Cómo hallar el equilibrio entre la seguridad y la gracia
La presencia de un agresor sexual dentro de una congregación plantea desafíos éticos, teológicos y prácticos. Las iglesias son lugares de sanación, perdón y comunidad, y tienen una responsabilidad sagrada de proteger a sus miembros, en especial a los sectores vulnerables. Este tema requiere un equilibrio entre la gracia y la rendición de cuentas, implementando prácticas que protejan a los vulnerables mientras brindan a todos, incluidos los infractores, la oportunidad de participar de la comunidad cristiana.
El deber de ministrar a un agresor sexual es un acto de «gracia cuidadosa », equilibrando nuestro mandato de reconciliación con la necesidad de protección. El ministerio se centra en la responsabilidad espiritual y la recuperación del infractor, manteniendo todas las interacciones fuera de los límites de la congregación y sus familias. Esto se lleva a cabo mediante reuniones individuales a puerta cerrada, con el consentimiento del agresor sexual para: (1) la divulgación completa y honesta de su historial delictivo; (2) la participación continua en el tratamiento profesional obligatorio por parte de las autoridades (por ejemplo, programas cognitivo-conductuales o de prevención de recaídas) con un terapeuta licenciado y certificado; y (3) una autorización firmada que permita que el pastor se comunique directamente con el supervisor o proveedor de tratamiento del agresor para verificar el cumplimiento y evaluar factores de riesgo.
Este ministerio implica verdades duras: desafiar al ofensor por sus patrones de negación y minimización; obligarle a cumplir el pacto de no contacto con los miembros de la iglesia y brindarle un discipulado adaptado específicamente a su fractura espiritual, que incluya el arrepentimiento, la humildad y la búsqueda del perdón de Dios, sin prometer nunca una aceptación incondicional en la comunidad eclesiástica o en cargos de confianza. Muchos pastores pueden sentirse inadecuados para este papel. Es importante reconocer esas limitaciones y pensar en asociarse con un pastor con formación y experiencia para así lograr el objetivo.
Es complejo saber si un infractor se torna nuevamente «redimido y seguro» en un sentido práctico, por lo que es necesario priorizar la seguridad por sobre las promesas. Todas las personas son capaces de redención espiritual por medio de la fe.
El consenso entre los expertos en tratamiento de agresores sexuales es que la tendencia a la delincuencia sexual se percibe como una condición crónica y a largo plazo por lo que requiere un manejo continuo, y no como una enfermedad que se «cura». Las investigaciones sobre la reincidencia indican que incluso quienes completan el tratamiento pueden tener tasas inaceptablemente altas de reincidencia. Los riesgos inherentes a los delitos sexuales –que muchas veces no se denuncian hacen que el acceso no supervisado a personas vulnerables siga siendo un peligro que hay que evitar. Por lo tanto, aunque la iglesia busca ofrecer esperanza de redención espiritual y un camino hacia la salud espiritual, también necesita reconocer la realidad clínica y persistente de que el transgresor requiere restricciones de por vida e innegociables (tal y como se expone aquí), para proteger a la comunidad.
Reincidencia, riesgo y amplitud del problema
Existe un axioma bien conocido que dice: «El mejor predictor del comportamiento futuro es el comportamiento pasado relevante». El problema central es el riesgo de reincidencia, es decir, la tendencia a recaer. Con reportajes sensacionalistas de los medios que afirman que el cien por ciento recae, o las estadísticas del Departamento de Justicia de Estados Unidos que muestran que un veinticuatro por ciento no puede superar su problema, hay evidencias de que existe un riesgo serio e inaceptable para las poblaciones vulnerables en entornos de alta confianza, tales como iglesias y escuelas.
La naturaleza secreta de la conducta sexual inapropiada significa que las tasas de reincidencia observadas son inferiores a las reales, lo que dificulta evaluar el verdadero peligro. Las iglesias están en mayor riesgo porque crean estratégica y misionalmente un entorno de bienvenida, amabilidad y confianza. Esas son precisamente las cualidades que los agresores sexuales explotan para preparar el acceso a las víctimas.
