CÓMO SER PADRES DE HIJOS PRÓDIGOS

La gracia, los límites y la esperanza

En primer lugar, permítannos decirlo con claridad: No han fracasado. El dolor que cargan es real y habla de la profundidad del amor por su hija y por Dios. Pero el dolor no es lo mismo que el fracaso, y el silencio actual no escribe el capítulo final de la historia. Lo que están experimentando es una de las realidades más comunes y desgarradoras de la crianza cristiana, y están lejos de ser los únicos.

Una parábola para su familia

Jesús contó una historia en Lucas 15:11-32 que parece escrita para este preciso momento. Un padre tuvo dos hijos. El menor pidió su herencia antes de tiempo –diciéndole en forma velada: Ojalá ya estuvieras muerto– y se fue a una tierra lejana donde lo desperdició todo. El padre no lo persiguió. No cortó la relación por enojo, ni fingió que no sentía dolor. Simplemente observó, esperó y siguió mirando hacia el horizonte.

Fíjense en lo que dicen las Escrituras sobre el momento del regreso del hijo: «Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó» (Luc. 15:20). El padre lo vio «cuando aún estaba lejos», lo que nos dice algo importante. Había estado observando. Nunca dejó de esperar

Esta es la postura de ustedes ahora mismo. No una persecución que asfixia. No un silencio que se distancia, pero sí una presencia vigilante, paciente y compasiva. El padre de la parábola no salió corriendo detrás su hijo hasta el país lejano, discutiendo teología a cada paso. Mantuvo abierta la puerta del hogar, y esa puerta abierta fue lo que hizo posible el regreso.

Lo que nos dice la teoría del apego

La investigación psicológica sobre el apego, desarrollada primero por John Bowlby y posteriormente ampliada por Mary Ainsworth, nos ayuda a entender algo fundamental: lo más poderoso que un padre puede ofrecer a un hijo a cualquier edad es una base segura; una relación caracterizada por la calidez, la confiabilidad y la disponibilidad incondicional. Los hijos adultos con apego seguro tienen muchas más probabilidades de mantener o volver a los valores de su familia de origen, incluso después de períodos de distanciamiento.

Eso es muy importante para ustedes ahora mismo. La indiferencia espiritual de su hija no es necesariamente un rechazo hacia ustedes, sino acaso una renegociación del desarrollo de la identidad. Los jóvenes suelen distanciarse de los marcos infantiles, incluidos los religiosos, como parte de la formación de un yo autónomo. Eso es parte del desarrollo humano normal, no una catástrofe espiritual. Necesitan estar muy atentos para no permitir que la travesía espiritual de ella desestabilice el apego de ustedes hacia ella como persona. Si percibe que su amor por ella depende de su participación religiosa, no se sentirá segura como para regresar, incluso cuando esté preparada o dispuesta a hacerlo.

Qué añade la teoría de los sistemas familiares

La teoría de los sistemas familiares, basada en el trabajo de Murray Bowen, enseña que las familias funcionan como unidades emocionales. El comportamiento de cada miembro afecta y es afectado por todos los demás miembros. Cuando un hijo abandona la fe, los padres suelen responder con ansiedad. Esa ansiedad, por comprensible que sea, puede manifestarse como presión, conversaciones cargadas de culpa o una sutil retirada de la calidez emocional. Esas respuestas son contraproducentes y convierten el espacio relacional entre padre e hijo en un campo de batalla en lugar de un santuario.

El concepto de diferenciación de Bowen es especialmente útil aquí. Un padre bien diferenciado puede mantener una conexión emocional con su hijo sin fusionarse emocionalmente con las decisiones de su hijo. En otras palabras, ustedes pueden amarla profundamente sin colapsar bajo el peso de sus decisiones, y sin usar la propia ansiedad para tratar de controlarla a ella. La salud emocional que tienen como padres no es un lujo: es una inversión estratégica en la relación con su hija.

Qué hacer ahora mismo

Que la relación sea la prioridad. Búsquenla como hija, no como proyecto espiritual. Llámenla si es que no vive con ustedes, cenen juntos, celebren sus logros, y estén presentes en los márgenes de su vida sin otra agenda que el amor. El padre del pródigo no renegoció los términos de la filiación. Organizó una fiesta. Hágale saber a su hija, mediante acciones constantes, que la puerta del hogar y del corazón siempre estará abierta.

Resistan la tentación de usar cada conversación como una oportunidad para «dar testimonio». Los adultos que sienten presión espiritual por parte de sus familiares tienden a endurecerse, no a ablandarse. Háganle preguntas reflexivas sobre su vida, el trabajo, sus amistades, sus sueños. Muestren curiosidad genuina por saber quién está llegando a ser. Esa curiosidad es en sí misma una forma de extender la gracia.

Sigan viviendo su fe de manera auténtica y alegre en su presencia: no como una actuación, sino con autenticidad. Déjenle ver que la relación que ustedes tienen con Dios les da paz, no ansiedad. Que sea testigo de una fe que parezca hermosa y digna de practicar, no como una carga. Ella los ha observado de cerca desde que era niña, y los sigue observando.

Confíen en Dios

Por último, recuerden que su hija es de Dios antes de ser de ustedes. Han sido los administradores de su formación espiritual, no su fuente. El Espíritu Santo no está limitado por lo que hicieron o dejaron de hacer. Sigue activo en la vida de ella incluso ahora, de formas que ustedes no pueden ver. Oren con fervor, y para decirlo en forma figurativa, mantengan encendida la luz de la puerta de entrada a vuestro hogar. El padre en la parábola observaba el horizonte a diario. Un día vio que su hijo regresaba a casa.

Volveran a ver a su hija, no solo en persona, sino con fe. Tan solo aguarden.

Están presentes en nuestras oraciones.

El doctor Willie Oliver es ministro ordenado, consejero pastoral, sociólogo familiar y educador certificado en vida familiar. Es también director del Departamento de Ministerios Familiares en la sede mundial de la Iglesia Adventista. OliverW@gc.adventist.org. La doctora Elaine Oliver es consejera clínica, psicóloga, psicopedagoga y educadora certificada en vida familiar. Es directora asociada del Departamento de Ministerios Familiares en la sede mundial de la Iglesia Adventista. OliverE@gc.adventist.org

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