LOS SACRIFICIOS EN EL PERÍODO PATRIARCAL

Las distintas ofrendas de Caín y Abel.

Después de que Adán y Eva cayeran en el pecado, la pareja fue expulsada del Edén. Luego, el texto bíblico introduce la historia de Caín y Abel. Si bien el desenlace de esta historia es trágico, se debe considerar la razón para ese final.

Génesis 4 presenta el primer episodio del relato bíblico en el que se habla de altares y sacrificios. En esta ocasión, los dos hermanos ofrecen sacrificios al Señor. Caín ofrendó frutos de la tierra (vers. 3), mientras que Abel sacrificó un animal de su rebaño (vers. 4). El sacrificio de Caín no fue del agrado de Dios mientras que el de Abel sí lo fue (vers. 4, 5). El sacrificio que se esperaba era el de un animal y no de frutos de la tierra. Eso se debe a que la función de un sacrificio animal implicaba la muerte de un ser inocente en lugar del pecador.

Este hecho se desprende teológicamente del primer sacrificio de la historia de la humanidad, sucedido en el Edén. Cuando Dios viste a Adán y a Eva con pieles implica la muerte de un ser inocente para cubrir el pecado de los culpables. Es esto justamente lo que no sucede con el sacrificio de Caín.

Si bien es cierto que las ofrendas de cereales eran aceptadas por el Señor (ver Lev. 2), este tipo de ofrendas no tenían la función de expiar el pecado, a menos que el oferente no tuviera la capacidad económica para ofrecer un sacrificio animal (Lev. 5:11). En Levítico 5 se explica que solo en el caso de que una persona no pudiera ofrendar ni siquiera dos palomas, le era permitido hacer una ofrenda de cereal.

En ese caso, estos sacrificios de cereal “podrían tener el mismo significado representativo y sustitutorio como eran los sacrificios animales” (véase, Christopher Wright, “Leviticus”, en New Bible Commentary: 21st Century Edition, p. 124) y serían aceptados por el Señor.

Ahora bien, aunque las ofrendas de cereal podían ser aceptadas por Dios en circunstancias puntuales, ciertamente no fue el caso con el sacrificio de Caín. Si ofrendar frutos hubiera sido una opción viable, su sacrificio habría sido visto con agrado, como lo fue el de Abel.

Por lo tanto, estamos aquí frente a un acto de rebeldía de parte de Caín ante la verdadera naturaleza de los sacrificios que se esperaban a la puerta del Edén. Los sacrificios que trajo Abel evocaban un sacrificio por el pecado, en el que se ofrece un animal que representa al Salvador y sustituye al pecador arrepentido.

Un caso claro que muestra esta realidad es el sacrificio que ofrece Abraham en el monte Moriah. Inicialmente Isaac iba a ser el sacrificio. Sin embargo, Dios detiene a Abraham en el momento justo para salvar la vida del joven y proveer para Abraham e Isaac un animal para el sacrificio (Gén. 22). En esa ocasión se nota claramente que el sacrificio animal sustituye al pecador que merece la muerte, pero que es salvado por misericordia y gracia divinas. De hecho, este es el papel fundamental de los sacrificios por el pecado. Pero, al ofrecer frutos del campo, Caín no acepta el plan de salvación propuesto por Dios en favor de la humanidad.

Elena de White nos ilumina un poco más sobre este asunto: “Estos hermanos fueron probados, como lo había sido Adán antes que ellos, para comprobar si habrían de creer y obedecer la palabra de Dios. Conocían el medio provisto para salvar al hombre, y entendían el sistema de ofrendas que Dios había ordenado. Sabían que mediante esas ofrendas podían expresar su fe en el Salvador a quien estas representaban, y al mismo tiempo reconocer su completa dependencia de él para obtener perdón; y sabían que sometiéndose así al plan divino para su redención demostraban su obediencia a la voluntad de Dios. Sin derramamiento de sangre no podía haber perdón del pecado; y ellos habían de mostrar su fe en la sangre de Cristo como la expiación prometida al ofrecer en sacrificio las primicias del ganado” (Patriarcas y profetas , p. 58).

Entonces, se puede notar que Abel ofreció el sacrificio expiatorio correcto según las estipulaciones divinas que apuntaban al plan de salvación propuesto por Dios. Sin embargo, Caín hizo caso omiso, negando el plan de salvación. Por tal razón, su ofrenda no fue aceptada delante de Dios. Abel aceptó por fe a su Salvador mientras que Caín lo rechazó. ¡Maranata!

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