¡Estamos en guerra! Este es el principal recordatorio de Apocalipsis 12 para quienes viven en el tiempo del fin. Es una batalla contra el mayor seductor de todos los tiempos. Para enfrentarlo, nuestro corazón no puede ser controlado simplemente por los deseos, sino que tiene que ser comandado por la Palabra. Por eso, debemos estar alerta contra cinco actitudes destructoras.

1-Comodidad. Es la enfermedad de quienes viven cómodos con lo poco que poseen, desnutridos espiritualmente y mantenidos por el consumismo espiritual. No usan sus dones, no participan en ministerios, no profundizan su conocimiento del mensaje, no cumplen la misión y, lo peor, no transmiten un legado espiritual a las nuevas generaciones. Para ellos, recibir es una obligación, pero ofrecer es un sacrificio. Consideran que están alerta, pero están durmiendo. No perciben que “el tiempo que queda es demasiado breve para las lecciones que hay que aprender, la obra que hay que hacer y la transformación del carácter que debe efectuarse” (Elena de White, La educación, p. 184). 

2-Institucionalismo. Es la enfermedad del triunfalismo religioso y del formalismo espiritual; el síndrome de Laodicea, que se cree rica y sin necesidades, pero es miserable y pobre (Apoc. 3:17, 18). Sus adeptos creen que con solo cumplir reglas, proteger tradiciones y vivir una vida formalmente repetitiva agradarán a Dios. Ellos también se encandilan con los resultados, los aplausos, los “me gusta”, los eventos y otras formas de parecer relevantes. Sus actitudes hacen que la iglesia deje de ser un movimiento para convertirse en un monumento; que deje de ser conocida por el mensaje para ser aplaudida por la grandeza. Así, la relevancia social se vuelve más importante que el crecimiento espiritual. Causar una buena impresión llega a ser más importante que el cumplimiento de la misión. Sobran glorias y falta corazón. El mensaje se defiende, pero no se encarna.

3-Opinología. Es tan solo un síntoma del secularismo, que ve la simplicidad de la vida cristiana como un suicidio intelectual. Busca una religión racional, llena de lógica, vacía de fe y distante de Dios.  No perciben que están dentro de un ciclo de deterioro de la verdad, creado por el propio “seductor”. En el Jardín del Edén, éramos guiados por la verdad. En la tentación, la serpiente cuestionó la verdad. Siglos más tarde, la Iglesia Medieval modificó la verdad. Años después, la Revolución Francesa intentó destruir la verdad. Luego, el Posmodernismo estableció que cada uno es dueño de su propia verdad. Y en nuestros días, la modernidad múltiple trajo la intolerancia hacia la verdad del otro. 

Según presenta Jon Paulien, existen seis pasos que sitúan a una persona dentro de este ciclo de deterioro espiritual: 1) la frecuencia en la oración disminuye; 2) el estudio de la Biblia tiene menos significado; 3) los patrones de comportamiento comienzan a desgastarse; 4) la asistencia a la iglesia disminuye; 5) los principios bíblicos comienzan a ser cuestionados; 6) la confianza en la iglesia como institución se debilita. El resultado es la pérdida de identidad y una búsqueda de nuevas experiencias que atiendan las exigencias de la razón e intenten disminuir el vacío del corazón.

4-Crítica. Es la enfermedad de las personas que piensan y creen en sí mismas. Todo lo que difiera de sus estándares personales sirve de alimento para la crítica. Hablan sin saber, lastiman sin sentir culpa y derriban sin levantar. Descargan sus frustraciones sobre personas, situaciones o instituciones. La iglesia sufre con estos “reformadores” modernos, que son capaces de corregir a todos, menos a sí mismos. Son especialistas en señalar fallas, pero son incapaces de construir soluciones. Cultivan poca gratitud y mucha indignación, mucha desconfianza y poca esperanza, mucho celo y poco amor. Quizá podrían tener buenas intenciones, tratando de ser instrumentos del “Consolador” (Juan 14:26), pero terminan siendo agentes del “acusador” (Apoc. 12:10).

5-Sensacionalismo. Es la enfermedad de la superficialidad de quienes tienen poco de Dios en su interior y necesitan mucho estímulo exterior. Navegan por el mundo real y virtual en busca de novedades: nuevas interpretaciones, nuevas fechas, nuevos videos, nuevos descubrimientos y nuevos oradores carismáticos. No se alimentan del “Así dice el Señor”, sino del “Así dice el influencer”. De este modo, terminan afectados por la rutina, decepcionados por el engaño y destruidos por la apostasía.

¿Por qué no cambiar estas actitudes hoy? Ofrezcamos palabras de optimismo, que difundan esperanza; desarrollemos actitudes de altruismo, que realmente transformen vidas; y tengamos un corazón lleno de amor por Dios, por las personas y por la misión, que es la esencia del Adventismo. RA

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.