LA CABEZA EN LAS NUBES

02/04/2025

Soñar es mucho más que pensar en el cielo.

Le pregunté a la IA qué significa “tener la cabeza en las nubes”. Su respuesta fue: “Es una metáfora que implica soñar despierto y tener grandes aspiraciones”. ¿Quién no ha soñado alguna vez? Las nubes también están presentes en la historia bíblica y con bellos significados.

1-Las nubes y la dirección de Dios. Éxodo 13:21 y 22 dice: “Y el Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche”. Al respecto, Elena de White comenta: “Mientras las huestes egipcias se acercaban a ellos creyéndolos presa fácil, la columna de nube se levantó majestuosa hacia el cielo, pasó sobre los israelitas, y descendió entre ellos y los ejércitos egipcios. […] Pero, a medida que la oscuridad de la noche se espesaba, la muralla de nube se convirtió en una gran luz para los hebreos, inundando todo el campamento con un resplandor semejante a la luz del día” (Patriarcas y profetas, p. 290).

No hay ejércitos, ni desiertos, ni tiempos de incertidumbre que puedan impedirnos experimentar la presencia y la protección permanentes de Dios en nuestra vida.

2-Las nubes y las promesas de Dios. Génesis 9:13 sostiene: “Pongo mi arco iris en las nubes, que será la señal del pacto entre mí y la tierra”. Explicando este hecho, Elena de White amplía: “¡Cuán grandes fueron la condescendencia y la compasión que Dios manifestó hacia sus criaturas descarriadas al colocar el bello arco iris en las nubes como señal de su pacto con el hombre! […] Y lo había colocado en las nubes para asegurarles que las aguas no volverían jamás a inundar la Tierra. De esta manera, de generación en generación, el arco iris sería un testimonio del amor divino hacia el hombre, y fortalecería su confianza en Dios” (Patriarcas y profetas, p. 97).

El arco iris en las nubes da testimonio del amor y la fidelidad de Dios hacia nosotros.

3-Las nubes y el amor de Dios. Lucas 23:44 declara: “Toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora novena”. El oscurecimiento del cielo en la Crucifixión demuestra el dolor de la Creación, el juicio de Dios sobre el pecado, el costo elevadísimo de nuestra salvación y la profundidad del amor de Dios. Qué vívido se torna este episodio al leer a Elena de White: “El sol resplandecía; pero la cruz todavía estaba envuelta en tinieblas. Los sacerdotes y los príncipes miraban hacia Jerusalén; y he aquí, la nube densa se había asentado sobre la ciudad y las llanuras de Judea” (El Deseado de todas las gentes, p. 704).

Las nubes, aunque oscuras, nos recuerdan la redención que tenemos en Jesús.

4-Las nubes y la oración a Dios. Primero de Reyes 18:44 afirma: “A la séptima vez el criado dijo: ‘Veo una pequeña nube, como la palma de una mano, que sube del mar’. Elías le mandó: ‘Ve y di a Acab: “Unce y desciende, para que la lluvia no te ataje” ’ ”. Elías clamó a Dios por lluvia; siete veces envió a su siervo a buscar alguna evidencia. Solo la séptima vez vio una pequeña nube. En relación con esta historia, Elena de White escribe: “Esto bastaba. Elías no aguardó a que los cielos se ennegreciesen. En esa pequeña nube vio por fe una lluvia abundante y, de acuerdo con esa fe, obró. […] Elías era hombre de mucha fe; Dios pudo usarlo en esta grave crisis de la historia de Israel. […] Lo que él pudo hacer bajo el liderazgo de Dios, todos pueden hacerlo en su esfera de actividad mientras sirven a Dios” (Profetas y reyes, p. 115).

Necesitamos perseverar en la oración y esperar con fe la respuesta de Dios.

5-Las nubes y el regreso de Dios a esta Tierra. Apocalipsis 1:7 enuncia: “Miren que viene con las nubes; y todo ojo lo verá”. Las nubes anuncian el regreso de Cristo. Para algunos, será una señal de juicio; para otros, de salvación. Observen el maravilloso relato de Elena de White: “Juntos, todos entramos en la nube y durante siete días fuimos ascendiendo hasta el mar de vidrio, donde Jesús sacó las coronas y con su diestra las colocó sobre nuestras cabezas” (Primeros escritos, p. 47).

Las nubes son mensajeras de salvación, restauración y eternidad.

Visualiza esta imagen: “Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del Hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la Tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del Pacto. Jesús marcha al frente como un gran conquistador” (Elena de White, Eventos de los últimos días, p. 278).

¿Dónde está tu cabeza? ¿Dónde están tus pensamientos y tus prioridades? ¿Tienes gratitud y compromiso a Dios por las promesas de presencia, protección, fidelidad, esperanza, redención y restauración? Recuerda esta gran promesa: “Entonces verán al Hijo del hombre que viene en una nube con poder y grande majestad. Cuando estas cosas empiecen a suceder, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque su redención está cerca” (Luc. 21:27, 28). Mientras esperas el regreso de Jesús, mantén tu mente en Dios, orando con perseverancia hasta que la nube aparezca.

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