Cuatro aspectos bíblicos acerca del discernimiento.
Entender algo no es un asunto de poca importancia. La Biblia indica que una de las principales características del creyente es tener entendimiento. En este sentido, el idioma hebreo hace uso del verbo bin, que se traduce generalmente como «entender», «comprender» y «discernir». Este verbo aparece más de 150 veces en todo el Antiguo Testamento y describe algunos aspectos clave de la vida de todo creyente.
En segundo lugar, consideraremos lo que sostiene Deuteronomio 32:29: «¡Ojalá fueran sabios para entender (bin) el fin que les espera!». Noten que en este pasaje es Dios el que habla y expresa su deseo para con su pueblo. El motivo de tal declaración es que él sabe la realidad de los suyos cuando afirma: «Mi pueblo es necio, no me conocen. Son hijos necios, sin entendimiento (bin); sabios para hacer el mal, y no supieron hacer el bien» (Jer. 4:22). En este sentido, el entendimiento del que habla la Biblia apunta a la habilidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Por tal motivo, el rey Salomón hizo una petición: «Da a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, para discernir (bin) entre lo bueno y lo malo». De estos pasajes se puede desprender lo siguiente: tener entendimiento o discernir no es una cualidad inherente al ser humano, sino que proviene de Dios, y es indispensable pedir a Dios que otorgue entendimiento para que esta sea una realidad en la vida del creyente.
“Debemos pedirle a Dios entendimiento, estudiar la Biblia y mirar hacia el santuario”.
En tercer lugar, no solo es necesario pedir ser entendido. Es necesario considerar la forma en la que Dios otorga tal entendimiento. Salmos 119:130 declara: «La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia (bin) a los sencillos». Entonces, no es solamente pedir que el Señor otorgue entendimiento, sino que esto es posible cuando el creyente se expone a la Palabra. La Biblia es la fuente de revelación divina más importante que existe. En ella podemos encontrar luz (Sal. 119:105). Por lo tanto, para tener entendimiento, es necesario acercarse intencionalmente a las Escrituras para poder conocer de primera mano lo que es bueno y lo que es malo. Entonces, será posible hacer la voluntad divina. De hecho, hacerlo es una muestra de que el Señor ha provisto al creyente de entendimiento (Sal. 119:34).
Finalmente, en cuarto lugar, ser entendido no significa saberlo todo. Salmos 73 ilustra esta realidad y cómo es posible comprender cosas que van más allá de lo que se percibe con la vista. Veamos el versículo 3: «Porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos». Aquí se nota que el salmista percibe que el impío parece tenerlo todo y que es feliz en lo que hace. De hecho, prospera. Ante esto, el pueblo incluso llega a declarar: «En verdad en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia» (vers. 13). En este mundo de pecado parecería que vivir en inocencia y obediencia no tiene ventaja sobre el impío. Sin embargo, es todo lo contrario. El salmista expresa su experiencia y declara: «Cuando traté de entender esto, fue duro trabajo para mí, hasta que entré al santuario de Dios. Entonces entendí el destino final de ellos» (vers. 16-17).
y que es feliz en lo que hace. De hecho, prospera. Ante esto, el pueblo incluso llega a declarar: «En verdad en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia» (vers. 13). En este mundo de pecado parecería que vivir en inocencia y obediencia no tiene ventaja sobre el impío. Sin embargo, es todo lo contrario. El salmista expresa su experiencia y declara: «Cuando traté de entender esto, fue duro trabajo para mí, hasta que entré al santuario de Dios. Entonces entendí el destino final de ellos» (vers. 16-17).
Cuán importante es, entonces, que cada ser humano reconozca quién es Dios en realidad. Para que esto suceda son necesarias tres cosas fundamentales:
1-Pedir a Dios entendimiento.
2-Exponerme a la Escritura de manera intencional para discernir el bien y el mal.
3-Mirar hacia el santuario, centro de operaciones del plan de salvación, para comprender no solo el aquí y el ahora, sino el fin de la historia y así tomar decisiones que me pongan del lado correcto.
¡Maranata!



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