Estaba limpiando mi departamento. Solo faltaba barrer la vereda de enfrente. Como hacía frío, había decidido dejarlo para el final con la esperanza de que el sol jugara a mi favor. Respirando profundo como para tomar coraje, abrí la puerta y encaré el viento helado. Escoba en mano, comencé a barrer mientras me animaba a mí misma con una de las frases de mi madre: “Primero el deber, después el placer”. La idea de una taza de chocolate caliente como premio me daba fuerzas para mantener un ritmo enérgico.

Fue cuando sentí sus pasos. Ni bien la saludé, me di cuenta de que algo pasaba. Su sonrisa no había desaparecido, pero era diferente. Tenía notas de… ¿preocupación, tal vez? No logré descifrarlo apenas con la mirada. Así que, al saludo agregué:

—¿Cómo está?

Entonces, se detuvo y, con un suspiro previo, me dijo:

—¿Sabes una cosa? Hoy estoy descubriendo que cuando Dios permite que pase por alguna prueba o situación difícil es porque tiene un propósito de amor increíble. A veces es porque preciso aprender alguna lección, o quiere corregir alguna cosa que no está bien en mí. Otras, simplemente está cumpliendo su promesa de transformar todo para mi bien, o tal vez porque me esté usando en sus planes de bendición para otros. Solo que, por momentos, parece una lección difícil de aprender por causa del YO… así que, le estoy pidiendo al Señor que me ayude a aprender rápido las lecciones, o que haga lo que tiene que hacer en mí, porque esta vez me está doliendo, y mucho…

No recuerdo demasiado de lo que haya dicho ese día, pero no fueron muchas palabras más. Continuó su camino y su diálogo con Dios.

Entretanto, taza en mano, perdí la noción del tiempo mientras atesoraba lo que acababa de escuchar de una mujer dispuesta a correr el riesgo de mostrarse imperfecta y necesitada de la gracia divina. Una mujer dispuesta a compartir su caminata con Dios.

Tanto ella como yo, no imaginábamos lo que ese encuentro significaría para mí en el futuro, ni cuánto Dios la estaba usando para bendecirme al depositar así en mi corazón uno de los tesoros del Cielo con principios que serían un ancla a lo largo de mi vida. Principios vitales que NECESITARÍA para no perder el rumbo ni el ánimo en medio de los diversos y persistentes embates del enemigo: problemas de salud, desafíos personales e interpersonales, pérdidas, cuarentena… En cada situación, volvía a mi mente aquel encuentro que me decía en forma concreta y actual: “Con amor eterno te he amado”, “A los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien”, “Todo lo puedo en Cristo que me da las fuerzas”. Me lo repetí infinidad de veces y lo compartí con muchas personas cuando la tormenta arreciaba en su vida…

No lo entendí entonces… pero hoy, treinta años después, al recibir la noticia de que ella descansa hasta que Jesús regrese, me doy cuenta de que aquel día Dios me abrazó a través de Jenny Tabuenca.

“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”.

Apocalipsis 14:13.

Anny Walter de Gill es directora de los departamentos de Ministerio de la Mujer, Ministerio de Recepción y AFAM de la Asociación Planalto Central, con sede en Brasilia, Brasil.

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