Léelo si eres un auténtico perdedor.

Sí; a veces podemos cometer errores, y graves. Algunos son fáciles de solucionar y rápidamente encontramos una salida; o incluso, cuando el problema que enfrentamos es muy grande, pedimos ayuda a Dios, y lo terminamos manejando bastante bien. El problema es cuando tu error cava un hoyo tan profundo que te quedas encerrado allí. Porque luego, cargas ese error para todos lados como una maleta en exceso pesada. Estás encadenado a esa equivocación y no logras salir adelante. Tu vida presente y futura se consume. Eres un loser.

Pero, tengo una la buena noticia para todos los que alguna vez hemos sido perdedores totales. Está en Filipenses 3:8: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. Sí, Pablo lo dio todo para ganar a Cristo y cumplir el propósito que él tenía para su vida.

Si tomaste el camino incorrecto, si elegiste amigos tóxicos que te llevaron a lugares donde nunca pensaste caer; si llegaste a hacer cosas con tu novio que te hacen sentir tan sucia que ya no te queda nada para amar de ti, incluso ahí Dios tiene un plan para tu vida. Anota esto: Dios no te da la espalda cuando todos creen (y tú también) que eres un loser.

Una de mis primeras pacientes fue una joven de quince años. Entró en mi consultorio con un diagnóstico de depresión mayor e intento de suicidio. No veía su cara porque usaba un peinado típico de “Emo” (tribu urbana) que le tapaba la mitad de su cara. Me contó que, desde que tenía memoria, su padre había abusado sexualmente de ella y recién a los doce años su mente se abrió y se dio cuenta de lo que estuvo sucediendo.

Me propuse ayudarla. Junto con la psicoterapia, sumamos ayuda profesional psiquiátrica. Trabajé ocho intensos meses con ella, y no hubo a avances significativos. Me sentía un fracasado, un loser. ¡Trabajo como psicólogo y no puedo ayudar a una paciente!

Después de un tiempo, alguien golpeó la puerta de mi consultorio. No podía creerlo. Me sorprendí al verla. Su rostro brillaba y se descubría completo (nunca antes había visto el lado izquierdo de su cara). Estaba feliz y me relató emocionada todo lo que había hecho en el verano: Unos amigos la invitaron a un retiro espiritual. Al finalizar, el pastor hizo un llamado (el Pr. Zúñiga siempre me decía que un sermón sin llamado no es un sermón), y ella sintió que el amor de Dios tomaba su corazón. “¡Acepté a Jesús, y estoy feliz!”, me dijo. 

Aprovecha tu fracaso. Yo, desde mi fracaso, entendí que Jesús se compromete a sanar y restaurar al alma afligida, y que solo su misericordia y su amor pueden levantar a una jovencita violentada y maltratada tantos años. Desde mi fracaso, de sentirme un loser en mi profesión, Dios extrajo un milagro. Desde tus fracasos, Dios puede hacer lo mismo. Porque él no solo te ayudará a mejorar tus errores, sino también te llevará a un lugar más alto. 

Clama hoy al Cielo. Dios está presente, y él resuelve cosas que ni tú ni yo jamás hubiésemos resuelto. Dios te mostrará el camino correcto y no te dejará ni te recordará tus errores. Ese fracaso no retrasó el plan de Dios para tu vida. Regresa al camino correcto, busca los amigos correctos, busca la novia correcta. Dios extraerá milagros de tus errores. Deja que él te restaure y guíe tu camino.

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