“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte […]. Tenía en su mano un rollo abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra” (Apoc. 10:1, 2).

El documento que se ve en la mano de un mensajero celestial en Apocalipsis 10 se designa allí mediante dos formas diminutivas de una misma palabra: biblaridion, en los versículos 2, 9 y 10; y biblion, en el 8. Sin embargo, cuando Juan escribió aquello, las formas diminutivas de los sustantivos griegos no siempre funcionaban como tales, sino que a menudo eran usadas de manera intercambiable con ellos, por una simple cuestión de variedad literaria. De allí que biblaridion no significara necesariamente “rollito”, sino simplemente “rollo”, independientemente de su tamaño.

Las connotaciones pactuales que rodean al rollo siete veces sellado de los capítulos 5 al 8 y al rollo abierto en la mano del ángel del capítulo 10 resultan innegables y sugieren una vinculación entre las dos escenas y ambos documentos. En uno y otro caso se menciona el arco iris en relación con dos personajes celestiales e inefables (Dios y el ángel, o mensajero celestial).

Los eventos resultantes de la apertura de los primeros cuatro sellos evocan las consecuencias previstas en caso de ruptura del pacto entre Dios y su pueblo por apostasía de este, tal como se registra en el Pentateuco (Deut. 28-30).

Entre las imágenes y el vocabulario típicamente pactuales cabe mencionar, además, el juramento pronunciado con la mano derecha en alto en ademán solemne, un componente típico de las ceremonias de ratificación de los pactos en la antigüedad (Dan. 12:7; Isa. 62:8).

El hecho de que ambos documentos sean o estén abiertos evoca, junto con las escenas descritas en Apocalipsis 6 al 8, y con el contenido de la solemne alocución angélica en Apocalipsis 10, la inminente ejecución de juicios disciplinarios y/o punitivos como los previstos en los documentos pactuales de los tiempos bíblicos.

La posición del ángel, con un pie sobre el mar y otro sobre la tierra, recuerda la expresión “hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”, en alusión a la victoria final del Cristo glorificado sobre los agentes humanos y diabólicos del mal (Sal. 110:1; Mat. 22:44; Mar. 12:36; Luc. 20:42, 43; Hech. 2:34, 35; 1 Cor. 15:25; Efe. 1:20-22; Heb. 1:13). En tal sentido, el mar y la tierra suelen representar en Apocalipsis, entre otras cosas, la enemistad humana de inspiración diabólica en contra de Dios y sus fieles (Apoc. 13:1, 11).

Otro componente pactual es la mención de las siete trompetas, cuyo contenido está modelado (al igual que buena parte de las cartas a las iglesias, los sellos y las copas) en las secuelas de la ruptura del Pacto en el AT.

Todo lo dicho acerca de las connotaciones pactuales que rodean ambas escenas tiene más sentido aún si el ángel no es otro que Cristo, quien en el capítulo 6 se ve abriendo el rollo siete veces sellado que está en su mano. Como respuesta a esto, empiezan a desencadenarse consecuencias disciplinario-punitivas como las anunciadas en Éxodo y Deuteronomio en caso de deslealtad hacia Dios, y en una segunda fase de la dinámica pactual contra los opresores, otrora mediadores disciplinarios de su pueblo.

Esa dimensión pactual disciplinario-punitiva parece también confirmada en el capítulo 10 por las solemnes declaraciones con tintes de veredicto pronunciadas por el Ángel: “El tiempo no sería más” (vers. 6) y “el misterio de Dios se consumará” (vers. 7).

Sumado a ello, la mención de los siete truenos en alusión a los ángeles de las trompetas, y de la séptima en particular, subraya aún más el inminente punto de no retorno para los agentes humanos del mal justo antes del último septeto simbólico del Apocalipsis, el que representa la justicia divina retributiva e irreversible.

En tal sentido, véase el uso antagónico, no meramente direccional o referencial, de la preposición griega epi traducida en muchas versiones de Apoc. 10:11 como “a”, “sobre” o “acerca de” (pueblos, naciones, lenguas y reyes), pero vertida en otras como “contra” (Biblia de Jerusalén), en armonía con su empleo en los libros proféticos de la versión griega del Antiguo Testamento conocida como Septuaginta, donde dicha partícula tiene el sentido admonitorio de “proclamar contra” (Apoc. 14: 6). Tal es el caso de Jeremías 25:13 (contra Babilonia) y Ezequiel 4:7 (contra la Jerusalén en apostasía).

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