Vivimos en la era de la comunicación digital. La tecnología avanza a pasos agigantados sobre esa plataforma. El surgimiento de los medios sociales de comunicación es uno de los fenómenos de los tiempos modernos. En ese contexto, los números son cada vez más altos. Basta con echar un vistazo al gráfico de la derecha, que refleja la cantidad de usuarios de las principales redes sociales.

Por medio de las redes sociales se está definiendo el estilo de vida de las personas, principalmente las relaciones. Por momentos, pareciera que la tecnología nos alcanzó muy rápidamente, y no nos dio suficiente tiempo para reflexionar sobre cómo utilizarla. Como cristianos, es importante que aprendamos a usar responsablemente los medios sociales. A continuación, compartimos algunos consejos útiles al respecto:

Cuidado con los vicios. Mucha gente ya no concibe su vida sin compartir absolutamente todo lo que hace o sin exhibir sus fotografías a través de Facebook, Twitter e Instagram. A la larga, este tipo de actitudes puede conllevar numerosas consecuencias negativas, como por ejemplo, afectar nuestras relaciones personales y nuestra concentración, o provocarnos estrés y ansiedad. Si sientes la necesidad de revisar constantemente tu teléfono celular, puede ser que tengas un problema de adicción. En este sentido, puede ser útil silenciar las alertas y las notificaciones de las diferentes aplicaciones, y revisarlas solamente en ciertos momentos convenientes del día.

Preserva tu privacidad e integridad. En el mundo virtual, la información “privada” se transforma fácilmente en pública. Cuanta más información coloquemos, cuanto mayor sea el número de contactos, menor es la privacidad. Cuida quiénes sean tus contactos y en qué grupos participas. Los grupos que sigues y las cosas a las que colocas “Me gusta” dirán mucho sobre tu carácter.

Además, en las redes sociales hay personas malintencionadas, que desean saber más de lo necesario acerca de ti. Crea barreras contra esa exposición, y respeta también el derecho a la privacidad y la confidencialidad del otro. No publiques ni compartas fotos, videos o audios que puedan ser malinterpretados, utilizados en tu contra, o que perjudiquen a otros.

 

Ten propósitos claros. En Internet, la falta de un objetivo claro es el mayor peligro. Jamás utilices las redes sociales como un simple entretenimiento. Existe mucha basura en el mundo virtual, capaz de destruir tu vida y la de quienes te rodean. No permitas que el enemigo lo utilice para ensuciar tu mente y alejarte de Dios.

Piensa antes de criticar, opinar o responder. No respondas a mensajes anónimos. No compartas información de fuentes dudosas. No des crédito a comentarios sin base. Antes de publicar o responder críticas, observa si realmente es necesario que lo hagas y si será, de alguna manera, positivo o relevante. La crítica pública realizada en las redes sociales podría parecer una excelente contribución, pero no lo es. Generalmente, esa conducta demuestra y alimenta el enojo y la amargura, promueve discusiones sin fin, y pocas veces resulta en algún tipo de cambio en la organización o la persona criticada.

Usa el sentido común, e intenta no hacer comentarios sobre temas polémicos. El silencio casi siempre es la mejor alternativa. Al fin y al cabo, después de que algo es publicado, es imposible anular sus consecuencias. En palabras del apóstol Pablo, “no pronuncien [o publiquen] ustedes ninguna palabra obscena, sino solo aquellas que contribuyan a la necesaria edificación y que sean de bendición para los oyentes [o lectores]” (Efe. 4:29; RVC).

Lo virtual afecta al mundo real. No existe tal cosa como un “yo virtual” y un “yo real”. Tienes que saber que todo lo que ocurre en el mundo virtual de alguna manera genera consecuencias en la vida real. En este sentido, no existe cristianismo de tiempo parcial. No intentes engañarte a ti mismo, ni a los demás; mucho menos, a Dios. Tu forma de actuar en el mundo virtual no puede ser diferente  en el mundo real. En última instancia, que todo lo que hagamos, ya sea en el mundo virtual o real, sea para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31). RA

Sobre El Autor

Licenciado en Teología y Traductor público de Inglés, Walter Steger desarrolla su ministerio como editor de libros en la Asociación Casa Editora Sudamericana. Además de dirigir las revistas Ministerio y la Revista del anciano, es actualmente el encargado de la traducción al español de la Guía de Estudio de la Biblia.

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