La desesperación por respuestas rápidas no garantizan las mejores soluciones.

Uno de los mayores avances tecnológicos de las últimas décadas es la posibilidad de lograr cosas de forma remota. Desde actividades cotidianas como ajustar la temperatura de la casa y cambiar canales de la televisión a otras tan complejas como dirigir naves aeroespaciales.

En cada hogar encontramos varios controles remotos dedicados a diversos fines, ¡y cuánto fastidio genera cuando se pierde alguno! Es que su ayuda nos ha permitido lograr lo que deseamos a distancia y rápidamente. Esta comodidad, junto a tantas otras derivadas de los adelantos tecnológicos, sin duda ha mejorado nuestra vida. Sin embargo, el hábito de lograr objetivos con rapidez y mínimo esfuerzo se ha permeado tanto en el quehacer humano que, a veces, genera consecuencias debilitantes.

Las expectativas de rapidez/eficiencia no realistas aumentan la frustración, y la idea del esfuerzo sostenido frecuentemente se percibe como fracaso. Asimismo, el camino para recorrer a fin de lograr el objetivo se ve demasiado tedioso, difícil y no deseable.

A continuación, describo algunas instancias en las cuales la “actitud a control remoto” puede traer problemas:

Educando

“Tengo que decir mil veces las cosas, ¡parece que no escucha!” “Hasta que no grito o me enojo, no me hace caso”.

No es posible educar a control remoto; es necesaria la presencia física del adulto, pero también la disponibilidad emocional y de tiempo. Cuando se solicita algo (cepillarse los dientes, apagar la tele, dejar de pelear, etc.), es necesario estar presente para apoyar y asegurarse de que lo cumpla. Por ejemplo, si la madre o el padre están cocinando y en ese momento saben que no podrán abandonar la tarea para acompañar físicamente al niño si es necesario, es preferible que no se dé la orden. Si se continúa pidiendo, aumentando el tono de voz hasta frustrarse y gritar, probablemente se termine en conflicto o deterioro del clima familiar.

Muchos consideran que mirando sus celulares, dando órdenes desde lejos e incluso dando ejemplo de lo contrario a lo que piden, podrán educar, cuidar o disfrutar con los pequeños. La atención plena, la disponibilidad física y el ejemplo coherente son esenciales para la educación. Reitero, no es posible educar a control remoto.

Creciendo

Algunos jóvenes quedan estancados entre el mundo laboral y el estudiantil con dificultad para elegir, decidirse o encarar algún proyecto. Las razones son variadas. Una de las más frecuentes son las expectativas de logros laborales, económicos y de satisfacción que les resultan incompatibles con la realidad que encuentran.

La idea de lograr “todo” no es compatible con el tiempo de estudio, esfuerzo y paciencia requeridos. Para muchos, enfrentar un rechazo o un fracaso ya es señal de necesidad de abandonar o evitar.

Otros aplican la actitud de control remoto en su vida social. Actualmente se pueden lograr muchas “amistades” en redes sin necesidad de ocuparse personalmente de los vínculos. Lo mismo podríamos decir del aspecto físico: con el correcto filtro, es posible mostrar un cuerpo ideal o atlético sin pasar un minuto en el gimnasio. La idea de éxito y desarrollo personal pareciera estar a un clic de distancia, sin necesidad de un trabajo sostenido.

Resolver problemas

Obtener soluciones rápidas a problemas que requieren tiempo y esfuerzo está en la base de varios negocios millonarios: medicaciones, dietas y cremas que prometen resultados fáciles como bajar de peso, combatir el colesterol o incluso la depresión. Nuevamente, búsquedas desesperadas de resultados a control remoto.

¿Cuánto has incorporado a tu vida esta debilitante actitud a control remoto? La buena noticia es que siempre es un buen momento para mejorar.

Aprender a tolerar el cansancio, las frustraciones, los dolores e incluso el tedio de un trabajo esforzado es posible y fundamental para lograr nuestro bienestar emocional. También es necesario aprender a disfrutar del tiempo de ocio: ¡qué importante es encontrar alegría en el camino del hacer esforzado!

Puedes empezar poco a poco, proponiéndote objetivos realistas, valorando cada paso que das y animándote a tolerar cierta incomodidad que finalmente será provechosa. Anímate a enfrentar fallos que serán parte de tus logros, y comparte con quienes amas más tiempo presente, lejos de controles remotos.

 “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor” (Col. 3:23). “Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13). RA

Sobre el Autor

Psicóloga y Psicoterapeuta congnitivo-conductual, escribe desde Montevideo, Rep. Oriental del Uruguay.

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One Response

  1. Gianella Sierra

    En lo que no estoy de acuerdo es en tolerar el dolor, Dios no quiere que sus hijos sufran.

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