Cómo hallar la estabilidad cuando sentimos que no podemos hacer nada bien
Fue una de esas mañanas. Me desperté sintiéndome cansada, sin estar del todo preparada para afrontar el día. Más tarde, sentada frente a la computadora con los pensamientos dando vueltas e intentando redactar un correo, mi marido entró en la habitación y, durante nuestro breve intercambio, me recordó algo que había hecho y que debía hacerse de otra manera en el futuro. «No sabes hacer nada bien», me repetía yo en mi mente. Mi esposo no tuvo la intención de hacerme sentir así, pero llegó en un momento en que me sentía frágil y abrumada, y mis pensamientos inmediatamente tomaron un giro negativo.
La mayoría entendemos, en teoría, que los aportes de otro nos ayudan a crecer; que nadie es perfecto y que la corrección forma parte de mejorar lo que hacemos. Pero saber esas cosas no hace que la crítica se sienta más ligera cuando llega en un día en el que ya nos sentimos sobrepasados. A veces basta con un comentario, incluso razonable, para que sintamos que todo lo que hacemos no está a la altura de lo que se espera de nosotros.
Si alguna vez ha tenido un momento en el que un comentario, una sugerencia o una mención casual le ha hecho sentir que «no sabe hacer nada bien», puedo comprenderlo y aquí comparto algunas maneras de abordar la crítica y hallar aliento aun en medio de ella.
Se refiere a acciones, no a la identidad
La crítica no cae en el vacío. Recae en una persona que puede estar cansada, presionada, que hace malabarismos con sus responsabilidades o simplemente tiene un día difícil. Un comentario que normalmente podríamos casi pasar por alto puede parecernos más duro cuando estamos agotados.
Antes de interpretar el significado completo de la crítica de otra persona, tómese un momento para reconocer en qué punto emocional se encuentra usted. Es un enfoque honesto nombrar el estado mental propio. Puede decirse a usted mismo: «Ya estoy abrumado hoy, así que esto me está afectando más de lo habitual». Esa simple toma de conciencia evita que lleguemos a conclusiones tales como: «Estoy fracasando» o «Nunca hago algo bien». Las emociones pueden distorsionar la realidad; la toma de conciencia aporta perspectiva.
Lo que otro dice se refiere a lo que usted hizo; no a quién es usted. Vez tras vez, las Escrituras separan la identidad de la actuación: somos amados, elegidos y conocidos por Dios no porque hagamos todo correctamente, sino por quién es él y a quién nos ha llamado a ser. Nuestro valor está asegurado mucho antes de que tengamos éxito en alguna cosa y mucho después de fracasar en algo.
No toda crítica es igual
No todas las críticas son precisas, justas o útiles. Cuando el comentario de otro es duro, dé un paso atrás y evalúelo. El discernimiento no es defensividad. Incluso Jesús enfrentó críticas erróneas e injustas, basadas en suposiciones incorrectas. No aceptó todas las acusaciones como ciertas. En cambio, respondió sabiendo quién era y qué era lo que vino a hacer.
A veces la crítica es acertada. Señala algo que pasamos por alto o un área en la que necesitamos mejorar. Aunque eso pueda doler, no tiene por qué generar vergüenza.
Las personas más fuertes no son aquellas que nunca necesitan corrección; son quienes pueden oírla y crecer a partir de esas palabras.
Disminuya la velocidad
Cuando se acumulan críticas –reales o imaginarias– es fácil sentirse abrumado. La sensación de «no consigo hacer nada bien» casi siempre es señal de fatiga interna, no de incompetencia real. En esos momentos, ponga freno a su ritmo acelerado. Aléjese un momento para recuperar la compostura. Pida a Dios perspectiva y calma.
Ese tipo de pausa no es evitar; es sabiduría. El agotamiento de Elías en 1 Reyes 19 fue recibido por Dios no con corrección, sino con descanso, alimento y ternura. Dios entiende los límites humanos mucho mejor que nosotros. Sabe cuándo nuestro desánimo se alimenta del agotamiento. A veces, la mejor manera de recuperar la estabilidad es simplemente dejar de empujar por un momento.
Mantenga una perspectiva más amplia
Sentir que «nada sale bien» es algo pasajero, no un veredicto duradero. Todos –absolutamente todos– tenemos momentos de lucha; las habilidades se desarrollan gradualmente; la confianza crece poco a poco; la resiliencia se incrementa con la práctica repetida.
La vida cristiana enfatiza constantemente el proceso: «Caminad en el Espíritu». «Creced en la gracia». «Corred con paciencia». «Transformaos». Ninguno de esos pedidos implica un dominio instantáneo, sino que asumen una travesía. Cuando la crítica le resulte abrumadora, recuerde que es tan solo un paso dentro de un largo camino. Somos moldeados por una fidelidad continua, un esfuerzo constante y la conducción continua de Dios.
Cuando le cueste encontrar su lugar tras recibir críticas, permita que la gracia le recuerde que usted es amado, que el crecimiento es posible, que Dios es paciente y que usted es mucho más que su día de mayores desafíos.
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Beth Thomas es editora asistente de Adventist Review.



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