¿Era buena o mala, kosher o anatema?

Por Michael W. Campbell

Al entrar en el shopping, vestido con una camiseta y pantalones cortos, quedé sobresaltado al oír los compases de “Let it Snow” [Que nieve], seguida por “Frosty the Snowman” [Frosty, el muñeco de nieve], típicas canciones de la época de Navidad. Recién era septiembre.

Estando de misioneros en Filipinas, aprendimos en poco tiempo no solo que Navidad es un día festivo global, sino también que Filipinas es oficialmente el país con la temporada navideña más larga del mundo. Las decoraciones navideñas empiezan a aparecer colgadas en los shoppings y en las calles de las ciudades a partir de agosto. En países alejados de las estereotípicas escenas nevadas de las películas navideñas les encanta celebrar esta festividad, con las palmeras meciéndose a la brisa de la playa, igual que muchos de los países con climas gélidos en esa época. Incluso países que no son cristianos han adoptado la festividad.

Ya sea en las fiestas de fin de año del trabajo o junto a los árboles de Navidad de las casas, se suele hacer la pregunta: ¿Deberían los adventistas celebrar la Navidad? O, para ir un poco más lejos, ¿cómo veían la Navidad los primeros pioneros adventistas, incluyendo a Elena de White? ¿Estaban llenos de la alegría navideña? ¿O, al igual que Ebenezer Scrooge, de la novela Cuento de Navidad, de Dickens, eran como un Grinch amargado?

La observancia en la iglesia cristiana temprana

La fiesta de Navidad tiene una rica tradición, y se remonta a los días de la iglesia cristiana temprana. El 6 de enero fue inicialmente “una celebración del nacimiento o el bautismo de Cristo, y fue conocido como la Epifanía, o Teofanía. La iglesia de Roma no adoptó este festival, pero más tarde instituyó una celebración de la Natividad de Cristo” el 25 de diciembre, la cual eclipsó a la fecha del 6 de enero.[1] Durante el período medieval, la iglesia occidental (con sede en Roma) puso el énfasis en el 25 de diciembre; la Iglesia Ortodoxa, en el oriente, puso su foco en el 6 de enero. La celebración de una fiesta no necesariamente significaba la exclusión de la otra; muchos grupos religiosos observan ambas fiestas.

Existen entre los eruditos dos principales teorías contrapuestas acerca de por qué se terminó aceptando el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Cristo. Una teoría sugiere que estos festivales “estuvieron influenciados por días festivos paganos (o tuvieron la intención de sustituirlos), los cuales se celebraban en esas fechas específicas”. La erudición actual cuestiona esta teoría, que se ha dicho tan a menudo. De hecho, hay pocas pruebas creíbles que apoyen la idea de que el 25 de diciembre era un día festivo pagano celebrado de manera regular.

Otra teoría sugiere que la fecha se basa en la concepción de Cristo el 6 de abril (14 de artemisios) en el calendario juliano como el equivalente de la Pascua judía (14 de nisán), lo que significaría que exactamente nueve meses después (el 6 de enero) sería el nacimiento de Cristo. Nuevamente, los eruditos cuestionan ambas teorías, lo que deja a los orígenes de la Navidad envueltos en misterio.[2]

Observancia en el siglo XIX

El historiador Timothy Larsen escribe que “si bien la Navidad ya era un día festivo popular a comienzos del siglo XIX, la festividad se transformó y se expandió grandemente durante la época victoriana”. A medida que la sociedad fue cambiando, la fiesta de Navidad se fue volviendo un evento doméstico. En otras palabras, pasó de ser un evento público a ser algo celebrado en el hogar, con el foco puesto en los niños. Muchas leyendas populares, como Papá Noel, Kris Kringle [del alemán Christkind] o San Nicolás combinaron mitos y leyendas en las diferentes culturas y festividades.

Uno de las primeras representaciones impresas de un árbol de Navidad en Estados Unidos, en la revista Godey’s Lady’s Book, diciembre de 1850.

