He oído de una cita atribuida a Elena de White acerca de la intercesión final de Jesús por los hijos descarriados. ¿Qué es lo que realmente se escribió acerca de este tema?

De tanto en tanto, circulan en nuestro medio supuestas citas del Espíritu de Profecía sobre los más variados asuntos. Eso mismo sucede también con algunas aparentes citas bíblicas. A veces, los que retransmiten esas citas mencionan incluso la referencia. El problema es que, cuando vamos a la referencia indicada, encontramos que la cita no existe.

Desde hace un tiempo, circula una cita atribuida al Espíritu de Profecía, que suena muy hermosa. Dice lo siguiente:

“La última obra de mediación de Cristo, antes de quitarse sus vestiduras sacerdotales, será la de presentar las oraciones de los padres en favor de sus hijos. Vi que envió un poderoso ángel, y millones de hijos, recordando lo que aprendieron en su niñez, retornaron al redil antes del cierre de la gracia”.

Al analizar esa supuesta cita, descubrimos que, si fuera cierta, supondría cierta discriminación por parte de Dios, porque solo serían “beneficiados” los hijos que estuvieran vivos en el momento de la “última obra de mediación de Cristo” (a menos, claro está, que los muertos tengan una segunda oportunidad, cosa que nosotros negamos). La pregunta que un padre o una madre legítimamente podrían hacer es: “Señor, ¿por qué ellos sí; y mis hijos descarriados que murieron antes de esa última obra de mediación de Cristo, no?”

Además, ¿cómo saber o determinar cuándo se produce la “última obra de mediación de Cristo”? ¿Por qué Jesús va a presentar las oraciones de los padres en favor de los hijos recién en ocasión de la “última obra de mediación”, y no las presenta antes? Y, si también las presentara antes, si las presentara constantemente –como en efecto sucede–, ¿no es esa presentación tan buena, poderosa y eficaz como la última?

A juzgar por los maravillosos comentarios y el éxtasis de las personas que me mencionaron dicha cita, pareciera que transmite subliminalmente un elemento un tanto mágico. En efecto, a las madres que la leen les parece que, gracias al “poderoso ángel”, sus hijos se salvarán casi automáticamente, independientemente de la reacción de ellos.

Pero, debemos recordar que nuestra teología incluye el hecho de que Dios no puede salvarnos sin nuestra “complicidad”, sin nuestra aceptación del sacrificio expiatorio. “El Espíritu y la Esposa dice: Ven […] y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente” (Apoc. 22:17). “Venid a mí […] llevad mi yugo, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mat. 11:28).

Algunos piensan que, a pesar de que esa cita no fue escrita por Elena de White, su contenido puede coincidir con lo presentado por ella en otros escritos, porque tiene un mensaje alentador para quienes tienen hijos descarriados. Pero, como hemos visto, su contenido no coincide con los escritos del Espíritu de Profecía.

Todo el pensamiento bíblico, con el que coincide Elena de White, es que el Espíritu puede volver a tocar a los que se apartaron de la iglesia; puede volver a llamarlos si alguien ora por ellos, y si (siempre “si”) el que se apartó responde afirmativamente al llamado del Espíritu.

Por supuesto, podemos ahora echar mano de la oración intercesora. Mientras esos hijos apartados estén todavía vivos, los padres, los familiares o cualquier amigo pueden orar intercediendo para que el Espíritu vuelva a tocar al descarriado. Y Dios, por amor al que oró intercesoramente, vuelve a tocar el corazón del que se apartó.

Lo que sí dice la Sra. de White es que, cuando resuene el Fuerte Pregón, muchos apóstatas regresarán. Esto menciona en El evangelismo, página 694: “Cuando realmente se desate la tormenta de la persecución […] las verdaderas ovejas oirán la voz del verdadero pastor […] y muchos que se han descarriado del redil volverán de nuevo a seguir al gran Pastor”.

Habla también del gozo que tendrán los padres en la Eternidad, al ver a sus hijos salvados: “Con gozo inenarrable, los padres ven la corona, el manto, el arpa que son dados a sus hijos. Han terminado los días de espera y de temor. La semilla sembrada con lágrimas y oraciones pudo haber parecido ser sembrada en vano, pero la cosecha es recogida al fin con gozo. Sus hijos han sido redimidos” (Conducción del niño, p. 540).

¿Cuál es la obra de los padres? “Cuando los padres manifiesten tal interés por sus hijos como Dios desea que tengan, escuchará sus oraciones y trabajará con sus esfuerzos; pero Dios no se propone hacer la obra que ha encomendado a los padres” (ibíd., p. 160).

Las oraciones y las lágrimas valen la pena: “Cuesta algo el llevar a los hijos por los caminos de Dios. Cuesta las lágrimas de una madre y las oraciones de un padre. Requiere incansables esfuerzos de enseñanza paciente, un poco aquí y otro poco allá. Pero esta obra recompensa” (ibíd., p. 454). RA


Roberto Gullón es pastor jubilado, residente en Libertador San Martín, Entre Ríos, Rep. Argentina. Entre otras responsabilidades, fue gerente general de la ACES y secretario de la División Sudamericana.

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