“La verdadera religión y las leyes de la salud van de la mano” (Elena de White).

A menudo pensamos –equivocadamente– en la salud espiritual como algo separado e independiente de las otras esferas de la salud. Escuchamos expresiones como “crecimiento espiritual”, pero desvinculado de la salud física, emocional, social y mental. Sin embargo, cuando Dios diseñó y creó al ser humano a su imagen y semejanza, lo dotó de manera inseparable en todas sus dimensiones.

Elena de White es clara al respecto: “Toda influencia que afecte la salud del cuerpo repercute sobre la mente y el carácter” (El ministerio de curación, p. 293). “Quienes violan las leyes de la salud se volverán mentalmente ciegos y violarán las leyes de Dios” (La temperancia, p. 89). “Pocos son los que comprenden debidamente la influencia que sus hábitos relativos a la alimentación ejercen sobre su salud, su carácter, su utilidad en este mundo y su destino eterno” (Patriarcas y profetas, p. 605). “La obediencia a las leyes de la salud debería ser motivo de intenso estudio, pues es pecado la ignorancia voluntaria de este tema. Cada uno debería sentir su obligación personal de poner en práctica las leyes del vivir saludable” (Conducción del niño, p. 372). “Los que estudian y practican los principios del sano vivir recibirán grandes bendiciones tanto física como espiritualmente” (Consejos para los maestros, padres y alumnos, p. 123). “La salud es una bendición inestimable, que está más íntimamente relacionada con la conciencia y la religión de lo que muchos se dan cuenta” (Consejos para los maestros, p. 268).

Ciencia y vida espiritual

Un tema de importante investigación en el mundo científico de hoy es la vida espiritual. Cuantificar las necesidades espirituales de las personas resulta esencial. Aspectos sociales como la conectividad, aspectos emocionales como la paz, aspectos existenciales como el sentido y el propósito de vida, y aspectos trascendentes religiosos como los recursos espirituales, la relación con Dios, la oración, la esperanza y la fe son solo algunos ejemplos.

Las investigaciones científicas demuestran la estrecha conexión entre la salud religiosa/espiritual y la salud total. Ellas proporcionan razones válidas para que los médicos y los profesionales clínicos evalúen y aborden las necesidades espirituales de los pacientes.

La integración espiritual predice la salud física y mental. En adolescentes, reduce la tasa de hábitos tóxicos como el cigarrillo, el alcohol y las drogas. Es innegable que la salud espiritual afecta los hábitos dietéticos, el ejercicio, la actividad física, los hábitos del sueño, la situación matrimonial, el uso de drogas y la satisfacción laboral, entre otros.

Cuanto mejor sea la salud, tanto más serán también nuestros esfuerzos para hacer progresar la causa de Dios y beneficiar a la humanidad.

Salud total

Si gozamos de salud y pureza de corazón, estaremos mejor preparados para vivir y ser una bendición para el mundo. La salud tiene mucho que ver con el intelecto y la moral.

Más que todas las cosas, Dios quiere que tengamos salud, salud del cuerpo y del alma. La importancia de cuidar de la salud ha de enseñarse como un principio bíblico: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Como Iglesia Adventista, tenemos un origen, un propósito y un destino. Quizá la razón más importante para vivir un estilo de vida saludable –o la reforma prosalud– sea que nos preparará para distinguir lo bueno (a fin de elegirlo), para obedecer a Dios por sobre todas las cosas y para finalmente recibir el destino eterno preparado por Jesús para su pueblo. Como siempre, la voz de Elena de White sigue siendo clara: “Las facultades espirituales, intelectuales y físicas se menoscaban por la influencia del alimento malsano. La conciencia se embota, y se debilita la disposición a recibir buenas impresiones” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 230). “El cielo es todo salud” (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 484).

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