La tradición protestante alemana popularizó el árbol de Navidad. En Estados Unidos, el árbol de Navidad fue representado por primera vez en grabados populares en una revista para mujeres, Godey’s Lady’s Book, en diciembre de 1850. Esta imagen era una adaptación de la popular imagen de la reina Victoria y su familia del Illustrated London News. El afecto estadounidense por la reina Victoria ayudó a popularizar el árbol de Navidad en las casas del país. Las decoraciones navideñas victorianas tendían a ser mínimas, y en general recién se las colgaba en Nochebuena.

Entre las decoraciones populares en las décadas de 1850 y 1860 se incluían flores rojas de estrella federal (poinsetias) y bulbos de primavera “forzados” a florecer en invierno, para Navidad. A medida que la fiesta fue creciendo en popularidad, los primeros adventistas la analizaron y reaccionaron a ella. Así que, ¿cómo celebraban los primeros adventistas la Navidad?

Los primeros pioneros adventistas

En tiempos de la Guerra de Secesión, los adventistas mencionaron la Navidad por primera vez en The Advent Review and Sabbath Herald. Las primeras referencias a ella fueron de celebración. Con letras en negrita, Jotham M. Aldrich, líder de la obra de publicaciones adventista en ese tiempo, señaló: “¡LLEGA LA NAVIDAD Y EL AÑO NUEVO!” Agregó que “por supuesto que se debe recordar a los más chiquitos en estas ocasiones”. Cuando todos estaban llenando medias con dulces, pajaritos de azúcar y perritos de goma, se instó a los lectores de la Review a darles a los niños “libros valiosos”. Estas semillas pueden “crecer” y convertirse en un amor por la verdad.[3]

Años más tarde, la Review incluyó un poema titulado “Tiempo de Navidad”, escrito por Mary Ann Davis, quien más adelante fue una de las asistentes editoriales de confianza de Elena de White. Ella opinó: “Es tiempo de Navidad, el tiempo festivo más alegre de todo el año; se elevan alegres cantos, y repican campanas de gozo; tú obsequias con regalos a los amigos más queridos”.[4]

A medida que la Navidad se fue haciendo más popular en Estados Unidos a finales de la década de 1870 y en la de 1880, se convirtió en un tema de debate cada vez más frecuente. Alguien consultó al equipo editorial de la Review, preguntando si había alguna prueba de que Cristo realmente nació el 25 de diciembre, y cómo se debía celebrar esta fiesta. En un artículo no firmado, probablemente escrito por Uriah Smith, el editor señaló que los eruditos no están de acuerdo sobre los orígenes de la Navidad y la fecha de la fiesta, resaltando la división entre el Occidente (25 de diciembre) y el Oriente (6 de enero).

En 1879, en una oleada de artículos en los periódicos de la iglesia, se llevó a cabo un análisis más a fondo sobre la Navidad y los árboles de Navidad. Finalmente, la Junta de la Asociación General recomendó que las iglesias “provean un árbol de Navidad, y suspendan sobre él sus regalos para la causa”. La congregación de Battle Creek tomó la iniciativa “con presteza”, con un hermoso árbol donado por una hermana, y con “ceremonias apropiadas” preparadas para la noche del 25 de diciembre. Siendo la descripción más antigua de la que se tiene registro, el informe mencionó que cantaron “himnos y piezas musicales selectos y escogidos”.

En las preguntas que luego surgieron, los líderes de la iglesia fueron claros en diferenciar, de los otros festivales, el uso que los adventistas hacían de los árboles de Navidad. En su punto de vista, esta era una gran oportunidad para recaudar fondos que pudieran hacer avanzar la misión de la iglesia.

Elena de White, la voz profética y cofundadora del Adventismo, escribió algunas de sus declaraciones más fuertes sobre la Navidad en este mismo período (1878-1879). En un artículo de 1878 titulado “Los regalos en las fiestas”, instó a los adventistas a recordar “cuánto dinero se gasta anualmente en hacer regalos”.[5] Los derechos que tiene sobre nosotros Jesús, “nuestro bondadoso Benefactor”, significan que tenemos un deber mayor de presentar nuestras ofrendas a Dios. “Recuérdese que se celebra la Navidad en conmemoración del nacimiento del Redentor del mundo”.[6]

