MUCHO DRAGÓN… ¿Y EL CORDERO?

02/04/2025

La importancia del enfoque adecuado.

Según la tradición, en una ciudad (a menudo identificada con Silca, en Libia), un dragón habitaba en un lago y exigía sacrificios humanos para calmar su furia. Un día, el dragón estaba a punto de devorar a la princesa del reino. Entonces apareció San Jorge, un caballero cristiano que (con fe y valentía) enfrentó a la criatura.

Montado en su caballo y con su lanza en mano, San Jorge hirió gravemente al dragón y –con la ayuda de la princesa– lo llevó a la ciudad. Allí, convenció a los ciudadanos de convertirse al cristianismo antes de dar el golpe final a la bestia. De esta manera, la muerte del dragón pasó a simbolizar el triunfo del bien sobre el mal y de la fe sobre el paganismo.

Esta leyenda, que se popularizó en la Edad Media, convirtió a San Jorge en un símbolo de valentía y fe cristiana, y su historia se ha representado en el arte, la literatura y la cultura popular a lo largo de los siglos.

Sí, las historias de dragones han fascinado a los seres humanos desde hace mucho tiempo. Hay algo en ellos que aterroriza y atrae a la vez. Y, si has leído los últimos artículos de esta sección, verás que se ha aludido más de una vez a la segunda bestia de Apocalipsis 13, que tiene apariencia de cordero pero que habla como dragón. Estas alusiones tienen sentido en el contexto geopolítico y profético actual, pero es hora de enfatizar lo más importante del Apocalipsis: Jesús, por medio de su representación como Cordero.

En el libro de Apocalipsis, Jesús es representado como un Cordero en varias ocasiones, lo que simboliza su sacrificio redentor y su victoria sobre el pecado y la muerte. La primera mención significativa ocurre en Apocalipsis 5:6, donde Juan ve “un Cordero que parecía que había sido sacrificado” (NTV), que está en medio del trono y es digno de abrir el libro sellado. Esta imagen muestra a Cristo como el sacrificio perfecto, mediante el cual ha logrado la redención de la humanidad. El hecho de que el Cordero tenga siete cuernos y siete ojos simboliza su autoridad plena y su conocimiento perfecto, atributos divinos que refuerzan su papel como el Mesías soberano.

A lo largo del libro, el Cordero continúa apareciendo en escenas clave. En Apocalipsis 7:9 al 17, es el centro de la adoración celestial, rodeado por una multitud vestida de blanco que ha sido lavada en su sangre. Aquí, el foco está en los integrantes de la gran multitud. Uno de los 24 ancianos que rodean el trono pregunta: “¿Quiénes son estos que están vestidos de blanco?”, y la respuesta es que son aquellos que “han lavado y blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:13, 14). Más adelante, en Apocalipsis 14:1, se menciona al Cordero sobre el monte Sion junto a los 144.000 sellados, lo que muestra su victoria y la fidelidad de sus seguidores. Esta imagen resalta la conexión entre el Cordero y aquellos que han permanecido fieles a él en medio de la tribulación.

Finalmente, el Cordero es central en la consumación de la historia redentora. En Apocalipsis 19:7 al 9, se describe “la bodas del Cordero”, donde su iglesia es presentada como una esposa preparada para su esposo, lo que refleja la unión definitiva entre Cristo y su pueblo. En Apocalipsis 21:22 y 23, en la Nueva Jerusalén, se declara que el Cordero es su templo y su luz, destacando así su presencia gloriosa en la Eternidad. Con estas referencias, el libro de Apocalipsis subraya la identidad de Jesús como el Cordero de Dios que no solo ha sido sacrificado, sino también reina con poder y gloria.

Sí, el dragón está actuando, pero no son más que los últimos estertores de una bestia que reconoce su pronto final. El Cordero triunfará, y solo aquellos “que siguen al Cordero dondequiera que va” saldrán victoriosos con él. No nos concentremos tanto en el dragón y en su obra. Miremos más al Cordero.

  • Pastor y doctor en Teología. Desempeña su ministerio en la ACES desde 2001. Autor de "Versiones de la Biblia", es Jefe de Redacción y director de la Revista Adventista desde 2010. Está casado con Claudia y tiene dos hijos: Gabriel y Julieta.

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