Cómo obtener fortaleza y fe mientras esperamos la segunda venida de Cristo.*
Si bien el advenimiento de Cristo está en nuestro ADN como adventistas y forma parte de nuestra identidad, las palabras del siervo de la parábola bien pueden ser las nuestras: «Mi señor tarda en venir» (Luc. 12:45). Por un lado, las señales nos muestran la inminencia del fin del mundo. Por el otro, el paso de las generaciones puede generar pérdida de fe, incertidumbre, indiferencia o falta de compromiso, ya que esta promesa demora en hacerse realidad.
Ahora bien, ¿a qué se debe esta aparente demora? Ante todo, es necesario recordar la condicionalidad de las profecías, es decir, aquellas cuyo cumplimiento depende de la respuesta humana. La demora es fruto de la falta de preparación y santidad de la iglesia. Así lo expresó Elena de White en estas citas:
«Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos» (Eventos de los últimos días, p. 36).
«Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán. Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la Canaán celestial. En ninguno de los dos casos faltaron las promesas de Dios. La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años» (ibid.).
Al mismo tiempo, tenemos una misión que cumplir y concluir: llevar el evangelio hasta lo último de la tierra. Recordemos el desafío de Mateo 24:14: «Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin».
En relación con esta gran comisión, Elena de White comenta: «Mediante la proclamación del evangelio al mundo, está a nuestro alcance apresurar la venida de nuestro Señor. No solo hemos de esperar la venida del día de Dios, sino apresurarla» (Eventos de los últimos días, p. 40).
«Si la iglesia de Cristo hubiese hecho su obra como el Señor le ordenaba, todo el mundo habría sido ya amonestado, y el Señor Jesús habría venido a nuestra tierra con poder y grande gloria» (ibid., p. 36).
“Debemos vivir cada día en vigilancia y servicio, como si fuera el último, manteniendo encendida la llama de la esperanza”.
Más allá de lo mencionado, amerita recordar que el tiempo está bajo el control exclusivo de la Deidad. Así lo explica el apóstol Pedro: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Ped. 3:9). Así, el «reloj divino» indica que Dios tiene un momento exacto (que desconocemos) para volver a esta tierra.
Explicar la demora enfatizando solo razones humanas podría conducirnos a la desesperación o al escepticismo. Enfatizar solo razones divinas puede llevar a la pasividad y la indolencia. Existe una cooperación entre la habilitación divina y la responsabilidad
humana. Más allá de explicar el «porqué » del tiempo, el foco bíblico está en la actitud del creyente: vivir cada día en vigilancia y servicio, como si fuera el último, manteniendo encendida la llama de la esperanza. En Mateo 24, el énfasis no está en el «cuándo» (es decir, en las fechas), sino en «quién» (es decir, en una persona).
Por esto, debemos aguardar con un sentido de esperanza y de misión, recordando esta hermosa cita: «Es privilegio de todo cristiano no solo esperar sino apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si todos los que profesan su nombre llevasen frutos para su gloria, ¡cuán prestamente quedaría sembrada en el mundo la semilla del evangelio! La última mies maduraría rápidamente, y Cristo vendría para recoger el precioso grano» (Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 3, p. 212). No es tiempo de debilitar nuestra esperanza justificados en su aparente demora. Es tiempo de fidelizar nuestro compromiso, al «mantener firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió» (Heb. 10:23).
- Las ideas centrales de este texto fueron extraídas de la ponencia «Meu Senhor tarda em vir: O problema da Parusia na Teologia adventista», cuyo autor es el Dr. Carlos A. Steger.
STANLEY ARCO, pastor adventista y presidente de la División Sudamericana. | @presidenciaDSA



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