EL INGREDIENTE PRINCIPAL

26 febrero, 2024

Aprendiendo a desconfiar de nuestra autosuficiencia.

En 2024, mi resolución para el nuevo año sobrevivió a febrero. Estamos hablando de ese fatídico mes cuando nos olvidamos de nuestras buenas intenciones, colgamos la toalla del fitness y descartamos continuar lo que empezamos con brío los primeros días de enero.

Me había propuesto vivir el nuevo año bajo el lema “Cultivar”. ¿De qué se trataba? Cultivar la amistad, alguna planta, alguna nueva habilidad –todo valía. Al terminar el año, me sentía bastante satisfecha con mis “cultivos”, y decidí continuar con los hábitos logrados. Uno de esos hábitos fue dar unos pequeños pasos en el arte culinario. Cuando podía, dedicaba un momento a explorar alguna nueva receta. Bien dije: “explorar”. Porque, a veces, las recetas que usaba incluían ingredientes importantes que yo no conocía o no tenía en ese momento. Entonces, con mente creativa, decidía que algo parecido podría bien reemplazarlos.

Aquí confieso (con la frente alta) que unos cuantos intentos terminaron en la basura. Resultaron incomibles. Frustrada, me recriminaba el haberme lanzado a hacer algo dejando de lado el camino marcado, siguiendo mis propias ideas. Mis ignorantes ideas. Porque los que me conocen saben que la cocina no es mi talento.

Pero, no todo salía mal. Así que, decidí un día que podría ayudar a mi familia invitándolos a almorzar. Era diciembre, y estaba fresco y lluvioso aquí, en Suiza. Así que, risotto con hongos fue la receta elegida. Como no encontré el arroz adecuado, decidí reemplazarlo con arroz integral. Días después, al escuchar la historia de mi almuerzo semifracasado, mi amiga Graciela Rung (creadora de recetas y cocinera de talento supremo) me dijo: “No, Lorena… el arroz integral no sirve para hacer risotto”.

Esta es una gran verdad culinaria que pone los reflectores sobre una gran verdad espiritual. Porque tenemos que reconocerlo: aunque creamos en Dios, nos tienta ser autosuficientes y usar nuestros propios ingredientes para las recetas de nuestra vida.

En lugar de caer de rodillas y contarle a Dios el problema que tenemos, nos resulta más fácil despotricar a los cuatro vientos que el mundo es injusto. O, cuando todo va bien, tal vez recién a la noche nos acordamos de que Dios está ahí, y nos damos cuenta de que hemos vivimos todo nuestro día en plena indiferencia hacia él. No es que lo hagamos a propósito; sencillamente, se dieron las cosas así ese día.

Pero, la gracia de Dios siempre es mayor que todas nuestras torpezas. Con paciencia y cariño, nos dice que “el arroz integral no sirve para hacer risotto”. Toma nuestras mejores intenciones en sus manos y nos recuerda que él es el único que puede darnos lo que realmente necesitamos para que nuestra receta, nuestra vida, tenga éxito.

¿Cómo puedo cultivar el arte de hacer de Jesús el ingrediente principal de mi vida?

Si sabemos que no nos resulta fácil salir a vivir nuestros días echando mano de nuestros propios recursos, seamos conscientes de ello. Que podamos ver al Señor como el verdadero especialista, y a nosotros como los aprendices de la vida que realmente somos.

Aprendamos a desconfiar de nuestra autosuficiencia. Recordemos aquellos momentos en que Dios nos ayudó y cuando todo salió mucho mejor de lo que hubiéramos logrado nosotros solos. Se nos llenará el corazón de ánimo al ver que la Persona que está a nuestro lado lo puede todo.

Creemos intencionalmente espacios en nuestro día en los que nos detengamos y hablemos con Dios sobre lo que nos está sucediendo. Él pondrá en nuestra mente los pensamientos y las emociones que nos harán bien.

Cultivar es una actividad intencional. Es una oportunidad de crecer con aquello que estamos cultivando. Tú también puedes lograr que tus resoluciones para este año sobrevivan febrero, si haces de Jesús el ingrediente principal de lo que te has propuesto. Mi deseo es que, junto con Moisés, puedas decirle: “Enséñanos a contar nuestros días de modo que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Sal. 90:12).

  • Lorena Finis de Mayer

    Lorena Finis de Mayer es argentina y escribe desde Berna, Suiza. Desde hace varios años es columnista en la Revista Adventista y sus artículos son muy valorados por la exacta combinación de sencillez y profundidad.

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1 Comentario

  1. Lorena Finis de Mayer

    Hola! Veo que el proceso de edición de este artículo fue bastante creativo y algunas cosas se alejaron del original:

    No se trata de mis resoluciones de 2024, sino las del año pasado.

    Tampoco era en Suiza que me dediqué a cocinar para mi familia. En Diciembre 2023 estaba fresco y lluvioso en el lugar de Argentina donde estaba.

    Y lo que es más importante, hay un «no» agregado en un lugar que se le cambia totalmente el sentido al original. La idea es: «Si sabemos que nos resulta fácil salir a vivir nuestros días echando mano de nuestros propios recursos, seamos conscientes de ello.»

    Saludos y Bendiciones,
    La autora

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