la Tierra” (The Earthrise) y fue tomada el 24 de diciembre de 1968 por William Anders durante la misión del Apolo VIII a la Luna. La foto fue sacada desde la órbita lunar y se puede apreciar en ella a la Tierra parcialmente en la sombra, en un primer plano de la superficie lunar (véase imagen 1). En 2003, esta foto fue catalogada por la revista Life como una de las cien fotografías que cambiaron al mundo.

La segunda fotografía se denominó “La canica azul” (The Blue Marble), y fue tomada el 7 de diciembre de 1972 por la tripulación del Apolo XVII a una distancia de unos 29.000 kilómetros de la superficie terrestre (véase la imagen 2). Es una de las pocas fotografías que muestran a la Tierra completamente iluminada, y puede ser que sea una de las imágenes más reproducidas en la historia de la humanidad.

Estas imágenes ayudaron a popularizar el efecto perspectiva y contribuyeron en gran medida a los movimientos ambientalistas que se desarrollaron en la década de los  años ‘70. Se convirtieron en un símbolo de dichos movimientos, como una representación de la fragilidad, la vulnerabilidad y el aislamiento de la Tierra en medio de la vasta extensión del espacio exterior.

El “efecto gloriosa perspectiva”

Ahora bien, los astronautas no han sido los únicos que han reportado un cambio cognitivo a partir de la posibilidad de ver y conocer una realidad que trasciende a la de nuestra vida en la Tierra. En la Biblia se narran diversas experiencias de hombres y mujeres a los que, arrebatados en sueños o visiones, se les permitió conocer otros mundos, las realidades celestiales, e incluso las glorias futuras que vivirán los redimidos. Tales vivencias no reportaron solo un cambio en su propia vida, sino además, a través de las imágenes que pintaron con palabras también supieron popularizar ese efecto al que denominaremos “efecto gloriosa perspectiva”. Describiremos a continuación solo algunos de los ejemplos que encontramos en la Biblia.

La experiencia de Habacuc

Cansado de ver iniquidad, injusticia, destrucción y violencia, el profeta Habacuc comienza su libro con una queja a Dios (Hab. 1:1-4). La realidad presente lo aterra y desanima. Lo que ve y comprende formula serias dudas acerca de Dios y de su justicia. Dios atiende al sincero descargo de su profeta. Primero habla con él (1:5-11), pero el profeta aún no se siente satisfecho (1:12-17). Entonces, Dios decide mostrarle algo en visión (2:3). Lo raro es que, a diferencia de otros libros proféticos, el profeta no escribe en su libro los detalles de dicha visión. Tan solo reacciona con una sentida oración de gratitud y confianza renovada (todo el capítulo 3). En dicha oración tenemos apenas algunas pistas de lo que se le mostró al profeta:

Dios viene de Temán;
el Santo, desde el monte Parán. Selah
Su gloria cubrió los cielos,
la tierra se llenó de su alabanza.
Su resplandor es como la luz.
Rayos brillantes salen de su mano;
allí está escondido su poder (Hab. 3:3, 4).4

Es probable que al profeta se le hayan mostrado escenas de la segunda venida de Cristo y el juicio final de Dios a las naciones. Tal vivencia reportó al profeta un verdadero cambio cognitivo, tal como lo deja ver el contraste entre sus primeras palabras y las palabras finales de su libro:

Oí, y se conmovieron mis entrañas;
al oír la voz temblaron mis labios.
Pudrición entró en mis huesos,
y dentro de mí me estremecí.
Tranquilo espero el día de la angustia
que vendrá sobre el pueblo que nos ataca.
Aunque la higuera no florezca
ni en las vides haya frutos,
aunque falte el producto del olivo
y los labrados no den mantenimiento,
aunque las ovejas sean quitadas de la
majada y no haya vacas en los corrales,
con todo, yo me alegraré en Jehová,
me gozaré en el Dios de mi salvación.
Jehová, el Señor, es mi fortaleza;
él me da pies como de ciervas
y me hace caminar por las alturas (Hab. 3:16-19).

Otras experiencias

Vivencias similares a estas experimentaron los patriarcas, que superaron los obstáculos de la vida pensando en las promesas que les fueron hechas y esperando en la Patria celestial (Heb. 11:13-16). También el justo y perseverante Job, sometido a una serie de pruebas como ningún otro, clamó con esperanza: “Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán, no los de otro. Pero ahora mi corazón se consume dentro de mí” (Job 19:25-27). De igual modo, Pablo enseñó:

“Os digo un misterio: No todos moriremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados, pues es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción y que esto mortal se vista de inmortalidad […]. Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Cor. 15:51-58; 1 Tes. 4:13-18).


 “La canica azul” (The Blue Marble, 1972). (Foto original: NASA.)