La decisión de permitir que un agresor asista a la iglesia comienza priorizando la seguridad y el bienestar de los niños y de la congregación toda. La mera presencia de un agresor puede dañar a sus propias víctimas y causar traumas significativos a los que sufrieron abuso, además de provocar miedo y desunión entre los miembros. Esto no es solo una cuestión de hospitalidad; es una cuestión de protección con consecuencias legales para una iglesia que no ejerce un cuidado razonable en
la protección de sus miembros.
Tratamiento denominacional y teológico
Los enfoques para la asistencia de los agresores varían entre denominaciones, pero la mayoría de las organizaciones responsables han dejado de lado las opciones extremas de acceso sin restricciones o exclusión total en favor de un enfoque condicional y estructurado. El reto de equilibrar esas decisiones se centra en la doble misión de la iglesia: redención y protección.
La decisión de permitir que un agresor asista, comienza priorizando la seguridad y el bienestar de los niños y supervivientes de la congregación.
En primer lugar, estamos llamados a encarnar un evangelio de perdón y restauración: nadie está más allá del amor de Dios. La iglesia es un «hospital» para pecadores (véase Juan 6:37). Esto apoya el ministerio de reconciliación para el infractor, guiándolo hacia un arrepentimiento y sanación genuinos.
Asimismo, nuestra comisión implica cuidar y proteger del rebaño: los líderes de la iglesia están llamados a proteger a las ovejas vulnerables. «Cuídense a sí mismos y cuiden al pueblo de Dios. Alimenten y pastoreen al rebaño de Dios –su iglesia, comprada con su propia sangre– sobre quien el Espíritu Santo los ha designado líderes» (Hech. 20:28, NTV).*
«Pero si hacen que uno de estos pequeños que confía en mí caiga en pecado, sería mejor para ustedes que se aten una gran piedra de molino alrededor del cuello y se ahoguen en las profundidades del mar» (Mat. 18:6, NTV). Esta perspectiva pone de relieve la realidad del riesgo y la importancia de establecer límites claros para proteger a las personas vulnerables. La mayoría de las denominaciones, incluida la Iglesia Adventista, adoptan un enfoque condicional, consultando con asesores legales y respaldados por pólizas escritas integrales. Entre ellas se encuentran:
Divulgación: El infractor debe informar voluntariamente a la dirección de la iglesia sobre su situación. Otros métodos informales para determinar el estatus del agresor también pueden iniciar el proceso.
Evaluación de riesgos: La iglesia puede realizar una verificación formal de antecedentes (con el consentimiento por escrito del infractor) y comunicarse con el oficial de libertad condicional o con el proveedor de tratamiento del agresor (si corresponde). La exclusión puede ser la única opción para los delincuentes de alto riesgo, aquellos con delitos especialmente conocidos o si
la víctima asiste a la iglesia.
Un contrato formal: El infractor tiene que firmar un Acuerdo de Participación Condicional o un Contrato de Asistencia que establezca límites estrictos e innegociables.
Acuerdo de Participación Condicional y Contrato de Acompañante
Un Acuerdo de Participación Condicional (o Contrato de Asistencia) es la base de un ministerio seguro y estructurado, para un infractor responsable. Se trata de un documento con información legal que detalla los límites conductuales y físicos específicos que el agresor tiene que respetar tanto en la iglesia como la escuela (si la tuviera) o en eventos de cualquiera de las dos. El incumplimiento de algo establecido en el contrato implica la pérdida inmediata y permanente del privilegio de asistir.
Componentes clave de un Acuerdo de Participación
Divulgación y cooperación: El infractor acepta cooperar con los líderes de la iglesia y con los agentes de la ley o de libertad condicional. Esto incluye la firma de una autorización para permitir la comunicación entre la iglesia y cualquier autoridad supervisora.
