Descubre cuál es esta capacidad de inteligencia superior.

Es diciembre, y estamos cerrando este año con el aprendizaje, el disfrute y los desafíos que nos ha presentado. Mensualmente hemos reflexionado sobre diversos aspectos de nuestro bienestar psicoemocional. Mi anhelo es que hayamos profundizado en la noción de que dicho bienestar depende principalmente del esfuerzo por estar conectados con nuestra actividad mental, y que podamos usar ese autoconocimiento para generar frutos de provecho en el servicio al prójimo.

Cuánto bien le haría a nuestra sociedad si el fortalecer la salud mental fuera una prioridad para cada individuo y familia, y así como los niños aprenden a comer y cuidar su alimentación, también se les enseñara a nutrir su mente, conocerla y disfrutarla. ¡Qué noble tarea sería tomar en serio el desafío cotidiano de desarrollar nuestra mejor versión, así como ayudar a la de otros! Maravillas sucederían si fuéramos conscientes y aceptáramos nuestras diferencias; si quisiéramos entender los errores propios y ajenos como oportunidades para aprender y ser compasivos; si pudiéramos transmitir a nuestros niños los principios que amamos de forma sabia y respetuosa, para desarrollar en ellos las bases de una obediencia inteligente.

Las investigaciones en el campo psicológico demuestran sistemáticamente la importancia del desarrollo de cualidades como la gratitud, la empatía, la autenticidad y el perdón; todas asociadas a la salud mental y al mayor disfrute de los vínculos.

Les propongo hoy analizar una capacidad mental fundamental para lograr lo anterior: la metacognición. Se trata de la habilidad que tiene nuestro cerebro de pensar sobre cómo pensamos, razonar sobre el propio razonamiento desarrollando conciencia y control sobre los procesos de pensamiento y aprendizaje. Esta capacidad es una señal de inteligencia superior que puede y debe ser entrenada.

Esta súper habilidad de nuestro cerebro es una de las más importantes para preservar nuestra salud mental. La metacognición va más allá que solo preguntarnos: “¿Qué estoy pensando?”.Tiene que ver con un análisis sofisticado, amplio y superior sobre nuestra forma de interpretar la realidad. Se trata de preguntas del estilo: ¿Cómo está siendo mi forma/patrón de pensamiento? ¿Cómo suelo interpretar esto? ¿Cómo aprendo mejor? ¿Cómo suelo reaccionar frente a…?

Esta capacidad se va desarrollandosi de forma valiente y humilde podemos reconocer nuestras fortalezas y debilidades, describiendo lo que vamos descubriendo, incluso cuando no nos guste demasiado:

  • Suelo tener una visión competitiva/celosa/egoísta en estos momentos… ¿por qué?”
  • “Me siento inseguro/minimizado/desvalorizado”.
  • “Creo que activo aprendizajes de mi niñez que buscaban agradar, escondiendo mis verdaderas opiniones…”
  • “Cada vez que me encuentro con un elemento nuevo, suelo reaccionar atemorizado/evitando/menospreciando, y eso ha hecho que se repitan patrones de huida/escape/peleas”.

Razonar sobre como pensamos es una tarea imprescindible para entender a fondo nuestras emociones, conductas, problemas recurrentes; y es absolutamente necesario para tomar decisiones más funcionales y efectivas.

Recordemos, por otro lado, la importancia de mantener un equilibrio en la intensidad y la frecuencia de nuestras emociones y pensamientos. Sumirnos en un constante análisis de nuestros pensamientos sin pasar a la acción solo puede debilitarnos. Practicar el afrontamiento de miedos e inseguridades, mejorar nuestro estilo de pensamiento, comunicación o manejo de emociones, tienen que ver con accionar, muchas veces sin muchas ganas, apelando a nuestra voluntad, en procura de mejores hábitos y patrones conductuales.

Por último, uno de los mayores desafíos para cuidar nuestra salud mental en el nuevo año será la perseverancia: mantener la constancia en madurar a pesar de las dificultades, sin caer en el tentador lugar de victimizarnos o de culpar a otros; ser capaces de encontrar los motivos para seguir el bien a pesar de las injusticias; usar la misericordia a pesar de las heridas.

Jesús nos demostró cuán humanas, necesarias y sanas son todas las emociones, incluso las menos deseadas, como el miedo, el enojo, la decepción, la angustia y la tristeza. Sin embargo, nunca disminuyó su capacidad de amar, de disfrutar y conectar con los demás.

Estos son mis deseos, querido lector, para el año que comienza: que desarrollemos mayor fortaleza mental para enriquecer el bienestar emocional propio y ajeno; que logremos un mejor desarrollo de nuestra capacidad meta cognitiva para que permanezca en el propósito de vida de cada uno, y que incluso en las tormentas mantengamos intacta nuestra capacidad de amar.

“Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Prov.23:7).

One Response

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.