La experiencia de Elena de White

En tiempos recientes, el don profético se manifestó en la persona de Elena de White. En medio de la confusión ocasionada por el Gran Chasco de 1844, recibió su primera visión para fortalecer a la desanimada grey. En esa primera visión, ella registró lo siguiente:

“Puesto que Dios me ha mostrado los viajes del pueblo adventista hacia la Santa Ciudad y la rica recompensa que se dará a quienes aguardan el regreso de su Señor de la boda, puede ser mi deber darles un breve esbozo de lo que Dios me ha revelado. Los queridos santos tendrán que pasar por muchas pruebas. Pero nuestras leves aflicciones, que son solo por un momento, obrarán para nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; con tal que no miremos las cosas que se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. He procurado traer un buen informe y algunos racimos de Canaán, por lo cual muchos querrían apedrearme, así como la congregación amenazó hacer con Caleb y Josué por su informe (Núm. 14:10). Pero les declaro, mis hermanos y hermanas en el Señor, que es una tierra excelente, y que estamos bien capacitados para subir y tomar posesión de ella”.5

Como consecuencia de esta experiencia visionaria, ella también reportó un cambio cognitivo. Su mirada de las cosas terrenales cambió totalmente:

“Después de que salí de aquella visión, todo se veía cambiado. Algo tenebroso se extendía sobre todo lo que contemplaba. ¡Oh, cuán oscuro me parecía este mundo! Lloré cuando me encontré aquí, y sentí nostalgia. Había visto un mundo mejor, y eso había echado a perder este mundo para mí”.6

Ella también dio en sus escritos más detalles acerca de este “efecto gloriosa perspectiva”:

“Jesús ha traído el cielo a la vista y presenta su gloria ante nuestros ojos a fin de que la eternidad no sea eliminada de nuestros cálculos […]. Si mantenemos en vista las realidades eternas, formaremos el hábito de cultivar pensamientos de la presencia de Dios. Esto será un escudo contra las incursiones del enemigo. Proporcionará fuerza y seguridad, y elevará el alma por encima del temor. Si respiramos la atmósfera del cielo, dejaremos de respirar el aire viciado del mundo […].

“Jesús viene para presentar las ventajas y la hermosura de las cosas celestiales, para que las atracciones del cielo se hagan familiares a los pensamientos, y que los recintos de la memoria se adornen con los cuadros de la hermosura celestial y eterna […]. El gran Maestro da al hombre una visión del mundo futuro. Lo presenta con sus atractivas posesiones a la contemplación humana […]. Si puede fijar la mente en la vida futura y sus bendiciones, en comparación con las preocupaciones temporales de este mundo, el notable contraste causa una profunda impresión sobre la mente, absorbiendo el corazón y el alma y todo el ser”. 7

“Me encanta ver todo lo hermoso que hay en la naturaleza en este mundo. Creo que estaría perfectamente satisfecha con esta Tierra, rodeada de las cosas buenas de Dios, si esta no estuviera malograda por la maldición del pecado. Pero tendremos nuevos cielos y nueva Tierra. Juan vio esto en una santa visión y dijo: ‘Oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios’ (Apoc. 21:3). ¡Oh, bendita esperanza, gloriosa perspectiva!”8

Concluyendo, el “efecto gloriosa perspectiva” es el cambio cognitivo reportado por todos aquellos que pueden mirar las cosas de este mundo desde la óptica del cielo y de la vida eterna. Dios nos ha dado suficientes revelaciones en su Palabra para que pongamos nuestra mirada en las cosas celestiales. Puede ser que, al presente, muchas experiencias de la vida resulten catastróficas, deprimentes o desesperanzadoras. Pero podemos alzar nuestra vista y contemplar algo del cielo, y luego volver nuestra mirada a las mismas cosas y percibirlas de un modo distinto. ¡Que Dios nos otorgue la bendición de experimentar el “efecto gloriosa perspectiva”! RA


Karl Günther Boskamp Ulloa es profesor de Teología en la Universidad Adventista del Plata.


Referencias:

1 Frank White, The Overview Effect: Space Exploration and Human Evolution (Boston: Houghton Miffin, 1987).

2 Efecto perspectiva”, en Wikipedia. La enciclopedia libre.

3 Ibíd.

4 Las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-Valera de 1995.

5 Elena de White, Primeros escritos, 2ª ed. (Asociación Casa Editora Sudamericana, Florida Oeste, Buenos Aires: ACES, 2014), p. 44.

6 Ibíd., p. 50.

7 Elena de White, Eventos de los últimos días, 4ª ed., 1ª reimp. (Florida Oeste, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014), p. 288.

8 Ibíd., p. 289 (énfasis añadido).

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