Elena de White no estaba en contra de dar regalos; más bien desafió a los adventistas a ser contraculturales, al darle prioridad a exaltar a Jesús y la necesidad de dar haciendo sacrificios para hacer avanzar el evangelio. En un tiempo cuando la iglesia estaba enviando sus primeros misioneros (John N. Andrews y sus hijos, Charles y Mary, habían partido hacia Europa solo cuatro años antes, en 1874), esta era una oportunidad para practicar “abnegación”. Ella instó a los adventistas a alejarse de todas las “corrupciones, disipaciones y festivales practicados en la iglesia y que ejercen una influencia desmoralizado­ra sobre jóvenes y adultos”.[7] Los adventistas tenían como deber mantener a Cristo en el centro de la Navidad.

En la época navideña del año siguiente (1879), Elena de White escribió otro artículo, “Los días de fiesta”.[8] Nuevamente, instó a los adventistas a evitar “la frivolidad, el despilfarro, la glotonería y la ostentación. […] Se desperdiciarán miles de dólares en placeres inútiles”. Cuánto mejor sería si “podemos hacer de las próximas fiestas una ocasión de honrar y glorificar a Dios”. Una vez más, Elena de White recordó a los adventistas que la Navidad es “un precioso recordatorio del sacrificio hecho por el hombre”.

Ella desafió a los miembros de la iglesia a considerar dar presentes más provechosos, como libros y periódicos adventistas, si uno deseaba dar regalos. Un favorito personal de ella era Life of Joseph Bates [Vida de Joseph Bates], que tenía atractivas historias de aventuras. Como precedente bíblico, remitió a los adventistas al antiguo Israel, que se reunía para celebrar fiestas espirituales varias veces al año. Cuando algunos adventistas la interrogaron respecto de los méritos de un árbol de Navidad, ella respondió: “Pueden obrar como lo hace el mundo, si están dispuestos a ello, o actuar en forma tan diferente como sea posible de la seguida por el mundo. El elegir un árbol fragante de hoja perenne no entraña pecado”. Lo que más importaba era el motivo que estaba por detrás de todo.

Conclusión

¿Deberían los adventistas observar la Navidad? Desde la iglesia cristiana temprana hasta los primeros pioneros adventistas, la fiesta ha tenido profundas raíces en honrar el nacimiento de Jesucristo. Aunque los eruditos debaten los orígenes de esta fiesta, los primeros pioneros adventistas se disociaron de tales tradiciones, o incluso de los supuestos orígenes paganos, considerando que los adventistas del séptimo día tienen una oportunidad única de celebrar esta fiesta de una forma que exalte a Jesucristo.

La Navidad es una fiesta con oportunidades únicas para compartir nuestra fe. Cuando se hace esto con la motivación correcta, puede ser una oportunidad para afianzar más nuestros vínculos, como familia y como iglesia, para fortalecer la fe y para hacer avanzar la obra del Señor.


Referencias:

[1] Paul B. Bradshaw, The Oxford Handbook of Christmas [La guía Oxford sobre la Navidad], ed. Timothy Larsen (Nueva York: Oxford University Press, 2020).

[2] Para los estudiosos serios de la Navidad, leer los capítulos históricos en la recientemente publicada guía Oxford Handbook of Christmas, para ver una comparación de las dos ideas, con un resumen de las últimas obras eruditas sobre el asunto.

[3] Ver la nota editorial en Advent Review and Sabbath Herald, 5 de diciembre de 1865, p. 8. Debe señalarse que, poco antes en la Guerra de Secesión, varias referencias incluso más tempranas contrastan la Navidad, como una tradición, con el sábado, como un mandato de Dios.

[4] En Advent Review and Sabbath Herald, 20 de diciembre de 1877, p. 1.

[5] Elena de White, “Holiday Presents”, Advent Review and Sabbath Herald, 21 de noviembre de 1878, pp. 161, 162. Ver Mensajes para los jóvenes, pp. 307, 308.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd. Ver Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 202.

[8] White, “The Holidays”, Advent Review and Sabbath Herald, 11 de diciembre de 1879, p. 189. Ver El hogar cristiano, pp. 415-420. Todas las citas en los siguientes dos párrafos están tomadas de este artículo.

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