“Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol” (Eclesiastés 11:7). 

Tal vez pensemos que la luz solar no es importante. Nada más alejado de eso. La luz del sol ayuda a mejorar nuestro estado de ánimo y al sistema inmunitario al estimular la liberación de la hormona melatonina. También, al activar la vitamina D3 por medio de los rayos ultravioleta en la piel, favorece la absorción de calcio y su depósito en los huesos, lo que nos protege de la osteoporosis. La vitamina D3 cumple un rol beneficioso al prevenir el cáncer, controlar la presión arterial, reducir los niveles de glucosa en la sangre y regular nuestro sistema inmunitario, con lo que ayuda a evitar las enfermedades autoinmunes. Y aquí estoy destacando sus beneficios más importantes, pero también cumple otras múltiples funciones positivas para nuestra salud.

El contacto con la luz del sol es importante para nuestra salud, por eso debemos abrir las ventanas de nuestros hogares y salir a hacer actividades al aire libre.

Desde luego, debemos ser responsables para evitar la sobreexposición a la luz del sol, ya que produce lesiones en la piel que pueden ser cancerosas. Las medidas principales para protegerse son:

  • Evitar las horas en que el sol es más intenso, que es entre las 10 y las 16.
  • Tener en cuenta el índice UV. Esto ayuda a planificar las actividades, para evitar los días con índice UV más elevado o para aumentar la protección.
  • Aprovechar la sombra de un árbol o un toldo si tenemos que trabajar al sol, sabiendo que si el sol es muy intenso igualmente puede hacernos daño, por lo que debemos protegernos.
  • Usar sombrero de ala ancha para proteger los ojos, las orejas, la cara y la parte posterior del cuello. Vestir con ropa holgada, con tejido tupido, que cubra la mayor superficie corporal posible. Usar gafas de sol con índice de protección del 99 al 100 %.
  • Utilizar cremas con filtro solar con factor de protección igual o mayor a 30, aplicándolas cada dos horas si debemos seguir estando al sol, y repetirlo si nos mojamos o hicimos una actividad física intensa.
  • Evitar las camas o las lámparas para broncearse, porque aumentan la probabilidad de tener cáncer de piel.
  • Proteger más a los niños, que son más vulnerables. Los bebés deben estar siempre en un lugar con sombra.

Se calcula que unas 60.000 personas fallecen en el mundo por año debido al cáncer de piel. Alrededor de 3 millones de personas se diagnostican con cáncer de piel no melanoma, y 132.000 casos por melanoma. Un gran porcentaje retrasa su consulta al médico, con lo que da tiempo a esta enfermedad para que avance. Es importante consultar a un médico si observamos una lesión en la piel que no cicatriza, que molesta o pica, ha crecido o cambiado de aspecto. Muchas veces, las lesiones se encuentran en lugares en donde la luz solar no ha actuado. Debemos revisar nuestros lunares para ver si se produjeron cambios.

La regla del ABCDE nos puede ayudar a distinguir un lunar normal de un melanoma:

A: Asimetría: La mitad de un lunar no es igual que la otra mitad.

B: Bordes irregulares: Pueden ser desiguales, borrosos o dentados.

C: Color: Los colores más peligrosos son los rojizos, blanquecinos o azulados sobre lesiones de color negro.

D: Diámetro: Cuando el lunar mide más de 6 milímetros o aumente de tamaño (mayor de 6 milímetros).

E: Evolución: Si el lunar experimenta cambios en cuanto a tamaño o forma.

Frente a estas enfermedades, podemos pensar que lo mejor es evitar el contacto con el sol, pero justamente evitar la luz solar nos lleva a aumentar otras enfermedades por falta de vitamina D y melatonina. La luz solar es un remedio natural que Dios nos ha dado, y debe ser usado con los recaudos necesarios.

Nos falta información para analizar cómo será nuestra fisiología en el cielo. Si la carencia de luz solar atenta contra nuestra salud, ¿cómo será la luz del cielo? ¿Qué hormonas liberará? ¿Qué función tendrá sobre nuestra salud? Eso lo sabremos cuando estemos allí, y podremos preguntarlo al Creador mismo. Allí no tendremos que proteger nuestra piel ni usar sombreros de ala ancha.

No podemos perder la oportunidad de estar con Dios en el cielo. Hagamos de nuestra vida una búsqueda permanente de la vida eterna, para nosotros y para cada persona con la que nos contactamos.RA

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