Breve semblanza de un pionero inolvidable.

Goodloe Harper Bell (1832-1899) fue el maestro fundador de la primera escuela patrocinada por la iglesia, organizador e impulsor de la Escuela Sabática, y administrador y escritor. Bell nació cerca de Watertown, Nueva York, EE. UU., pero más tarde se mudó al oeste con su familia y, finalmente, se estableció en el Condado de Ottawa, Michigan. Allí trabajó como agricultor, y como maestro e inspector de escuelas.

Una salud débil y la muerte de su esposa lo llevaron al recientemente abierto Instituto de Reforma Prosalud en Battle Creek, Michigan, en 1866. Allí, adoptó las enseñanzas adventistas del séptimo día y pronto fue invitado a abrir una escuela privada en Battle Creek, incentivado por Jaime White y su eposa, Elena. En 1869, aceptó el cargo de editor del Youth’s Instructor y de director de Escuela Sabática en Battle Creek. Durante los siguientes 18 años, tuvo una influencia profunda y duradera en el desarrollo del programa de Escuela Sabática de la iglesia. Pulió su organización e introdujo muchas innovaciones duraderas.

También sirvió por un año como tesorero de la Asociación General (1870-1871). El 10 de diciembre de 1871, se le mostró a Elena de White en visión “el caso del Hno. Bell en relación con la causa y la obra de Dios en Battle Creek”. Ella describió sus excelentes cualidades como maestro, ya que se preocupaba por los intereses “físicos, morales y espirituales” de sus alumnos. No obstante, ella también estaba preocupada porque se estaba convirtiendo en un hombre muy “duro”, intolerante hacia las opiniones de los demás y “extremadamente sensible”.

En marzo de 1872, Elena de White lo animó a ser el maestro de la primera escuela de la iglesia patrocinada oficialmente por la Iglesia Adventista del Séptimo Día. La escuela abrió el 3 de junio y, en 1874, llegó a ser el Colegio de Battle Creek, donde Bell continuó enseñando hasta 1882.

Las muchas responsabilidades de Bell tanto en el Colegio como en la Escuela Sabática le produjeron mucho estrés; esto, sumado a su naturaleza exigente, causó un deterioro en su relación tanto con estudiantes como con sus pares. En 1881, Elena de White notó que había avergonzado a algunos estudiantes con sus comentarios sarcásticos. Dijo que era “severo por naturaleza, crítico y exigente”.

En diciembre de 1881, Elena de White envió un manuscrito titulado “Nuestro colegio”, para que fuese leído a los líderes de la iglesia. Ella reconoció que Bell no siempre se había comportado sabiamente. “Trátesele con ternura”, apeló, porque él “merece respeto por el bien que ha hecho”. Elena dijo que él había “hecho el trabajo que debió haberse repartido entre tres hombres”, y aconsejó compasivamente: “Está gastado; Dios quisiera que, por un tiempo, se aliviase de algunas de las cargas que tiene de más”.

Sin embargo, ignoraron sus consejos. La crisis estalló durante los siguientes tres meses, lo que llevó a la renuncia de Bell el 20 de febrero de 1882. En una carta que Elena de White le escribió a Uriah Smith, director de la junta de la institución, el 28 de marzo de 1882, dejó claramente establecido que no simpatizaba con el proceder adoptado contra el hermano Bell. En defensa de Bell, ella dijo que no había hombre en la iglesia que hubiese “dedicado más tiempo y reflexión a su trabajo” que él.

Bell no permitió que los eventos de 1882 lo amargaran. Poco después de su renuncia del Colegio de Battle Creek, lo invitaron a ser el fundador principal del Instituto de South Lancaster (más tarde, Atlantic Union College). Sumamente comprometido con la filosofía de Elena de White sobre la educación cristiana, hizo grandes esfuerzos por implementarla en esta escuela durante los siguientes dos años. Sin embargo, sus problemas de salud y su debilidad de carácter lo llevaron a renunciar a la escuela y al empleo en la iglesia a mediados de 1884.

Bell regresó a Battle Creek y siguió sirviendo a la juventud de la iglesia los últimos quince años de su vida, hasta su muerte el 16 de enero de 1899. Muchos de sus estudiantes posteriormente dieron testimonio de la influencia positiva que su vida y su enseñanza habían tenido. Así lo describió Elena de White: “Me fue representado como una vela a partir de la cual muchos otros se han encendido”. 


Extraído de Allan G. Lindsay, “Bell, Goodloe Harper”, en Enciclopedia de Elena G. de White (Buenos Aires: ACES, 2020), pp. 334, 335.

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