POR QUÉ CREO…

31/08/2026

Historias, líneas de tiempo y la profecía

Me encanta leer historias reales! Historias sobre personas que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial; historias sobre presos que escaparon; historias de misioneros que pasaron por peligros; historias de épocas en las que la gente se vio forzada a ser valiente. Las mejores historias reales siempre tienen algo en común: tienen fechas, una cronología y tienen pruebas. Cuando una historia es real no es solo una suposición, sino que se puede comprobar. Y eso es lo que la hace poderosa.

Hoy quiero contarles por qué creo en Jesús.

Creo porque Dios no nos dio tan solo una religión. Nos dio pruebas. Y una de las mayores pruebas que Dios ha dado es la profecía, que es como si escribiera la historia antes de que ocurra.

La profecía me ayuda a creer

En el libro de Daniel, Dios dio una línea temporal profética que apunta directamente a Jesucristo. Una de las mayores profecías de la Biblia está en Daniel 8 y 9. Es la profecía sobre los 2300 días y las 70 semanas.

Sé que suena complicado, pero en realidad es algo increíble. La profecía de las setenta semanas es como un enorme énfasis del cielo que apunta a una persona: a Jesús de Nazaret. La profecía predice cuándo vendría el Mesías; cuándo Jesús comenzaría su ministerio; e incluso señala su muerte.

Me encanta esa cita de Isaac Newton, que fue uno de los científicos más inteligentes de la historia. Dijo que la profecía de las 70 semanas es «la piedra angular de la religión cristiana».1 Eso significa que es una de las pruebas más sólidas de que Jesús es realmente el Mesías. Así es que, cuando la gente pregunta: «¿Cómo sabe que Jesús es el Cristo?» Puedo decir: «Porque Daniel lo predijo cientos de años antes de que Jesús naciera». Por eso creo.

Pero aquí está el problema: algunas personas creen en Jesús solo porque sus padres se lo dijeron, o porque crecieron yendo a la iglesia, o porque es tradición.

La profecía nos enseña algo importante: Dios no quiere que tengamos una fe basada en conjeturas. Quiere que tengamos una fe basada en la verdad. Porque cuando la vida se vuelve difícil, una fe débil puede desmoronarse. Pero una fe basada en pruebas se mantiene firme.

Más que líneas de tiempo

Aquí hay algo más que me resulta increíble. La profecía no solo apunta a Jesús; también señala que Dios hizo algo especial al final de los 2300 días. ¿Y qué pasó después? ¡Dios le dio a su iglesia el don de la profecía!

Como adventistas del séptimo día, creemos que Elena White es quien lo recibió de parte de Dios. Hace poco visité el Patrimonio White en la sede de la Asociación General, y fue increíble. El año pasado también pude visitar Battle Creek, donde vivió ella y aprendí algo importante: Elena White pasó todo su ministerio llevando a la gente hacia Jesús. Dijo que sus escritos eran como una luz más pequeña que guía a las personas hacia la luz mayor, que es Jesús.2

Hubo muchas experiencias milagrosas en la vida de White que hicieron que la gente se diera cuenta de que Dios realmente la estaba usando. Por ejemplo, la gente presenció que durante una de sus visiones cuando era adolescente, sostuvo una Biblia de ocho kilogramos con un solo brazo, a una altura por encima de su cabeza, durante unos treinta minutos. Cuando visité su casa en Battle Creek, intenté sostener una réplica de esa Biblia y ni siquiera pude aguantar un minuto.

También se dice que a veces, cuando estaba en visión, ni siquiera respiraba, y la gente le ponía un espejo delante de la cara para comprobarlo. Aunque no respiraba, seguía hablando y describiendo lo que Dios le mostraba. Eso hizo que se dieran cuenta de que algo serio estaba sucediendo. No era magia ni estaba fingiendo. Dios le había dado un don.

¿Y cuál es el sentido del don de la profecía?
La Biblia nos dice en Apocalipsis 19:10: «El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía».

Por ello, el espíritu de la profecía no trata de hacer famoso a alguien ni de predecir el futuro. Se trata de testificar sobre Jesús.
Por eso creo.

Dios sigue hablando

Moisés ya no está vivo, pero sus palabras siguen resonando. Daniel ya no está vivo, pero sus profecías siguen enseñando. Juan ya no está vivo, pero el Apocalipsis sigue predicando. Elena White ya no está viva, pero sus escritos siguen hablando. Así que aquí va mi pregunta: Si Dios nos dio a todos esos profetas, ¿por qué decidiríamos ignorarlos? ¿Por qué podemos llegar a estar demasiado ocupados como para leer los mensajes que Dios nos ha dado para fortalecer nuestra fe?

La Biblia nos dice en 2 Crónicas 20:20: «Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén. Creed en Jehová, vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados». Si anhelamos una fe sólida y una fe que prospere, tenemos que leer lo que Dios señaló anticipadamente y lo que han escrito sus profetas.

Así que aquí va mi desafío para cada persona que lee –niños y adultos por igual–: esta semana, empecemos el nuevo hábito de leer un capítulo de la Biblia cada mañana. Empecemos con Daniel o con Mateo o los Salmos. Empecemos donde nos parezca, pero leamos un capítulo cada mañana. Y luego leamos un poco de Elena White cada noche, porque sus escritos nos llevan a Jesús. Porque todos los profetas tienen un mensaje: Jesús es el Mesías, es el Salvador y pronto regresará.

Y por eso puedo estar aquí hoy y decir: creo en Jesús y en sus profetas. Con su último aliento, Elena White susurró las palabras de 2 Timoteo 1:12: «Yo sé a quién he creído». Mi pregunta es: ¿Podemos decir lo mismo?

1 A. Rupert Hall, Isaac Newton: Adventurer in Thought (Cambridge: Cambridge University Press, 1992), p. 372.
2 Elena White, El colportor evangélico (Buenos Aires: Asoc. Casa Editora Sudamericana, 1999), p. 129.

____________________

Arris R. Berghan es un niño de cuarto grado que recibe educación en su hogar en Maryland, donde vive con sus padres y hermana menor. Predicó este mensaje a manera de sermón en su iglesia local (https://www.youtube.com/watch?v=pBEuJ9PHf08&t=3980s), como parte del programa del Día de los Conquistadores.

Publicado en la Adventist Review de julio – agosto 2026

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