Exclusión de las áreas ministeriales y juveniles: El infractor tiene prohibido ocupar cualquier puesto de confianza (voluntario o laboral), entrar en zonas designadas para niños o jóvenes, o estar cerca de menores en algún momento. Esto incluye no permanecer en los pasillos, no asistir a programas infantiles ni estar en un vehículo juntamente con menores.
Limitaciones físicas: Son comunes requisitos específicos de asiento, como sentarse en el pasillo o en una zona especial alejada de la sección infantil.
Acompañamiento obligatorio: Cuando el infractor esté en propiedad de la iglesia o escuela deberá estar bajo la supervisión directa y constante de un acompañante predesignado o de un compañero de rendición de cuentas.
El Contrato de Acompañante
El Contrato de Acompañante es una parte importante del acuerdo principal. Establece los detalles logísticos de la supervisión continua. El acompañante es un adulto de la congregación o equipo de liderazgo, nunca un familiar del agresor. Las responsabilidades del acompañante incluyen:
Encuentro y escolta: Recibe al infractor en la entrada de la iglesia, lo acompaña todo el tiempo, hasta que sale de la propiedad.
Supervisión continua: El infractor debe permanecer en la línea de visión directa del acompañante en todo momento; esto incluye los cultos, las clases y las pausas para ir al baño.
Responsabilidad e informe: El acompañante tiene que informar inmediatamente si se presenta cualquier incumplimiento, ya sea a un anciano designado o al pastor.
Desafíos en la implementación, especialmente en iglesias pequeñas
El modelo de asistencia condicional es un sistema excelente; pero en la práctica, presenta desafíos significativos, especialmente en iglesias pequeñas.
- UN RECARGO DE LOS RECURSOS
Las congregaciones más pequeñas a menudo carecen de la infraestructura y el personal necesarios para aplicar un reglamento estricto de acompañamiento.
Limitaciones en el grupo de voluntarios: Es un desafío encontrar voluntarios dedicados y dispuestos a ejercer como acompañantes individuales de tiempo completo. La tarea es estresante, requiere una formación extensa y un compromiso de tiempo significativo. En una iglesia pequeña, el grupo de miembros de confianza que no son
familiares del infractor, es limitado.
Requisito 24/7/365: La participación del infractor va más allá del culto; puede asistir a grupos pequeños, estudios bíblicos o comidas de confraternización. La iglesia tiene que asegurarse de que en cada evento haya un acompañante calificado y fiable. Para una iglesia pequeña con solo un puñado de voluntarios activos, eso puede resultar una carga abrumadora.
Debido a esas limitaciones, muchas iglesias pequeñas pueden, tras cuidadosa consideración, decidir que la exclusión es la única opción práctica. La incapacidad de la iglesia para proporcionar una supervisión adecuada significa que el riesgo para los miembros vulnerables no puede mantenerse en un nivel manejable y razonable, lo que aumenta así la posible responsabilidad de la iglesia por negligencia. - EL COSTO EMOCIONAL Y RELACIONAL
Implementar un contrato estricto puede generar tensión en las relaciones dentro de la iglesia.
Estigma y aislamiento: La necesidad de un acompañante visible indica el estatus del infractor, lo que puede causar aislamiento social y dificultar su crecimiento y recuperación espiritual. La iglesia necesita equilibrar la seguridad pública con una atención pastoral compasiva y confidencial.
Agotamiento del acompañante: La persona designada soporta una carga emocional y espiritual significativas. Necesita su propio sistema de apoyo sólido y alivio para evitar el agotamiento.
