“Un buen líder es aquella persona que acepta más de lo que le toca de culpa y menos de lo que le corresponde de crédito”.

John Maxwelll

Este 21 de abril, la reina Isabel II (actual monarca británica) cumplirá 95 años. Nació en 1926 y ascendió al trono de manera legítima el 6 de febrero de 1952, luego de la muerte de su padre, Jorge VI. Así, es la soberana de 16 Estados independientes, constituidos en reino y que forman parte de la Mancomunidad de Naciones.

Casada con Felipe (duque de Edimburgo), su reinado tiene una impronta destacada en relación con la gestión de unificación del Reino Unido. Si bien la monarquía británica no es ajena a escándalos de todo tipo, Isabel II fue convertida en paradigma y ejemplo de los reyes europeos.

Con 69 años en el trono, es la monarca con el reinado más largo del Reino Unido, superando a su tatarabuela, la reina Victoria. Pero se sabe: no es eterna. Con estricta previsión, el Palacio de Buckingham tiene ya definido el riguroso protocolo que seguirá cuando ella muera. “El puente de Londres ha caído” será la frase encriptada que circulará entre los funcionarios reales antes de dar aviso público. Será enterrada 9 días después, en una ceremonia en la abadía de Westminster. El príncipe Carlos, su hijo, se convertirá en rey a las 11 de la mañana del día siguiente al de la muerte de su madre.

Inglaterra no quiere que su líder perezca. Por eso, el himno “Dios salve a la reina” es una canción patriótica que ha sido tradicionalmente usada como himno nacional de este país y sus colonias.

En otro contexto histórico, nadie quiso salvar a la reina Atalía (quien ascendió al trono de manera ilegal y fue la única monarca femenina en la historia de Judá e Israel). Al contrario, cuando murió, todos se regocijaron y tuvieron paz (2 Rey. 11:20). Sus seis años de liderazgo estuvieron manchados por una serie de perversas estrategias y pésimas decisiones.

1. Fue mala consejera: ¿Qué cosa peor puede hacer un dirigente, además de manejar erradamente sus asuntos? Aconsejar y guiar en el mal camino a otros. Atalía fue una influencia negativa cuando su hijo Ocozías reinó. Atalía aconsejó “impíamente”, y todo lo que dijo fue “para perdición” (2 Crón. 22:2-4).

2. Aprovechó (para mal) una oportunidad: Lejos de demostrar pesar por la muerte de su hijo, rápida de reflejos desviados, Atalía mandó exterminar a toda la descendencia real de Judá y usurpó el trono, autoproclamándose reina (2 Rey. 11:1).

3. Logró impacto popular: La hija de Acab y Jezabel no solo había heredado las paganas formas de liderar de sus padres, sino también algo de su carisma: “Atalía había logrado seducir a muchos” (Elena de White, Profetas y reyes, p. 161).

4. Usó la victimización como mecanismo de defensa: Al ver que su nieto Joás era coronado y siendo cercada por Joiada y un ejército de guardias y sacerdotes, recurrió al desagradable ardid de procurar la lástima ajena con el fin de lograr torcer la situación. Al grito de “¡Traición! ¡Traición!”, rasgó teatralmente sus vestiduras dándole un marco por demás patético (2 Crón. 23:13). Nadie envió un mensajero a decir algo así como “La torre de Jerusalén fue derribada” cuando el filo de la espada atravesó su cuerpo.

Los líderes negativos se autoproclaman y se autoimponen a los demás. A los líderes positivos, en cambio, son los demás quienes les reconocen su legitimidad. Los líderes negativos ordenan a merced de sus intereses privados; los positivos aconsejan en pos del beneficio de la iglesia. Los líderes negativos manipulan para mal; los positivos influencian para bien. Los negativos imponen ideas personales; los positivos guían en las verdades de la Biblia. Los negativos buscan poder; los positivos procuran servir. Los negativos desechan la culpa; los positivos asumen la responsabilidad. Los negativos son egoístas; los positivos son empáticos. Los negativos expresan mentiras populares para agradar a todos; los positivos proclaman la verdad presente sin rodeos, más allá del costo que tengan que pagar por ello. Los negativos piensan en el aquí y el ahora, y les agrada permanecer en la cima; los positivos forman a otros dirigentes para que los sucedan y previenen para el futuro.

Más allá de estas cosas, lo más grave que realizan los líderes negativos es inventar su propia religión o copiar una falsa. Jezabel y Atalía son ejemplos tristemente válidos de esta situación.

¡Que Dios nos salve de líderes así!

Sobre el Autor

Es Licenciado en Teología y en Comunicación Social. Además, tiene una maestría en Escritura creativa. Es autor de los libros “¿Iguales o diferentes?”, “1 clic” y “Un día histórico”. Actualmente es editor de libros, redactor de la Revista Adventista y director de las revistas Conexión 2.0 y Vida Feliz, en la Asociación Casa Editora Sudamericana.

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