“Tengo un mejor uso para mi cerebro que envenenarlo con alcohol. Hacerlo es como poner arena en los cojinetes de un motor”.

Thomas A. Edison

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su primer informe sobre el uso de alcohol en América Latina y el Caribe (OMS, 2018), en esta región se consume una media de 8,4 litros de alcohol por año, lo que supone 2,2 litros más que el promedio mundial. Cabe destacar que estas estadísticas son previas a la pandemia de la COVID-19, situación que aumentó los niveles de ingestión de alcohol.

Para ser más específicos, los tres países con más consumo de alcohol, de acuerdo con este informe, fueron: Chile (9,6 litros de alcohol per cápita), Argentina (9,3 litros per cápita) y Venezuela (8,9 litros de alcohol per cápita).

Pero ¿cuál es el problema? ¿No nos habían enseñado que “una copita de vino al día” hacía bien al corazón o a la digestión, porque tiene propiedades antioxidantes? Veamos:

1-Sabemos que el alcohol cambia inmediatamente la química del cerebro. Cuando se consume, aumenta la actividad de un neuroquímico llamado GABA, el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. Esto suprime la actividad de las neuronas, y provoca dificultad para hablar, marcha inestable, fallas en la memoria y reflejos lentos.

2-Sabemos que el consumir solo un poco de alcohol nos altera notablemente. Un solo vaso de cerveza o una copa de vino al día generan una reducción del volumen general del cerebro, y el daño empeora a medida que aumenta la cantidad de bebidas alcohólicas consumidas a diario. Un estudio actual analizó datos de más de 36.000 personas que participaron en el estudio UK Biobank. Allí se encontró que los individuos que bebían un vaso de cerveza o una copa de vino de 170 ml al día, en el último mes, tenían cerebros que parecían casi cuatro años mayores que aquellos que no bebían alcohol. Específicamente, el estudio mostró que el consumo de alcohol estaba relacionado con una disminución de la materia gris –control muscular y la percepción sensorial, como ver y oír, la memoria, las emociones, el habla, la toma de decisiones y el autocontrol– y la materia blanca, que permite la comunicación entre el cerebro y otras partes del cuerpo.1

¿Y los flavonoides, esas sustancias antioxidantes que ayudan el cuerpo a protegerse de las toxinas diarias y estar más saludable? Existen alimentos que tienen más concentración de flavonoides que el vino; por ejemplo, el cacao y los frutos rojos.

Y ¿qué pasa con aquellos que consumimos alcohol y queremos hacer un cambio? La buena noticia es que algunas de las alteraciones en la estructura y la función del cerebro podrían ser reversibles una vez que dejes de beber alcohol, gracias a la plasticidad cerebral. Sin embargo, las investigaciones también señalan que existirán alteraciones irreversibles en aquellos que han bebido una cantidad moderada o alta de alcohol durante un largo período.

La invitación de la Biblia es a cuidar nuestro cuerpo. ¡Y no hay vanidad en ello! Cuidamos nuestro cuerpo porque este mandato figura en su Palabra. Cuidamos nuestro cuerpo porque es la herramienta que tenemos para hacer la obra del Señor.


Referencias

1 Daviet, R., Aydogan, G., Jagannathan, K. (2022). Associations between alcohol consumption and gray and white matter volumes in the UK Biobank (Nat Commun 13), p. 1.175.

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