Conflicto congregacional: A menudo surgen desacuerdos entre los miembros que se oponen a esta política y práctica, ya sea porque consideran que el infractor debería ser recibido incondicionalmente o que se le debe prohibir totalmente la entrada. Los líderes necesitan comunicar claramente las razones teológicas y legales de la decisión tomada. - DEFICIENCIAS EN LA FORMACIÓN Y LA EXPERIENCIA
Los líderes de la iglesia, en especial en entornos pequeños, carecen a menudo de la formación especializada para comprender plenamente la dinámica del delito sexual; tampoco les resulta fácil percibir la manipulación de la víctima; ni tienen condiciones de evaluar los riesgos. Un intento de ministrar al infractor sin los conocimientos adecuados, aunque tenga buenas intenciones, puede llevar a errores graves que ponen en peligro la seguridad de los niños. Es necesaria la capacitación para el equipo de respuesta: los ancianos y los acompañantes. No abordar de manera adecuada esa cuestión ha costado dolor y dinero a nuestra iglesia. Más importante aún, esas fallas han dado lugar a nuevas víctimas, lo que podría haberse evitado con una gestión cuidadosa.
Aplicación al entorno escolar: Presencia de los padres
Los principios de seguridad, responsabilidad y acceso condicional utilizados en la iglesia pueden aplicarse también a los entornos escolares, especialmente cuando el agresor es un padre o familiar de un estudiante. Las instituciones educativas tienen una responsabilidad aún mayor de proteger a sus estudiantes. Ellas establecen restricciones similares e innegociables para autorizar la asistencia del infractor a los eventos escolares.
Directrices escolares para padres de agresores sexuales:
Prohibido el acceso no programado al campus: El infractor, incluso si es padre, tiene prohibido entrar en el predio escolar durante el horario escolar o cuando haya otros niños presentes. Esto implica que no puede acompañar a su hijo al colegio, o merodear en las cercanías.
Comunicación y reuniones condicionales: La comunicación con profesores o administradores se limita al teléfono, al correo electrónico o postal. Si es necesaria una reunión presencial (como una reunión de padres y profesores), tiene que programarse fuera de horario cuando todos los demás niños estén fuera del campus.
Exclusión de eventos: No se permite a los infractores asistir a ningún evento escolar en el que haya otros niños, como obras de teatro, deportes, excursiones o conciertos. El riesgo de contacto accidental es demasiado alto.
No se permite voluntariado: Los infractores nunca podrán ser voluntarios ni trabajar en ningún cargo en la escuela ni en eventos relacionados.
La política del colegio debe maximizar el derecho legal del pade-infractor a acceder a los registros educativos de su hijo, limitando al mismo tiempo su acceso físico a la comunidad escolar. Eso refleja la filosofía de la iglesia: gracia y responsabilidad para los individuos, pero estricta seguridad para la comunidad. Las restricciones son aún más estrictas en el entorno escolar porque el objetivo principal es la educación y la seguridad, mientras que la misión de la iglesia incluye tanto la seguridad como el cuidado espiritual.
Conclusión
Afrontar el desafío que presentan los agresores sexuales en el entorno eclesiástico requiere que una iglesia vaya más allá de nociones simplistas de bienvenida y perdón y que adopte un enfoque cauteloso basado en la gracia. Este es un marco reglamentario basado en el llamado teológico a ofrecer esperanza, manteniendo una norma estricta de seguridad y rendición de cuentas.
El Acuerdo de Participación Condicional y el Contrato de Acompañante son herramientas fundamentales dado que proporcionan la estructura necesaria para que un infractor sexual pueda participar. Pero los desafíos prácticos de implementar el sistema de acompañantes (especialmente la carga de recursos y la logística de seguridad continua a la que se enfrentan las iglesias más pequeñas), son la razón por la que algunas congregaciones pueden no tener más remedio que excluir al agresor para mantener un nivel razonable de servicios.
En última instancia, una iglesia necesita priorizar la protección de sus miembros más vulnerables, asegurando que sus decisiones sean tanto teológicamente sólidas como legalmente defendibles.
Para acceder a algunos de los recursos mencionados en este artículo (en inglés), ingrese a: https://adventistrisk.org/en-US/Safety-Resources/Topics/Child-Protection.
*Las referencias bíblicas que dicen NTV pertenecen a La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.
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James Winegardner es pastor, abogado y presidente de Adventist Risk Management.



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